¿Se excedió Trump o el papa?

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La actual controversia entre el papa y Trump ha causado un gran impacto. Pocas veces se habían visto confrontaciones tan claras y fuertes entre el jefe de la catolicidad y el gobernante del país más poderoso de la tierra. La chispa que encendió este capítulo tan excepcional fue, en gran parte, la amenaza de Trump a Irán: “Una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”.

La expresión de Trump fue, en realidad, desafortunada. Absurda. Apocalíptica. Si bien él es dado a excesos verbales como estrategia de negociación, esta vez causó un choque muy fuerte en países y personalidades inclinadas a entender literalmente sus palabras. No es lo mismo decir que morirá un régimen que una civilización. Esta abarca mucho más; todo un pueblo, sus raíces, su cultura, su identidad, etc. Es natural, entonces que el papa rechazara expresamente el uso de semejante expresión.

Es plenamente entendible también que el papa, como portador de las enseñanzas de Cristo, aborrezca la violencia o políticas que amenacen con causar víctimas civiles. Igual de entendible es que favorezca el diálogo sobre la fuerza. El problema es cuando expresiones al respecto, quizás sin matizaciones suficientes, suenan categóricas y se hacen susceptibles de ser generalizadas a todas las situaciones y a todas las personas.

Veamos las siguientes expresiones del papa como: “Dejemos que aquellos que tienen el poder de desatar guerras escojan la paz”. “No una paz impuesta por la fuerza sino a través del diálogo”. “El Príncipe de la paz nunca está al lado de los que empuñaron la espada y ahora arrojan bombas”. “…Jesús, rey de la paz, es quien rechaza la guerra, y quien nadie puede utilizar para justificar la guerra”.

Este tipo de expresiones es que, aunque auténticas o váljidas como ideal ético, pueden ser tomadas como alusiones directas a Trump —aunque también podrían ser extensibles a Putin, los ayatolás y otros líderes—. Pero lo más delicado es que pueden ser leídas como una condenación categórica a todo tipo de guerra. Esta sería una interpretación extrema. Si toda guerra fuese condenable habría que comenzar por suprimir los ejércitos y lamentar que en la batalla de Lepanto la cristiandad haya salvado a Europa de la invasión islámica. Habría también que considerar errada la doctrina católica que por siglos ha justificado la moralidad de la guerra justa.

El catecismo de la Iglesia católica establece en su inciso 2308: “Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras. Sin embargo… una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa”. Luego (inciso 2309) se advierte que “la gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral”, y se enumeran cuatro condiciones que deben observarse para satisfacer esta exigencia. Se añaden a estas otras consideraciones como evitar, pues es “un crimen… toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras”. El catecismo deja al juicio prudente de los contendientes sopesar la presencia de estas consideraciones.

¿Es justa la guerra desatada por la Administración Trump contra el régimen de Irán? En realidad, este es un tema opinable que exige un análisis realista de las circunstancias y alternativas. Si de algo no puede haber duda alguna es que Irán iba directo a la producción de una bomba nuclear y que ningún diálogo ni oferta pacífica podía desviar su propósito —había enriquecido uranio al 60 por ciento, nivel muy superior al necesario para usos civiles y que lo hacía en lugares subterráneos cerrados al escrutinio internacional—. Sólo el bombardeo de sus instalaciones pudo retrasar su proyecto letal y sólo la fuerza puede enterrarlo definitivamente.

Luego está la otra gran pregunta: por justa que sea una guerra, ¿reúnen los medios usados las condiciones señaladas por la Iglesia o son acciones desprovistas de la más mínima humanidad? Esta preocupación ha obrado, decididamente, en las expresiones del papa. Matizaciones aparte, valen sus exhortos a sustituir la espada por el abrazo. Es una meta noble que, por utópica que pueda parecer, fue proclamada por el Príncipe de la Paz y que siempre debe animar a todo el género humano.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro “En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019”.

COMENTARIOS

  1. Hace 2 meses

    Su Santidad, puede que, como Joe Biden, esté rodeado de curas izquierdistas y por consiguiente lo mal aconsejan. El Papa es infalible en materias de fe relacionadas con la religión. Pero….. el Papa no es infalible en cuestiones relacionadas con la política y la ciencia. «Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios», dijo Jesus. Incluso Jesus se nego a dar una opinion politica. Galileo fue condenado por la Iglesia por afirmar ‘que la Tierra gira alrededor del sol’, lo cual se oponía a lo que la Iglesia afirmaba de que el sol gira alrededor de la Tierra. Finalmente, el sabio proverbio popular: «Zapatero a tus zapatos.»

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