Un cauce hacia la democracia: el libro que la dictadura renovó (I)

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Un libro escrito contra la ausencia.

El libro Un cauce hacia la democracia, de Pedro Joaquín Chamorro Barrios, es un azote moral contra toda forma de dictadura. No es solamente una recopilación de artículos políticos ni un testimonio perdido entre los papeles de una época. Es una obra pensada para señalar los derroteros de una república soñada, pero nunca alcanzada; una república que quiso salir de la opresión y, sin embargo, volvió a extraviar su cauce. Sus páginas no nacen de la comodidad del espectador, sino de la responsabilidad del ciudadano que entiende que callar ante la deriva autoritaria también es una forma de complicidad.

Pedro Joaquín no escribe para mirar pasar la historia, sino para intervenir en ella. Hay una sentencia que resume con dureza esa enfermedad de la vida pública: “El poder de los hombres malos reside en la cobardía de los buenos”. En la antesala del infierno, Dante colocó a los hombres que no eligieron ni el bien ni el mal. No fueron fieles a Dios ni al demonio; no se comprometieron con ninguna causa; no tomaron partido cuando la historia les exigía presencia. Cuando Dante pregunta por ellos, Virgilio le responde con una de las frases más severas de la literatura universal: “No hablemos de ellos; mira y pasa”.

Desde esa perspectiva, la historia de Nicaragua podría leerse también como una lucha entre los ausentes y los que comparecen. Entre quienes se esconden detrás de la prudencia y quienes aceptan el peso de intervenir. La familia Chamorro pertenece, con todas sus complejidades, a esta segunda tradición: no ha sido una familia ausente. Ha elegido estar en la historia, participar en ella, padecerla, escribirla, gobernarla, denunciarla y pagar sus costos.

Pero Un cauce hacia la democracia tiene, además, una historia material que aumenta su valor. No fue una obra que circulara tranquilamente por librerías, bibliotecas y aulas. Fue publicado en 1983, cuando la censura ya pesaba sobre la prensa nicaragüense y cuando mover ciertas ideas podía implicar riesgos. Su circulación fue limitada, casi íntima: familia, amigos, algunos lectores cercanos. La edición entera, de cinco mil ejemplares, terminó perdiéndose. Así, un libro escrito para darle cauce democrático a una revolución quedó él mismo atrapado en las aguas oscuras de la censura, la pérdida y el silencio.

Hay libros que desaparecen porque no tuvieron nada que decir. Otros desaparecen precisamente porque dijeron demasiado pronto lo que el poder no quería escuchar. Un cauce hacia la democracia pertenece a esta segunda clase. Fue un libro temprano, incómodo, escrito desde dentro de una época que todavía estaba aprendiendo a llamarse revolución, pero que ya empezaba a mostrar señales de dogma, obediencia y persecución. Por eso su rescate posterior tiene algo de justicia histórica.

Años después, Pedro Joaquín Chamorro Barrios llevó un ejemplar a don Enrique Bolaños para que lo digitalizara y lo subiera a su biblioteca virtual. Ese gesto le dio una segunda vida al libro. Lo que había quedado reducido a una circulación casi secreta volvió a estar disponible para los lectores. La historia, que primero lo empujó hacia la sombra, terminó devolviéndolo a la luz por otro camino. Ese solo dato bastaría para entender que estamos ante algo más que una recopilación de artículos. Estamos ante un documento que sobrevivió a la desaparición física de su edición, a la censura de su tiempo y al olvido posterior. Su presencia digital no es un simple accidente tecnológico: es una forma de resurrección civil.

El libro volvió porque sus advertencias no habían terminado de cumplirse. Volvió porque Nicaragua, desgraciadamente, siguió necesitando leerlo. Por eso el valor de Un cauce hacia la democracia no está únicamente en sus ideas, sino también en su destino. Nació en un tiempo de vigilancia, casi desapareció como objeto físico, sobrevivió en la memoria de unos pocos y regresó cuando la historia le había dado más razón de la que nadie hubiera querido.

Hay libros que envejecen al perder su contexto. Este hizo lo contrario: ganó gravedad con los años. La neutralidad cómoda siempre encuentra excusas para no intervenir. A veces se disfraza de prudencia; otras, de cansancio; otras, de falso equilibrio. Pero hay momentos en que callar no es moderación, sino renuncia. Hay épocas en que la historia exige presencia, palabra y responsabilidad.

Pedro Joaquín Chamorro Barrios entendió eso temprano. Por eso su libro no nació para adornar una biblioteca, sino para comparecer ante la conciencia democrática de Nicaragua.

El autor es escritor exiliado en España.
(Este artículo es el primero de tres partes).

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