Sube el costo de apoyar a la dictadura

A medida que pasan los días y la dictadura envejece, su paranoia crece y al costo de oponerse a ella se suma también el costo de apoyarla debido a su creciente aislamiento internacional y la aplicación de sanciones a los que han apoyado su régimen criminal; pero también pagan el costo algunos políticos que un día le sirvieron con abnegada lealtad.

Ser un servidor público en Nicaragua conlleva de entrada la pérdida de la libertad, no solo del derecho de todo ciudadano a la crítica, sino de tener que participar obligatoriamente en actos de apoyo al Gobierno y ahora se les descuenta del salario que reciben una cuota “voluntaria de apoyo al partido” que varía en dependencia del nivel salarial.

Quizás los ejemplos más connotados de quienes han caído en desgracia en el afán desmedido de la dictadura de asegurar lealtades absolutas, particularmente de parte de Murillo, han sido el general en retiro Alvaro Baltodano, Néstor Moncada Lau, Bayardo Arce, Francisco López y otros como Carlos Fonseca Terán, hijo del fundador del FSLN Carlos Fonseca Amador.

Pero también han sido purgados cuando ya no le sirven a su estrategia política periodistas plumíferos del régimen que otrora lo defendieron a capa y espada como William Grigsby, Alberto Mora y más recientemente Moisés Absalón Pastora.

Hay algunos políticos que han pactado con la dictadura manteniendo un nivel de independencia basado en sus liderazgos regionales; pero tampoco esos pactos les duraron toda la vida y fueron apresados como el ex asesor presidencial para Asuntos Indígenas, Stedman Fagot Muller, preso en calidad de desaparecido desde el 14 de septiembre de 2024.

Es también el caso del exdiputado de Yatama, Brooklyn Rivera Bryan (q.e.p.d.) preso en calidad de desaparecido desde el 29 de septiembre de 2023, cuya muerte bajo custodia ha despertado una ola de indignación a nivel nacional e internacional y en consecuencia el Departamento de Estado de los Estados Unidos canceló recientemente la visa a 100 funcionarios de la dictadura.

Los que apoyan el régimen dinástico Murillo-Ortega ya deben de estar conscientes que es una apuesta de sobrevivencia de alto riesgo: si no es porque de previo pierden su libertad de conciencia, que es el tesoro más preciado del ser humano, la pueden perder físicamente ya sea cuando la codictadora sospeche que no le son absolutamente leales a ella únicamente, o cuando brille por fin la justicia en Nicaragua, un día que más temprano que tarde, llegará.

Los opositores pagamos con gusto las privaciones del exilio porque tenemos libertad de expresión y algún día recuperaremos nuestra patria que hoy transita por días oscuros, pero que al fondo del túnel se percibe la luz del cambio, porque nada es eterno.

Son tres cercos los que se están estrechando sobre la dictadura: el primer cerco es el auto impuesto por la paranoia y el afán de control absoluto que lleva a la conclusión lógica y el temor permanente de quienes la apoyan “de que ya nadie está a salvo”.

El segundo cerco es el cerco internacional que también han construido a base de sus errores pasados y presentes de la dictadura, veremos el ejemplo más reciente en la próxima reunión de cancilleres de la OEA a realizarse en ciudad Panamá del 22 al 24 de este mes de junio.

El tercer cerco, que es necesario y tarea pendiente, es la unidad nacional opositora sin exclusiones, la que debe estar basada en el respeto mutuo, unidad en la acción. Es decir, en la necesidad imperiosa de enfocar todas nuestras energías en derrotar la dictadura, para luego poder construir una nueva república democrática y pluralista.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.

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