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La recién pasada Semana Santa fue de reflexiones, contemplaciones y, entre ellas, en esta ocasión voy a compartirles mis remembranzas culinarias de la misma. Dejaré para mi próximo artículo las sociales. Sobre ellas les compartiré mis reflexiones sobre mi visión del mundo tal cual se encuentra en estos momentos, en su momento abordaré el tema como he dicho antes, con la misma delicadeza con que como pescado lagunero que son riquísimos, pero cómo tienen espinas esos condenados.
Dicho esto, permítanme comenzar con una comida muy propia se las Semanas Santas de antaño, además de ser un plato muy territorial. Me quiero referir al pinol de iguana, recuerdo que mi padre viajaba de Managua a Granada con el exclusivo propósito de comprar su ración de pinol de iguana, es esa época tendría como diez o doce años. En otras palabras, hace muchas lunas y varios eclipses. El pinol de iguana es un plato que se prepara a base de iguana o garrobo y se cocina con pinol, no me pregunten cómo y se sirve con arroz y guineo cuadrado, así lo comía él. Me dicen que todavía en Semana Santa en alguna comidería del mercado Roberto Huembes se puede encontrar hoy en día.
Otro plato propio de la Semana Santa de mis recuerdos es el arroz con pescado seco, si mal no recuerdo era gaspar el que se utilizaba, mi Tita (mi tía abuela) lo cocinaba riquísimo, también me dicen que en el mercado Israel Levites se puede encontrar. La sopa de queso es otro plato icónico de semana santa, este sí es muy común en restaurantes sobre todo en los viernes previos al inicio de Semana Santa. También es muy común el pescado frito, mejor conocido como pescado a la Tipitapa, este se acompaña con una salsa de tomate con cebolla y se acostumbra derramarla sobre el pescado, no creo que haya un nicaragüense que no lo haya comido con arroz y tostones.
Pasando a los dulces de Semana Santa, no existe familia que se respete, que en esta temporada no prepare el famosísimo almíbar, un manjar que se hace a base de mango, jocote guaturco, grosella, papaya, tamarindo, todas estas frutas se cocinan a fuego lento y se le añade lo que llamamos atado de caña, el resultado es un almíbar que es la delicia de veraneantes y no veraneantes. Se me quedaba el buñuelo que se hace a base de yuca y se come con miel de azúcar. El tamal pisque con queso seco acompañado de un delicioso café de palo, es otra de las delicias culinarias que ha sobrevivido al paso del tiempo. A mi nieto de 4 años le encanta y no me pregunten por qué, pero desde que se lo dimos a probar le encantó.
Quise compartir con mis amigos lectores las remembranzas de esos platos, porque se consumen en familia, usualmente estas se reúnen en la casa del familiar de mayor edad y es un momento de regocijo pues Semana Santa es junto con otras celebraciones, momento de reencuentros los llamo yo, porque en ocasiones nos visitan familiares que viven en el extranjero. En mi caso en esta Semana Santa pude apreciar el reencuentro de mi consuegra con un hermano que tenía 14 años de no ver. Estoy seguro que más de una familia pasó por esa grata experiencia.
Para finalizar solo me queda decir que es una lástima que todas las cosas buenas duren tan poco. Espero que la gran mayoría la hayan pasado bien, sin sobresaltos que lamentar, ahora a prepararnos nuevamente para las jornadas diarias. Los que eligieron las playas espero que no se hayan expuesto mucho al sol, y los que eligieron las montañas ojalá y hayan ido preparados contra los mosquitos, de lo contrario pasaran recordando la semana por varios días más.
El autor es analista político y enamorado de nuestras tradiciones nicaragüenses.