Discapacitados son el Estado, sus miembros y sus fans, literal

Un personaje, parásito del Estado, al que evidentemente le molestaba que estuviera —casualmente— registrando una situación peculiar, pretendió insultarme gritándome “mogólico” que, en un lunfardo poco agraciado, hace referencia a las personas con síndrome de Down. Y no es el único que suele tener este tipo de actitudes, entonces me pareció importante darles una respuesta seria.

Encontré un informe que afirma que más de 1,300 millones de personas, cerca del 16 por ciento de la población global, tienen algún tipo de “discapacidad” y un 80 por ciento vive en países en desarrollo y tienen mayor probabilidad de experimentar pobreza, desempleo y exclusión social.

A ver, lo cierto es que los países más pobres son los menos libres, es decir, donde el Estado coacciona más a la sociedad, así lo muestran todos los índices que existen al respecto. Ergo, donde hay más coacción estatal sobre la sociedad, hay más “discapacitados”.

Después de analizar el tema coincido con esta afirmación, pero a la inversa, es decir, los discapacitados ya sea intelectuales, morales o ambas a la vez son los políticos, burócratas y fans del Estado que se rasgan las vestiduras —inmoralmente— asegurando que aumentarán las “ayudas” a los “discapacitados” cuando son ellos los que crean el problema.

En el actual “esquema social” donde el Estado utiliza su monopolio de la violencia para imponer “orden” y “leyes”, obviamente lo que vale es la fuerza y, entonces, los que son físicamente más fuertes —por el propio cuerpo o por el dinero que manejan— tienen más posibilidades de “triunfar”.

Por ejemplificarlo de manera muy evidente, si una persona se mueve en silla de ruedas difícilmente pueda ser policía (para imponer “orden”). Pongo este ejemplo porque es muy evidente, pero esto se traslada a toda actividad. Cuando la sociedad se “organiza” en base a la violencia, que es inmoral y destructiva en todos los casos según dice la ciencia, la fortaleza física es un diferencial importante que deja más relegados a los más débiles.

Esto también ocurre desde el punto de vista intelectual. Efectivamente, el Estado impone “títulos” primarios, secundarios, universitarios, etc. para poder avanzar en la vida profesional e incluso ejercer muchas profesiones y actividades. Ahora, al mismo tiempo, impone “planes de estudio” —que sirven a sus intereses políticos— completamente diseñados para el estudiante medio —considerado “normal”— con lo que, aquellos que no son “normales”, no consiguen aprobar esos estudios.

Luego algunos se deprimen y suelen ser medicados —prácticamente intoxicados— cuando lo único que necesitarían es que sean tratados como normales. Porque son personas como cualquier otra dentro de una sociedad natural —sin coacción violenta que imponga “orden”— e incluso llegan a ser mejores a raíz de que se esfuerzan más por aquello que más les cuesta y suelen ser superiores servidores.

Y en un mercado natural (insisto, sin las imposiciones violentas, coactivas estatales) progresa más el que mejor sirve a la sociedad. Remarco, en un mercado natural el currículo más importante es la vocación de servicio, ya que se gana dinero sirviendo mejor al cliente.

Así, muchas “leyes” impiden que los “discapacitados” se desarrollen naturalmente. Por caso, la “ley del salario mínimo” lo que logra es prohibir que trabajen los más pobres, los más necesitados, ya que muchos empresarios no los contratarán con mayores salarios para no perder rentabilidad.

Corolario: los políticos y burócratas, en su afán egocéntrico de poder al punto de coaccionar contra natura a los ciudadanos, están creando una selva social discriminatoria que complica y hasta destruye la vida de las personas con menor capacidad de ejercer fuerza física o que no responden a su “cultura” —adoctrinamiento, en rigor— y que no se asocian en sus turbios negocios.

El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En X @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

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