Alma de camionera

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¿Qué es ser una dama? Podríamos discutir las normas de la sociedad sobre lo que estas cuatro letras significan, pero hablaré de lo que la carga social representa para un ser humano común como yo. En primer lugar, vestir como una dama nunca fue mi fuerte. Practicar basquetbol me hizo usar shorts y pantalones la mayor parte del tiempo.

Tanto así que una vez hice una apuesta con un profesor de que yo podía llegar de falda por una semana y lo logré. El escuchar “mamacita” a tres cuadras de mi casa y las morbosidades que llegaron con los piropos me hizo ganar una pluma fuente.

Recientemente alguien me hizo reflexionar en el hecho de que tenía alma de camionera porque silbé a un mesero para llamar su atención. Y bueno, me dijeron… “en este país no se silba” y yo me quedé como en shock por hacer algo fuera de lugar.

Y es que muchas veces me sentí así… fuera de lugar. Porque la sociedad me pedía ser una dama y yo quería ser yo. Esa que jugaba baloncesto, que amaba usar jeans y practicar deportes.

No me declaro feminista, mucho menos con el apellido de “recalcitrante”, simplemente pienso en que quiero que me dejen ser quien soy. Los abuelos creo que nos llaman “marimachas”, mi mamá defendía que podía ser una mujer a la que le gustaba usar shorts y jeans, y yo simplemente quiero estar cómoda.

Cuando una mujer eructa, como si no hubiera un mañana o dice cosas más fuertes que vástago de meretriz o coprófago no le pongan la etiqueta de lesbiana o feminista, a lo mejor simplemente es así, tiene alma de camionera y quiere ser feliz.

Salirse de las normas ha sido lo mío desde que tengo memoria y este es el mejor ejemplo, podemos hablar de física nuclear, de las guerras en el mundo, pero yo quiero hablar de cómo una mujer común y corriente se siente ante normas en las que no encaja.

Intenté seguir las normas de la sociedad, ser la norma, pero resulta que me encanta ser la excepción, eso es lo mío y silbar a un mesero, usar pantalones y estar cómoda me hace sentir bien, sentirme yo.

Así que silben, coman, corran, jueguen, vistan como quieran, tengan esa alma de camionera para recorrer el mundo y para ser lo que quieren ser y no lo que una sociedad les dice.

La sociedad nicaragüense necesita prepararse para estas almas de camionera y para ver un cambio en la forma de hacer las cosas. Debemos creer que las cabezas de familias, que silbar no es de zapateros ni de camioneros sino de la persona que sabe cómo acomodar los labios, dientes y dedos para emitir un armonioso sonido.

Me despido diciendo: aprendan a silbar, a correr, a vestir y a vivir como se sientan cómodas, que saquen esa alma de camionera que llevan dentro y que se permitan sentirse bien en la piel que las recubre y en el alma que portan y que día a día a las hace ser ustedes mismas.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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