Solución a crisis del SICA obviando a la dictadura de Nicaragua

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Después de dos años y medio de crisis en la Secretaría de la Integración Centroamericana (SICA), causada por la imposibilidad de elegir a su secretario general, los gobiernos de los países de Centroamérica —excluyendo al de Nicaragua— parecen haber encontrado una solución.

La Secretaría General del SICA ha estado vacante desde noviembre de 2023, cuando renunció de manera sorpresiva el nicaragüense Werner Vargas Torres, abogado de reconocida experiencia y prestigio en el ámbito de la integración centroamericana.

Por la regla de rotación de los países en el ejercicio de la Secretaría General del SICA, un representante de Nicaragua debía ejercer el cargo en el período de 2021 a 2025. Pero Vargas renunció a medio término sin dar explicaciones, aunque trascendió que fue obligado a hacerlo por no someterse a las presiones políticas del régimen de Nicaragua.

El gobierno de Managua propuso las candidaturas de varios de sus operadores políticos para completar el período de Vargas, pero todos fueron rechazados por no llenar las condiciones de profesionalismo y credibilidad que se requiere para representar los intereses de todos los países centroamericanos.

A partir de 2025, y hasta 2029, le correspondía —y corresponde— a una persona de Costa Rica desempeñar la secretaría general del Sica. Pero el régimen de Nicaragua bloqueó la posibilidad de su nombramiento, en represalia porque sus candidatos para terminar el período anterior no fueron aceptados por los demás gobiernos.

Para poner fin a esa anómala situación, que no impidió el funcionamiento básico de la integración centroamericana, pero lo ha entorpecido, los representantes de los países miembros del SICA, dejando a un lado a Nicaragua, se reunieron el pasado 30 de abril en República Dominicana para reformar el reglamento de elección del secretario general. A partir de ahora será elegido por mayoría calificada, no por consenso o unanimidad como era antes y fue utilizado por el régimen nicaragüense para bloquear la elección.

Pero no se puede o no se debe creer que con eso el problema de la integración centroamericana está resuelto. Habrá que esperar la reacción del régimen de Nicaragua, que por su naturaleza antidemocrática recurre a acciones de fuerza y chantajes para imponer sus condiciones, cuando no se las aceptan voluntariamente.

Además, el problema de la integración centroamericana es mucho más de fondo que la elección del secretario general del SICA. Como lo hemos señalado en otras ocasiones, el problema fundamental radica en la presencia de un régimen radicalmente autoritario entre los socios democráticos de la integración centroamericana.

El Protocolo de Tegucigalpa del 13 de diciembre de 1991, que es el tratado internacional constitutivo del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), destaca que uno de sus objetivos fundamentales es “la consolidación y el fortalecimiento de la democracia y los derechos humanos; y por principios los países miembros deben respetar y promover los valores democráticos, los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Pero el régimen de Nicaragua es una dictadura que practica todo lo contrario, no respeta las libertades fundamentales y viola atrozmente los derechos humanos. Y por lo tanto es incompatible con los objetivos y principios del sistema de integración centroamericana.

La crisis del SICA ha dejado claro que la dictadura de Nicaragua no es un problema solo de los nicaragüenses. Afecta a todos los países, pueblos y gobiernos de Centroamérica. Mientras permanezca la dictadura en Nicaragua, la integración centroamericana no podrá funcionar normalmente, con seguridad y capacidad de promover el desarrollo y la prosperidad de cada uno y todos los pueblos de Centroamérica.

En septiembre del siglo XIX los gobiernos de los demás países centroamericanos acudieron en ayuda de Nicaragua para salvarla de la grave amenaza existencial que representaban los filibusteros extranjeros. Ahora, ante la dominación del filibusterismo criollo, que es tan nefasto como el extranjero del siglo XIX, los demás gobiernos de Centroamérica deberían ayudar nuevamente al martirizado pueblo nicaragüense. Alguna manera política y diplomática eficaz podrían encontrar para ayudarla, si lo quisieran hacer.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí