Pablo López

El venezolano Pablo López, trabaja en su rehabilitación para volver al box.

Pablo López, el intelectual del beisbol y políglota que lanza en las Grandes Ligas

López es considerado una de las mentes más brillantes del beisbol, un hombre culto, que espera ir a la universidad al concluir su carrera

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Cuando pregunto por Pablo López en el clubhouse de los Mellizos de Minnesota, el jugador a quien le consulto gira sobre su silla y grita: ¿alguien ha visto a Google? Desde el otro extremo del vestuario responden que está en terapia. Antes le decían Wikipedia, pero Sandy Alcántara se lo cambió a Google porque tiene respuestas para todo.

Pablo López es un lanzador derecho venezolano nacido hace 30 años en Cabimas, Estado Zulia. Y aunque en su carrera de ocho temporadas como big leaguer ha tenido que someterse a dos cirugías Tommy John y ha ido una decena de veces a la lista de lesionados, ha tenido tiempo para ganar 59 juegos, acumular 965 innings con 994 ponches y 3.81 en efectividad.

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López también ha ido a un Juego de Estrellas; tiene el récord de ponchar a los primeros nueve bateadores que enfrentó en una apertura (11 de julio de 2021 contra Atlanta) y en 2023 le puso fin a una hilera de 18 partidos que tenían los Mellizos sin ganar en postemporada cuando venció a los Azulejos de Toronto en el juego de comodines.

Pero sobre todo, López es un ser humano singular. Es reconocido por estudiar a profundidad la mecánica del pitcheo, la biomecánica, la nutrición y el análisis de los datos. Es un estudioso del juego y de la vida. Y por esa combinación de inteligencia, preparación y capacidad para explicar las cosas, es considerado un intelectual del beisbol.

La clave es la curiosidad

“La clave es la curiosidad. Tener el deseo de averiguar el porqué de las cosas”, señala Pablo, hijo de dos médicos, con hermanos profesionales y graduado de la secundaria con honores. Aceptado en la escuela de medicina y dominando cuatro idiomas. Igual puede hablar de historia universal, de psicología, de cine o de religión. Hace poco dio una entrevista sobre drones.

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Soy de Nicaragua, le digo a modo de presentación…

Qué bueno tener la oportunidad de dirigirme a ese bonito país, con una vasta cultura y muchas tradiciones. Aún no he tenido el privilegio de visitarlo, pero conozco de sus ciudades, como por ejemplo Managua, Matagalpa o León a través de la lectura y la interacción que he tenido con nicaragüenses como Erasmo Ramírez, Kevin Gadea y Héctor Hidalgo.

¿Cómo nace ese deseo de aprender?

Yo diría más bien que lo que me impulsa no es el deseo de aprender más, sino el deseo de ignorar menos. En la medida en que profundizas en el conocimiento, te das cuenta de que es mucho más lo que tienes que aprender que lo que ya sabes. Es esencial el ambiente en el que te desarrollas, el sistema de apoyo del cual dispones y la curiosidad que te mueve a descubrir.

Regresará a la universidad

¿Fue difícil renunciar a la medicina?

Mis papás eran médicos y de niño acompañé a mi papá al hospital muchas veces con el deseo de seguir sus pasos, pero de él también heredé la pasión por el beisbol. Sin embargo, a los 16 años tuvimos una conversión que me hizo decidirme por el beisbol porque avanzando de categorías yo seguía siendo bueno. Además, el cuerpo a medida que uno envejece, se debilita. La mente, en cambio, se fortalece. El beisbol es una oportunidad única. Ese era mi razonamiento. Siempre podría volver a la universidad, pero como sé a lo que estaba renunciando, he tratado de ser el mejor jugador que puedo.

¿Y volverás a la universidad?

Sí, una vez que concluya mi carrera, que espero no sea muy pronto, espero volver a la universidad y obtener un título, tal vez no de medicina porque eso implica muchos años de estudio, pero sí lo haré en otra carrera. Aún estoy analizando opciones, pero no me he decidido; mientras tanto, mi mente está enfocada en mi recuperación tras mi cirugía para volver a lanzar.

Las lesiones han estado muy presentes en tu carrera, ¿no?

Así es, pero es algo de lo cual también podemos aprender. Yo lo veo como parte del proceso para hacerte mejor. Detrás de cada lesión siempre hay una lección que, si se analiza a conciencia y a profundidad, puede hacerte mucho beneficio para el futuro. Son etapas que nos toca vivir y que, en dependencia de nuestra actitud, podemos sacarles provecho.

“Nos toca adaptarnos o nos vamos”

¿Te gusta cómo se está jugando el beisbol?

El juego ha evolucionado mucho. Habrá cosas que nos gustan y otras no, pero como muchas de ellas no las podemos controlar, nos toca adaptarnos. Nos corresponde estudiar más, prepararnos mejor y tener la actitud correcta. Si no lo hacemos, el mismo juego nos va a sacar. No debemos olvidar que detrás hay jóvenes que desean estar aquí y tienen mente abierta para los cambios.

¿Cómo es eso de los ajustes que hacen en el juego?

Por ejemplo, subo al box con un plan que hemos elaborado con mis coaches y mi catcher. Y trato de ponerlo en práctica, atendiendo a las secuencias de los pitcheos, los ángulos en los que son soltados, el spin rate y la reacción de los bateadores ante el patrón que pongo en práctica, pero a veces el mismo juego te obliga a hacer variantes, ajustes y es ahí donde debes tener la flexibilidad para aplicar las modificaciones que son claves para el éxito o el fracaso.

¿Dónde aprendiste cuatro idiomas?

Estudié en un colegio donde había la posibilidad de aprender idiomas y muy pronto aprendí inglés y también italiano. Estudié portugués y, aunque no lo tenía al nivel de los otros tres, haber tenido compañeros de equipo brasileños me dio la oportunidad de practicarlo más y me puedo comunicar bien, aunque no con la fluidez con la que lo hago en español o inglés, un idioma que me ha sido de mucha utilidad en mi carrera.

Entonces, ¿jugaste con nicas?

Sí, recuerdo con mucho cariño y respeto a Erasmo Ramírez, quien siempre fue un ejemplo para todos nosotros por su talento, ética de trabajo, disciplina y compromiso. No pudimos jugar en los Marineros a nivel de Grandes Ligas, pero lo hicimos en Minnesota el año pasado y fue un honor para mí. Lo mismo que con Kevin Gadea y Héctor Hidalgo, a quienes recuerdo con afecto.

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