Nicaragua bajo la lupa internacional

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Olvidémonos de lo que dicen los nicas de su gobierno. Quizás no sean suficientemente objetivos. Quizás los nublen las pasiones políticas. Pero fijémonos en lo que dicen instituciones internacionales confiables, particularmente aquellas integradas por profesionales imparciales que a través de los años han desarrollado herramientas para medir el grado en que los Estados actúan conforme derecho.

Una de las más prestigiosas es el WJP, World Justice Project (Proyecto de la Justicia Mundial). Fue fundado hace 20 años por la barra de abogados de Estados Unidos para después ampliarse hasta tener sedes en Washington, Méjico, y Singapur. Su misión expresa es fomentar el Estado de derecho (the rule of law) o sujeción a la ley, en todo el mundo.

En 2025 WPJ evaluó el Estado de derecho en 143 países y los clasificó en orden de cómo lo respetaban asignando el uno al mejor y el 143 al peor. Entre los componentes de este estado evaluaron ocho dimensiones, entre ellas, límites al poder, corrupción, transparencia, y derechos humanos. En el rango global Nicaragua ocupó el puesto 139, es decir, en la cola de los cinco peores países del mundo. Lo más revelador, empero, es cuando se examinan algunas de las distintas dimensiones que determinaron que Nicaragua quedara tan baja.

De particular relevancia fue la dimensión referente a los límites del poder. Esta mide el grado en que los gobernantes están sujetos a la ley y rendición de cuentas y enfrentan frenos institucionales contra sus posibles abusos. En esta dimensión, Nicaragua ocupó, dentro de los 143 países, el rango ¡142! Es decir, sólo un país en el mundo, (Venezuela 2025) fue peor. El nicaragüense es, de hecho, un Estado sin límites, todopoderoso. Nada frena las decisiones o caprichos de la pareja gobernante. Aún autocracias como la rusa (135) Irán (129) o China (132) tienen gobiernos más limitados que el nicaragüense.

Relacionada a esta dimensione está la de “Gobierno abierto” o transparencia; la medida en que la ciudadanía tiene acceso a las operaciones del gobierno, sus gastos, procesos etc.; el grado en que los funcionarios son obligados a rendir cuentas. En este particular Nicaragua quedó en el rango 137 de 143 (sólo 6 países peores).

Otra dimensión reveladora es el respeto a los derechos fundamentales. Esta se construye observando la medida en que los gobiernos respetan los derechos consignados en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Considera entre ellos la existencia del debido proceso, los derechos de los acusados, la libertad de expresión, religiosa, etc. En esta área tan sensible Nicaragua ocupó de nuevo el rango 142 de los 143. No debe sorprender. En el país, como bien detectó el WJP y otros, el gobierno arresta sin orden judicial, desaparece a los prisioneros privándolos de abogado defensor, los incomunica indefinidamente en condiciones inhumanas, priva de nacionalidad o impide el ingreso al país de ciudadanos sin causa ni juicio alguno, persigue a los familiares de opositores, etc.

Nicaragua ocupó también puestos muy bajos en la escala mundial de libertades religiosas 130 de 143 —le superan solamente algunos Estados musulmanes—, de libertad de reunión 133 de 143, y en el índice de corrupción. Esta examina la presencia de sobornos, apropiación privada de fondos públicos, pagos o negocios ilícitos, lavado de dinero avalado por el Estado, licitaciones irregulares, cuentas secretas, etc. WJP la colocó en el puesto 130 de 143. Transparencia Internacional, quien evaluó a 181 países, asignando dicho número al menos corrupto y uno al más, dio a Nicaragua el rango 14. De nuevo cerca de la cola.

Es importante notar que este tipo de revelaciones coinciden plenamente con señalamientos de otras instituciones, como los del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh) de septiembre de 2024, así como Amnistía Internacional y muchas más. Todas terminan pintando un cuadro triste y devastador: Nicaragua está entre los cinco países del mundo con menos Estado de derecho; es casi la primera (142 de 143) en tener gobernantes con poderes ilimitados, casi la primera en irrespeto a los derechos fundamentales, y una de las más corruptas.

No son opiniones subjetivas, partidarias o sesgadas. Son datos objetivos, tan tristes como intolerables, verdaderos llamados a la conciencia de quienes veneran el respeto a la ley y la libertad.

El autor es sociólogo e historiador. Autor de “En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019”.

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