Los numerosos cuellos de botella de la economía global

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una cuarta parte de sus fertilizantes, ha puesto de manifiesto una vulnerabilidad bien conocida de nuestra compleja economía global interconectada: un único punto de fallo puede provocar interrupciones masivas y costosas. Sin embargo, estos puntos de fallo se han ido multiplicando durante décadas.

El comercio mundial fluye a través de otros pasos estratégicos que también podrían convertirse en cuellos de botella que interrumpan el flujo. El estrecho de Malaca, entre Malasia y la isla indonesia de Sumatra —una de las dos únicas rutas marítimas que conectan el océano Índico con el Pacífico—, recibe mucha atención en simulaciones de guerra. Cuando el canal de Suez quedó bloqueado durante seis días por el enorme buque portacontenedores Ever Given en 2021, la interrupción tuvo repercusiones en las cadenas de suministro durante meses. El canal de Panamá plantea riesgos similares.

La excesiva concentración del mercado genera vulnerabilidades similares. El dominio de unos pocos productores japoneses de microcontroladores y sensores de flujo de aire para motores —componentes pequeños pero esenciales en la fabricación de automóviles— provocó que, cuando un terremoto y un tsunami devastadores azotaron Japón en 2011, la industria automotriz mundial se contrajera drásticamente.

Estas vulnerabilidades son algo más fáciles de abordar que las inherentes a la geografía, como el estrecho de Ormuz. Desde 2011, los fabricantes de automóviles han diversificado sus proveedores, acumulado reservas estratégicas y creado sistemas de datos a gran escala que mejoran la transparencia en las complejas cadenas de suministro, lo que facilita la identificación de riesgos ocultos derivados de la dependencia de un único proveedor.

Pero la diversificación conlleva ciertas desventajas, como probablemente aprenderá el sector de los semiconductores avanzados. Una sola empresa holandesa, ASML, produce todos los equipos de litografía ultravioleta extrema necesarios para fabricar los semiconductores más avanzados, y solo dos empresas, la taiwanesa TSMC y la surcoreana Samsung, tienen la capacidad de producir semiconductores de 2 nanómetros.

Dadas las evidentes vulnerabilidades que esto genera, los gobiernos están promoviendo la diversificación. Estados Unidos y la Unión Europea han introducido incentivos para que TSMC y Samsung diversifiquen geográficamente su producción, y el gobierno estadounidense respalda el desarrollo de las capacidades de semiconductores avanzados de Intel. Mientras tanto, China está invirtiendo fuertemente para reducir su dependencia de fuentes externas en el diseño y la fabricación de semiconductores.

Si bien este enfoque podría aumentar la resiliencia, el sector no puede permitirse una menor eficiencia. Los semiconductores más avanzados son cruciales no solo para entrenar modelos de IA generativa, sino también para impulsar aplicaciones de IA física (como la robótica y los vehículos autónomos), que requieren baja latencia, alta eficiencia térmica, bajo consumo de energía y una batería de larga duración. No está claro que las cadenas de suministro diversificadas que se están construyendo actualmente puedan satisfacer la demanda.

Las tierras raras representan otra vulnerabilidad importante en las cadenas de suministro tecnológicas. Una amplia gama de productos críticos y estratégicos, como vehículos eléctricos, electrónica de consumo, tecnologías médicas y tecnologías militares avanzadas, dependen de estos componentes esenciales; sin embargo, China controla aproximadamente el 60 por ciento de la extracción mundial de tierras raras y más del 90 por ciento de su procesamiento.

Los puntos débiles también caracterizan al sector financiero. El sistema de mensajería interbancaria SWIFT, controlado por Estados Unidos para transacciones transfronterizas, es un ejemplo evidente.

A nivel económico, la dependencia excesiva de una sola fuente para cualquier cosa —desde la energía hasta la demanda— puede generar un punto de fallo, como aprendió Europa tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022. Esto es cierto no solo por el riesgo de un accidente o una crisis, sino también porque la dependencia excesiva permite la extorsión u otras formas de presión, como lo demuestran los controles a las exportaciones de tierras raras de China, la aplicación de sanciones por parte de Estados Unidos a través de SWIFT y el uso de aranceles por parte del presidente estadounidense Donald Trump.

La proliferación de puntos débiles tiene que ver con el diseño y los incentivos de la economía global. En una red altamente descentralizada y competitiva, los inversores están más motivados a optimizar la eficiencia (cuyos beneficios son apropiables, es decir, recaen principalmente en el inversor) que la resiliencia (cuyos beneficios se distribuyen por toda la red). Cuando hay muchos inversores, ninguno tiene incentivos para internalizar los costos de equilibrar la eficiencia y la resiliencia.

Las redes con una mayor concentración de propiedad tienden a optimizar su resiliencia. Tres empresas (Alcatel Submarine Networks, SubCom y NEC) suministran y mantienen el 87 por ciento de la vasta red global de cables de fibra óptica submarinos, que transportan más del 95 por ciento del tráfico internacional de datos, incluidos pagos y otras transacciones financieras. Estos «arquitectos» tienen un poderoso incentivo para incorporar resiliencia al sistema, por ejemplo, aumentando el número de cables, distribuyendo los puntos de conexión, garantizando una amplia dispersión, implementando diseños en bucle, utilizando protocolos de internet para el redireccionamiento sin interrupciones en caso de bloqueos e incluyendo capacidad de reserva. Al fin y al cabo, la resiliencia forma parte del paquete que ofrecen.

Lo mismo ocurre en el sector automovilístico, donde grandes empresas como Toyota controlan una parte suficientemente importante de la cadena de suministro como para beneficiarse de la optimización tanto en costes como en resiliencia. En el caso de internet, el gobierno estadounidense fue el principal artífice, garantizando, por ejemplo, que los protocolos integrados redirigieran automáticamente el tráfico para evitar bloqueos. De hecho, las grandes economías nacionales son actores importantes porque, en cierta medida, internalizan y agregan los beneficios de la resiliencia entre una serie de pequeñas empresas del sector privado.

Cuando los mercados carecen de resiliencia, los países se convierten en actores clave para proporcionarla. Para ello, disponen de varias opciones. Pueden actuar por su cuenta, por ejemplo, relocalizando la producción de bienes críticos como los semiconductores. Pueden intensificar la cooperación internacional, por ejemplo, formando una coalición para maximizar el abastecimiento alternativo de tierras raras. O pueden combinar ambas estrategias. En términos generales, la cooperación es menos costosa que la relocalización, más eficaz en principio y, en ciertos casos, esencial, pero mucho más difícil de lograr.

Sea cual sea el enfoque que elijan los países, eliminar o mitigar los puntos débiles será costoso. Pero, en un momento de creciente fragmentación y deterioro de la cooperación, es un precio que tendrán que asumir.

El autor es premio Nobel de Economía, profesor emérito de Economía y ex decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, además de coautor (junto con Mohamed A. El-Erian, Gordon Brown y Reid Lidow) de “Permacrisis: Un plan para arreglar un mundo fracturado” (Simon & Schuster, 2023).

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí