El error de doña Laura

Asumimos que ha sido un error político de doña Laura Fernández, presidenta de Costa Rica, su declaración de que los nicaragüenses “tienen el gobierno que han elegido tener”.

Lo decimos porque no puede ser que ella ignore la realidad nicaragüense. No puede desconocer que en Nicaragua hay una dictadura criminal; y que incluso un organismo autorizado de las Naciones Unidas ha denunciado al régimen de Nicaragua por imponer el terrorismo de Estado y cometer horrendos crímenes de lesa humanidad contra su propio pueblo.

En respaldo de su insólita afirmación, la presidenta Fernández argumentó que por su estabilidad económica Nicaragua es muy diferente a Cuba y Venezuela. Y aseguró que Costa Rica tiene una relación cordial con Nicaragua y que con su gobierno “seguirá siendo así”.

Es tan insólita la afirmación de la presidenta Fernández de que los nicaragüenses tienen el gobierno que han elegido tener, que los expresidentes de Costa Rica —que invariablemente han condenado a la dictadura de Nicaragua y son activamente solidarios con los nicaragüenses que sufren sus consecuencias—, la han repudiado incluso en términos fuertes.

Tal ha sido el caso de la expresidenta Laura Chinchilla, quien públicamente pidió disculpas a “los hermanos nicaragüenses, ante las atroces declaraciones de la presidenta de mi país». Mientras que el expresidente Luis Guillermo Solís aseguró que semejante declaración de la presidenta Fernández sobre Nicaragua “deja muy en entredicho los principios y valores que han inspirado históricamente la política internacional de Costa Rica”.

Hay que decir que hasta cierto punto la controversial declaración de la presidenta de Costa Rica sobre Nicaragua no ha sido del todo una sorpresa. Ya su antecesor en el cargo presidencial, Rodrigo Chaves Robles, quien no solo es del mismo partido de doña Laura sino también su mentor político, mantuvo una política exterior hacia Nicaragua indulgente con la dictadura de los Ortega y Murillo. Una posición que Chaves explicó —o trató de justificar— asegurando que Costa Rica tiene que llevarse bien con su vecino, porque además de compartir frontera hay entre los dos países una interdependencia comercial, además de que son socios en el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con República Dominicana y Estados Unidos (EE. UU.).

Sin embargo, el expresidente Chaves no fue tan “generoso” con la dictadura de Nicaragua, como lo ha sido ahora su sucesora en el mando presidencial. Y como no es posible —o al menos resulta muy difícil creer— que doña Laura Fernández tenga alguna afinidad con los dictadores nicaragüenses, puesto que ella es una persona solventemente democrática, asumimos que fue un error político de gobernante novata decir que “los nicaragüenses tienen el gobierno que han elegido tener”.

Se sabe muy bien que errar es de humanos, pero se supone que una persona gobernante tiene que ser prudente y no cometer errores garrafales. Y no solo en sus actos de gobierno, que afectan a toda la población que representa, sino también en cuanto a sus palabras y declaraciones públicas.

Ante todo, una persona que se dedica a la política y en particular la que ejerce funciones de gobierno, tiene la obligación de actuar con prudencia. No se puede ser un buen político, y menos si es gobernante, pero actuar y hablar de manera imprudente.
“La prudencia política —ha escrito el escritor mexicano máster en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, Javier Treviño— es una forma de sabiduría práctica que exige la capacidad de tomar decisiones morales y razonables (y de hacer declaraciones públicas) basadas en una profunda comprensión de las circunstancias particulares de una situación”.

La presidenta de Costa Rica, doña Laura Fernández, tiene que saber eso y actuar en consecuencia. O sea, rectificar el error y reconocer que no es cierto que los nicaragüenses tienen el gobierno que han elegido tener. Como demócrata que es doña Laura Fernández esa aclaración la enaltecería. Y para hacerla no necesita poner en riesgo las buenas relaciones con el país vecino y socio.

Como enseñó el eximio poeta clásico inglés Alexander Pope (1688-1744): “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”.

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