Alan Riding y los verdaderos traidores de Nicaragua

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Un poco tarde supimos de la muerte de Alan Riding, el famoso periodista y escritor brasileño y británico que se vinculó estrechamente a Nicaragua al cubrir para The New York Times la insurrección contra el somocismo y el triunfo de la Revolución Sandinista. Pero, aunque sea con un poco de demora, no podemos dejar de escribir sobre él.

Riding falleció en París, víctima de un cáncer, a los 82 años, poco antes de que se cumpliera el 47 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista que despertó en él grandes esperanzas, lo mismo que en muchas personas de buena voluntad en Nicaragua y el mundo entero.

Al informar sobre la muerte de Riding, diversos medios internacionales mencionaron que era muy reconocido “por haber reportado de primera mano desde Managua los eventos clave de la Revolución Sandinista en 1979 y los conflictos civiles en la región. Sus detallados despachos y análisis en el diario estadounidense —aseguran— ofrecieron una mirada profunda a las dinámicas sociopolíticas de Nicaragua durante aquella época”.

En sus reportes para The New York Times, Riding opinaba que la Revolución Sandinista venía a romper “el molde tradicional de los regímenes comunistas totalitarios”; que representaba “la esperanza de una revolución socialista democrática alejada de la influencia soviética estricta”.

Pero el experimentado y agudo periodista brasileño-británico estaba desinformado. Fue deslumbrado por la presencia en las filas revolucionarias de empresarios respetables, sacerdotes católicos, gente democrática de las capas medias y reconocidos intelectuales progresistas, y por las consignas engañosas de los comandantes sandinistas sobre pluralismo político, economía mixta y política exterior de no alineamiento. Riding desconocía —porque no podía conocerlos— los acuerdos secretos de la alta dirigencia revolucionaria (de las tres tendencias del FSLN) con los regímenes de Cuba, la Unión Soviética y demás Estados comunistas, para expandir la revolución en Centroamérica. Y sobre todo para construir en Nicaragua el socialismo marxista-leninista de acuerdo en lo fundamental con el modelo cubano.

Pero Riding era un periodista y escritor honesto. De manera que al pasar el tiempo y ver los hechos de la Revolución Sandinista y las actitudes de los comandantes revolucionarios de Nicaragua, se decepcionó. Y posteriormente reconoció el grave error que cometió más bien por ingenuidad política y expresó públicamente su mea culpa. O sea que admitió su responsabilidad personal por el grave error de justificar a la revolución y ofreció o pidió disculpas a sus lectores.

En particular, Riding expresó su mea culpa por su defensa de la Revolución Sandinista, en una obra teatral titulada Traidor(es), que el periódico El País de España valoró como “un drama de reclusión solitaria que se desarrolla casi íntegramente en una celda, en la que aborda el desencanto político a través de un viejo líder revolucionario que es encarcelado y cuestionado por sus antiguos camaradas”. Y agregó el periódico español que el texto de la mencionada obra de Riding “sirve como una reflexión profunda sobre cómo los movimientos revolucionarios terminan traicionando sus propios ideales cuando el poder se vuelve su único fin”.

Eso, precisamente, lo reconoció con descaro el extinto comandante de la Revolución Sandinista, Tomás Borge Martínez, al declarar: «Yo le decía a Daniel Ortega: podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos hacer es perder el poder, y para eso hagamos lo que tengamos que hacer”. Sí, como las atrocidades que cometieron en 2018 y todo lo que siguen haciendo hasta ahora.

Seguramente que no fue por casualidad que Alan Riding escribiera Traidor(es) en 2019, después de la matanza perpetrada en 2018 por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, de centenares de personas nicaragüenses que reclamaban libertad, justicia y democracia.

A Riding lo debe de haber impactado duramente la sangrienta represión de un régimen que se llama sandinista, socialista y cristiano, la que ha alcanzado incluso a antiguos sandinistas otrora consagrados como “héroes de la Revolución”, pero que ahora son calificados como “traidores”, igual que los activistas democráticos. Y en su obra escrita en 2019 Riding puso en claro quiénes son los verdaderos traidores.

De manera que seguramente Alan Riding murió con su conciencia en paz. Y por su honestidad para reconocer el grave error que cometió al justificar intelectualmente a la Revolución Sandinista, su memoria merece el respeto de todos los nicaragüenses que luchan de manera explícita o callada contra la nueva dictadura sandinista, y por la libertad y una nueva transición democrática.

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