Una mujer ondea una bandera iraní frente a un cartel antiestadounidense que hace referencia al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al Estrecho de Ormuz en la Plaza Valiasr de Tehran, el 5 de mayo de 2026. El principal negociador de Irán en las conversaciones con Estados Unidos advirtió el 5 de mayo que su país “ni siquiera ha comenzado” en su enfrentamiento por el Estrecho de Ormuz. (Foto de AFP)

Una mujer ondea una bandera iraní frente a un cartel antiestadounidense que hace referencia al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al Estrecho de Ormuz en la Plaza Valiasr de Tehran, el 5 de mayo de 2026. (Foto de AFP)

Trump cancela viaje para ir a la boda de su hijo y evalúa lanzar nuevos ataques contra Irán

"Es importante que permanezca en Washington, en la Casa Blanca, durante este período tan importante", escribió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump en Truth Social.

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Estados Unidos evalúa lanzar nuevos ataques militares contra Irán, informaron este viernes medios estadounidenses, en medio de negociaciones en curso y de una aparente frustración mayor del presidente Donald Trump con Teherán.

Los reportes, de CBS y Axios, se conocen pocas horas después de que Trump dijera que no asistirá a la boda de su hijo mayor este fin de semana en las Bahamas a causa de lo que describió como «circunstancias relacionadas con el gobierno». 

«Es importante que permanezca en Washington, en la Casa Blanca, durante este período tan importante», escribió en Truth Social.

Tanto Axios como CBS señalaron que aún no se ha tomado una decisión final sobre nuevos ataques.

Puede leer: Irán da un ultimátum a EE. UU. para que acepte su contrapropuesta de paz

Negociaciones entre Estados Unidos e Irán continúan

Según sus informes, las negociaciones prosiguen, y Pakistán, país que oficia como mediador entre Estados Unidos e Irán, envió a su jefe militar a Teherán

La Casa Blanca no comentó sobre estos reportes cuando la AFP le pidió declaraciones sobre el tema.

CBS indicó que una portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, les dijo que «el presidente ha sido claro sobre las consecuencias si Irán no logra alcanzar un acuerdo». 

Más temprano el viernes, la Casa Blanca había anunciado cambios en los planes de fin de semana de Trump, quien también tenía pensado pasar tiempo en su campo de golf en Nueva Jersey pero se quedará en la capital estadounidense.

Lea también: Trump advierte que «no quedará nada» de Irán si no acepta un acuerdo

Al regresar de un viaje al estado de Nueva York, donde dio un discurso el viernes, Trump no respondió a las preguntas de los periodistas, como suele hacer. 

Trump se ha «mostrado cada vez más frustrado»

Axios informó, en base a dos fuentes anónimas, que Trump se ha «mostrado cada vez más frustrado con las negociaciones con Irán en los últimos días».

Y agregó que, a lo largo de la semana, su postura pasó de favorecer la diplomacia a inclinarse por ordenar un ataque.

CBS informó, según fuentes que no identificó, que miembros de las Fuerzas Armadas y de los servicios de inteligencia de Estados Unidos habían cancelado sus planes para el fin de semana, largo por el feriado de Memorial Day, ante la posibilidad de ataques.

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 meses

    Donald Trump jamás ha sido santo de mi devoción. Y quienes me conocen, o han leído mis opiniones a lo largo de los años, saben perfectamente que mi rechazo hacia él no nació ayer ni es producto de modas políticas recientes. Viene desde los años ochenta, desde mucho antes de que se convirtiera en figura dominante de la política estadounidense. Mi problema con Trump siempre ha sido el mismo: lo considero una persona volátil, fanfarrona, excesivamente enamorada del espectáculo y con un historial empresarial que, para cualquier ciudadano común, habría significado la ruina total de su credibilidad financiera.

    Donald Trump acumuló nada menos que siete quiebras empresariales. Siete. Casinos, proyectos inmobiliarios, negocios fallidos como Trump University o las famosas carnes marca Trump terminaron convertidos en ejemplos de mala administración o promesas infladas. Y aquí es donde siempre hago una comparación sencilla: si cualquier persona común se declara en quiebra varias veces, el sistema financiero la destruye. No consigue crédito para comprar un automóvil, una casa o iniciar otro negocio. Se le considera irresponsable, poco confiable y financieramente desorganizada. Sin embargo, Trump convirtió sus quiebras en parte de su personaje mediático y logró sobrevivir políticamente gracias a una mezcla de marketing, agresividad y culto a la personalidad.

    Por eso, cuando critico a Trump, no lo hago desde el fanatismo partidario ni desde la histeria ideológica. Lo hago porque genuinamente nunca he confiado en él como figura moral o como símbolo de estabilidad política.

    Ahora bien, una cosa es mi opinión sobre Trump y otra muy distinta es el tema de Irán y el fundamentalismo religioso.

    Ahí mi postura cambia radicalmente.

    Porque el problema con el régimen iraní no es solamente geopolítico; es civilizatorio. El mundo lleva siglos tratando de separarse del fanatismo religioso que dominó épocas oscuras de la historia humana, mientras ciertos sectores radicales dentro del régimen iraní continúan actuando bajo una lógica mesiánica y expansionista. No estamos hablando simplemente de diferencias diplomáticas normales entre países. Estamos hablando de un régimen que financia milicias, exporta inestabilidad y amenaza constantemente a sus vecinos mediante proxies armados, drones y misiles.

    Ya hemos visto ataques o amenazas dirigidas contra países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar e Israel. La lógica detrás de muchos de esos movimientos parece ser siempre la misma: aceptar su influencia o enfrentar consecuencias. Y eso resulta especialmente peligroso cuando se trata de un gobierno que busca capacidades nucleares.

    Porque una cosa es lidiar con un régimen agresivo convencional y otra muy distinta sería enfrentar a un régimen teocrático radicalizado con armas nucleares. Ahí ya no hablamos solamente de equilibrio militar; hablamos de una amenaza potencial para regiones enteras y para la estabilidad mundial.

    Por eso, desde mi perspectiva, este conflicto no debería reducirse simplemente a “Trump contra Irán”. La verdadera confrontación es entre el mundo moderno y el fundamentalismo religioso armado con ambiciones expansionistas. Esa es la discusión de fondo.

    Y aunque sigo considerando que Trump tiene una personalidad impulsiva, teatral y dada a la fanfarronería política, también creo que en este tema específico la presión contra Irán no puede quedarse a medias. Porque estos conflictos no terminan con discursos ambiguos o medias tintas. Terminan únicamente cuando el régimen iraní pierda toda posibilidad real de desarrollar armas de destrucción masiva.

    Además, quienes observan los mercados y la política internacional saben que las grandes operaciones militares o medidas de fuerza suelen producirse durante fines de semana, precisamente cuando las bolsas están cerradas y existe más espacio para controlar el impacto inmediato y evitar pánico financiero instantáneo. Muchas veces el lunes sirve como punto de estabilización, cuando ya existe una idea más clara de lo ocurrido y disminuye parte de la especulación.

    Por eso da la impresión de que esta historia todavía no ha terminado. El conflicto sigue abierto y el riesgo de una nueva escalada continúa presente.

    Y aunque sigo teniendo enormes críticas hacia Donald Trump como figura política y como individuo, en este punto específico considero que la presión internacional contra el régimen iraní debe mantenerse hasta neutralizar completamente cualquier posibilidad de que obtenga armas nucleares. Porque, al final, esto trasciende partidos políticos, simpatías personales o líderes pasajeros. Se trata de impedir que el fanatismo religioso armado alcance un nivel de poder capaz de amenazar a medio mundo.

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