La celebración dual y antagónica de abril

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Abril es en Nicaragua un mes de celebración nacional, pero dividida en dos partes antagónicas. Es una conmemoración de los nicaragüenses democráticos, y también es una celebración de la dictadura y de sus beneficiarios y partidarios.

La parte democrática de Nicaragua conmemora la épica insurrección cívica nacional por la libertad que estalló el 19 de abril de 2018 y resistió heroicamente por varios meses. Rinde homenaje a la memoria de centenares de personas que fueron asesinadas por reclamar el derecho a vivir en un país libre y democrático, justo y próspero.

Por otro lado, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo y los nicaragüenses que la apoyan, celebran la terrible matanza que realizaron en abril de 2018 para derrotar a la insurrección nacional cívica democrática.

Es que, como muy bien se explica en un ensayo titulado Crímenes Internacionales Ayer y Hoy, escrito por la profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad de Barcelona, Helena Torroja Mateu, “la condición humana es tan capaz de bondad y humanidad, como de maldad y perversión; tan lúcida y racional, como ignorante y ciega. Ya por maldad, ya por ceguera, ya por las dos unidas, ha dado forma a la perversidad del poder público sobre el débil. Perversidad —barbarie, maldad…, aquí prefiero nombrarlo así— que se traduce en patrones de conducta extremadamente inhumanos”. 

Nada mejor que esas palabras para referirnos a la bondad de las personas nicaragüenses que en abril y meses siguientes de 2018 ofrendaron su vida luchando por la libertad y la democracia, por la justicia y la paz. Y a la maldad de quienes ordenaron “vamos con todo” para ahogar en sangre las justas demandas populares, y de quienes ejecutaron aquella orden fatídica.

Es la explicación esencial de lo que ocurrió en Nicaragua en abril de 2018, cuando las multitudes se lanzaron a las calles para reclamar pacíficamente libertad, democracia y justicia, pero otros nicaragüenses organizados en bandas armadas no tuvieron escrúpulos para disparar contra la gente inerme que solo pedía que Nicaragua vuelva a ser una república democrática.

De manera que lo que celebra la dictadura en abril es el asesinato colectivo de más de 350 nicaragüenses, incluyendo menores de edad, que cometió para seguir usurpando el poder. Celebra los crímenes de lesa humanidad que ejecutó para seguir gobernando con mano de hierro un país al que convirtieron en patrimonio familiar. Celebran la paz de los cementerios y el silencio de los sepulcros que impusieron mediante la violencia criminal. Se solazan y hacen mofa de sus innumerables víctimas, de las que mataron y de las que encarcelaron, mandaron al exilio, las despojaron de sus bienes y hasta de su nacionalidad.

De manera que está muy claro que la celebración de abril tiene el mismo origen, pero una diferencia abismal, política y moral. La diferencia inmensa y profunda entre el bien y el mal que desde siempre ha acompañado a la humanidad.

Hasta ahora no se ha podido resolver la inevitable y permanente discusión filosófica, teológica y política acerca de que si algún día el bien triunfará sobre el mal, o si ocurrirá al revés. Y no sabemos si algún día se podrá dilucidar.

De lo que sí podemos estar seguros es de que en Nicaragua la dictadura representa el mal. Y de que será derrotada por el bien representado por la gente que anhela y lucha como puede por la libertad, la democracia y la paz verdadera basada en la justicia y el respeto a los derechos humanos.

La dictadura celebra hoy con bombos y platillos el aniversario de la matanza humana que perpetró para mantenerse unos años más en el poder. Pero es un placer perverso y efímero que no podrá disfrutarlo siempre.

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