La Historia de Ligia Solano y "Mil Diseños"

De las maquilas en Tipitapa a Costa Rica: La Historia de Ligia Solano y «Mil Diseños»

Ligia Solano no se resignó a las maquilas de Nicaragua. Convirtió una crisis sanitaria en oportunidad y levantó su propio negocio de costura y diseño en Costa Rica

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Hay vidas que no se miden por los títulos colgados en una pared, sino por la tenacidad con la que se enfrenta a la adversidad. La historia de Ligia del Carmen Solano León es una de esas historias reales que desafían incluso el peor diagnóstico médico.

A sus 45 años, esta nicaragüense dirige Mil Diseños, una tienda de textiles que nació en el seno de su familia, y que ahora ocupa un espacio en una línea de tiendas, en el centro de San José, Costa Rica.

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Ligia del Carmen Solano León empezó como operaria de zona franca y hoy tiene su propia tienda Mil Diseños.
Ligia del Carmen Solano León empezó como operaria de zona franca y hoy tiene su propia tienda Mil Diseños. Foto: LA PRENSA

La escuela de la necesidad

Originaria de Tipitapa, Managua, Ligia creció en un hogar guiado por una madre soltera que sacó adelante a tres hijas. En ese entonces era común que adolescentes intentaran ayudar económicamente en sus hogares, es así como Ligia llegó con solo 17 años a la primera zona franca.

«Recuerdo que los encargados salían a buscar a los portones y decían: ‘¿Quién sabe hacer tal cosa?’ Y yo decía: ‘Yo’. Yo no sabía nada, ni siquiera sabía tocar una máquina. Pero por la necesidad del trabajo yo decía ‘yo'», relató a LA PRENSA. En ese mismo entonces intentó culminar sus estudios de secundaria.

«Intenté trabajar de día y estudiar la secundaria de noche, pero la jornada laboral me dejaba cansada. A veces solo me iba a dormir o no captaba bien las clases. Me costaba el doble».

Solano León decidió dejar las aulas, pero guardó una astucia que más adelante se convertiría en su mejor herramienta de supervivencia. Sin saber operar una máquina industrial, se ofrecía voluntaria cada vez que los supervisores buscaban personal en los portones.

Mientras le hacían las pruebas, observaba de reojo y usaba sus minutos libres para aprender a pegar mangas o juntar hombros. Aquella joven no solo aprendió el oficio; descubrió una vocación.

«En la zona franca cuando uno entra, si solo sabe unir hombros, toda la vida se queda uniendo hombros; si uno sabe pegar manga, toda la vida pega manga. Yo no sabía, pero yo quería trabajar… Entonces, ¿qué hacía? Desde que entraba me iba fijando cómo lo hacían para poder pasar la prueba. Y a las horas del almuerzo, almorzaba rápido y me iba a que alguien me enseñara para aprender más», narra Ligia.

El milagro

Tras quedar embarazada de su primer hijo a los 19 años, Ligia Solano atravesó un embarazo de alto riesgo que desencadenó su despido de la maquila. Al acudir a organizaciónes de derechos laborales para defender su periodo de maternidad, fue incluida en la lista negra que las empresas del sector compartían para no contratar a trabajadoras que reclamaran sus derechos.

«Desde que supieron que yo estaba embarazada, buscaron cómo sacarme, pero no se los hice fácil, en ese entonces existía la organizacion Luisa Amanda Espinoza, que defendía derechos laborales de mujeres y con el apoyo de ellas me tuvieron que reintegrar, después del parto me corrieron», recuerda Solano.

Sin empleo y con un recién nacido, su salud colapsó. Una grave úlcera estomacal la llevó de urgencia al hospital de Masaya, donde los médicos le dieron tres meses de vida.

Desahuciada, en una sala donde veía partir a enfermos terminales todos los días, tomó la decisión de volver a su casa para morir rodeada de los suyos.

«Me tenían en un cuarto donde solo estaban los que se morían; a cada ratito miraba que cerraban la cortina y sacaban un cadáver. Entonces dije: ‘No, hombre, yo no quiero morir aquí, yo me voy a morir a mi casa’. Mi mamá me llevó a la casa y una congregación religiosa llegó a orar por mí. Al día siguiente desperté planita de mi estómago, sin dolor. Ahí me di cuenta de que había sido un milagro», relata Ligia.

Ligia Solano también se une a su equipo para coser prendas de vestir
Ligia Solano también se une a su equipo para coser prendas de vestir: «La mayor parte del tiempo me van a encontrar trabajando», asegura. Foto: LA PRENSA

Migrar con el corazón dividido

Años más tarde, ante la falta de oportunidades duraderas en Nicaragua, Ligia y su esposo tomaron la difícil decisión de emprender el viaje hacia Costa Rica. Atrás quedaron temporalmente sus dos hijos bajo el cuidado de su abuela.

Los primeros tiempos en suelo costarricense fueron duros. Enfrentaron jornadas a pie buscando empleo, falta de dinero para el transporte, trabajos informales mal pagados y la frialdad de la distancia familiar en una época donde las videollamadas no existían.

Ligia laboró un tiempo en el servicio doméstico y luego en talleres textiles. En cada lugar al que iba, guardaba un centavo para su verdadero objetivo: comprar sus propias máquinas de coser.

La pandemia fue una oportunidad

Para muchos, el año 2020 significó la quiebra de pequeños negocios. Para Ligia, fue el nacimiento de su negocio. Encerrada en casa junto a sus hermanas al inicio de la crisis sanitaria del Covid-19, decidió comprar tela y confeccionar mascarillas de protección.

Junto a su familia, salió a ofrecer el producto directamente a los vendedores ambulantes del centro de San José. Lograron establecer una red de distribución directa que les permitió no solo subsistir durante los dos años de emergencia sanitaria, sino también capitalizar su trabajo.

«Los dos años de Covid de eso vivimos. El Covid fue nuestro inicio y gracias a Dios, nadie se enfermó», comenta.

Finalizada la pandemia, la idea de un negocio propio tomó forma definitiva cuando comenzó a confeccionar blusas y tops personalizados para su hija, quien los publicaba en redes sociales. Las prendas se vendían al instante y los encargos empezaron a multiplicarse de forma orgánica.

«Para mí las personas nicaragüenses son una parte importante de mis clientes, mi gente me apoya mucho. Todo lo que he logrado lo he logrado porque yo me he lanzado al agua… Siempre aventarme, siempre decir ‘sí, yo puedo'», explica a LA PRENSA.

El presente de «Mil Diseños»

Lo que comenzó en la mesa de su casa, hoy es un establecimiento formal ubicado en la zona central de San José, contiguo a Mundo de Telas.

Mil Diseños se ha posicionado gracias a un modelo de confección personalizada: sus clientes eligen la prenda, el color y la talla, y el equipo de Ligia transforma la tela en ropa a la medida.

Tienda Mil Diseños está ubicada en el centro de San José, Costa Rica
Tienda Mil Diseños está ubicada en el centro de San José, Costa Rica. Foto: LA PRENSA

A sus 45 años, la empresaria nicaragüense mira hacia atrás con la satisfacción de quien ha sabido sobreponerse a cada barrera. Reconoce que Costa Rica le abrió las puertas, pero enfatiza que la verdadera clave ha sido la perseverancia.

«Si uno sabe tener la inteligencia de cómo aprovechar las oportunidades, sí se puede. Es solo tener disciplina y no echarse para atrás aunque cueste demasiado».

Ligia del Carmen Solano León no olvida de dónde viene. Sabe que aquella joven que mentía en los portones de la zona franca para conseguir una prueba de trabajo es la misma que hoy sueña con expandir su tienda a un local mucho más grande. Al final, la costura no solo le dio el sustento: le dio la oportunidad de diseñar su propio destino.

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«Estoy agradecida con las zonas francas porque gracias a ellas yo pude ver que a mí me gustaba la costura. Si yo nunca hubiera ido a una zona franca, nunca hubiera tocado una máquina. Ahí fue donde pude descubrir que mi pasión era la costura», concluye.

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