¡Sos una mala madre!

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“Me decían sos una mala madre, porque mientras estás presa tus hijos están sin su mamá”, “estoy con mis hijos en el exilio y a veces creo que soy una mala madre por traerlos”, esas son cosas que se escuchan cuando un régimen represivo se ensaña con las mujeres, pero hablemos de poner la culpa en su lugar.

Una mujer que defiende derechos humanos, que protesta contra una pareja dictatorial, que quiere justicia y un mejor país para sus hijos no es una mala madre, es víctima de seres inhumanos que no les importa el futuro, las garantías fundamentales o las nuevas generaciones.

Una madre que lo deja todo por darle seguridad a sus hijos e hijas, por protegerlos de la violencia irracional y estúpida de los que creen que el poder es de fuerza y no de respeto o admiración, no es una mala madre, es una mujer admirable que está protegiendo a sus criaturas para que no tengan que vivir violencias de las que ella y toda Nicaragua son víctimas.

Pero hablemos de malas madres y malos ejemplos. Una hija que habla con su madre y le dice que el agresor está en casa, que necesita protección y la respuesta es sacarla del círculo de poder, del país y acusarla de loca, esa es una madre cuestionable.

Leer Yo soy la mujer del comandante, de Carlos Salinas Maldonado, me dio la idea de que el concepto mala madre está mal usado por el régimen, como una forma de herir aún más a las mujeres, como decimos los nicas “darles donde más les duele”, pero ellas no son como la mujer del libro que ansía el poder y está dispuesta a pagar con la relación de sus hijos.

No son como la mujer que veo en la pantalla leyendo un discurso mientras su hija embarazada sostiene los papeles con cara de terror, consciente de cómo mamá regaña sin importar si está en una transmisión en vivo.

Alguna vez leí que cuando una mujer tiene un hijo es como tener el corazón fuera del cuerpo. Y a eso es a lo que se apuntan cuando las autoridades usan ese discurso machista y retrógrado diciendo “sos una mala madre” a una mujer con ovarios que defiende su país y el futuro de ese corazón que parieron y ven crecer.

No tengo hijos y seguro recibiré comentarios machistas por osar a criticar la maternidad sin haberla experimentado, pero es mi opinión. ¿Cómo opinaban las carceleras que llaman malas madres a las presas políticas?, ¿ellas tienen hijos?, o la que en un diálogo nacional se hizo llamar “madre de todos los nicaragüenses” y después negó una lista de más de 350 muertos, todos nicas, sus supuestos hijos.

Y de esos muertos, que uno a uno, fueron cayendo en las protestas surgieron las Madres de Abril, las que perdieron a sus hijos, algunas el día en que debían estar celebrando la maternidad, porque a alguien se le ocurrió decir “vamos con todo” y no le importó que más de 15 corazones dejaran de latir y marcaran a las mujeres que los dieron a luz de por vida.

Termino animando a las mujeres, a las mamás, que no dejen que les llamen “malas madres”, que pongan la culpa en su lugar y si ya están haciendo lo mejor que pueden, dándolo todo, no se arrepientan nunca. Si el amor es más fuerte que el odio, amen con su corazón y con el que trajeron al mundo para que el discurso que las quiere dejar mal suene cada vez más ridículo, como realmente lo es.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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