El legado de la Revolución

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Este martes 14 de julio se celebra el 237 aniversario de la Revolución Francesa, que es por eso el día de la Fiesta Nacional de Francia.

Apenas 10 días antes, el sábado 4 de julio, se celebró el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Americana. El proceso revolucionario de las 13 colonias británicas en Norteamérica que produjo la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

Ambas revoluciones, la de Estados Unidos primero y la de Francia después, cambiaron el curso histórico nacional de esos dos países, pero también el de la historia universal. Y su legado sigue influyendo hasta en la vida de muchos países y en el ámbito de las relaciones internacionales.

En este mes también se conmemoran en Nicaragua los aniversarios de las dos revoluciones domésticas, la liberal, del 11 de julio de 1893 y la sandinista de 1979, el próximo 19 de julio. Tanto para bien como para mal, esas dos revoluciones marcaron profundamente a la sociedad nicaragüense y la historia nacional.

En general todas las revoluciones son iguales en cuanto a que significan un cambio radical y profundo en las estructuras de poder político, modo de producción y relaciones sociales, culturales y tecnológicas de una sociedad. En cualquier lugar donde se produce, la revolución es una ruptura total del orden social, económico y político hasta entonces establecido. Le da un nuevo rumbo a la historia del país donde se produce el cambio revolucionario y, en algunos casos, como las revoluciones americana y francesa, trascienden internacionalmente y motivan la realización de otras revoluciones iguales o parecidas en otras partes del mundo.

Sin embargo, el legado de cada revolución es diferente. La Revolución Americana, por ejemplo, dejó como legado la primera república democrática que se estableció en el mundo, en la época moderna, la cual sirvió de modelo de todas las repúblicas que se establecieron después en las demás partes del continente americano y otras partes del mundo.

La Revolución Francesa, por su parte, dejó como legado ante todo la Declaración de los Derechos del Hombre con los valores fundamentales de libertad, igualdad ante la ley y soberanía popular. La que sirvió de base para la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948 y adoptada por todos los Estados del mundo. Derechos fundamentales que en algunos países no son respetados por regímenes dictatoriales que llegan al extremo de cometer atroces crímenes de lesa humanidad contra su propia gente. Como es el caso de la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.

Y en cuanto a las revoluciones nicaragüenses, la liberal de 1893 y la sandinista de 1979, ¿de qué legado se puede hablar?

De la Revolución Liberal, los historiadores reconocen como legado haber establecido el Estado laico y la libertad de culto, aprobar una Constitución democrática que promovió un marco jurídico moderno, reconoció la igualdad ciudadana e impulsó los derechos civiles. Y promovió la modernización de la economía nacional y de las infraestructuras.

Pero la Revolución Liberal también dejó el legado funesto de haber creado la primera dictadura de la época moderna en Nicaragua, cuyo caudillo, José Santos Zelaya, violó su propia Constitución democrática para atornillarse en el poder.

Por su parte, la Revolución Sandinista dignificó en el discurso a la gente humilde de Nicaragua, impulsó una reforma agraria y realizó una campaña nacional de alfabetización que redujo el analfabetismo del 50.3 por ciento al 12.9 por ciento, esto según las cifras oficiales y hasta donde puedan ser creíbles.

Sin embargo, esas transformaciones sociales fueron desvirtuadas por el mismo Frente Sandinista, que las manipuló para tratar de imponer un modelo de economía y sociedad socialista-marxista, para ideologizar a la población y convertir al país en una base para la exportación de la revolución de tipo cubano a los demás países centroamericanos.

Los sandinistas realizaron elecciones libres en 1990, pero no por voluntad democrática sino obligados por la guerra civil, el desastre económico que causaron con sus políticas estatistas socializantes y la presión de la comunidad democrática internacional.

En cualquier caso, el principal legado de la Revolución Sandinista es la nefasta dictadura que se reinstauró en 2007, la que en su deriva totalitaria arrasó con la institucionalidad democrática creada en los años 90 y para sostenerse en el poder ha cometido incluso atroces crímenes de lesa humanidad.

Un legado histórico tan vergonzoso que no lo hubo nunca antes en Nicaragua. Y es muy improbable que en el futuro lo vuelva a haber.

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