Desarrollando la resiliencia energética que necesita la ASEAN+3

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Los sistemas energéticos de la ASEAN+3 (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, más China, Japón y Corea del Sur) se enfrentan a una presión creciente. Los impactos climáticos amenazan la infraestructura y el suministro. La rápida expansión de la IA y la infraestructura digital está impulsando un aumento drástico de la demanda de electricidad. Además, las tensiones geopolíticas añaden una nueva volatilidad a los mercados energéticos mundiales.

Si bien la región es más resistente a las crisis energéticas que en el pasado, estas fuerzas están generando nuevos desafíos para la estabilidad macroeconómica. El cambio climático ya no es solo un problema ambiental. Está poniendo a prueba cada vez más los sistemas energéticos —incluida la generación de energía, las cadenas de suministro de combustible y las redes eléctricas— con repercusiones de gran alcance en la economía en general.

A nivel mundial, los desastres naturales causaron pérdidas económicas por valor de unos 320,000 millones de dólares en 2024, siendo la región de Asia-Pacífico una de las más afectadas. En el sudeste asiático, las inundaciones y los tifones interrumpen con frecuencia la producción de alimentos, las cadenas de suministro y la infraestructura, incluidos los sistemas eléctricos y las redes de transporte de combustible, fundamentales para el suministro de energía.

Estas perturbaciones pueden propagarse rápidamente por la economía real. Los daños a la infraestructura energética pueden interrumpir el suministro eléctrico y aumentar los costos, mientras que las inundaciones suelen elevar los precios de los alimentos y afectar la logística. La reconstrucción incrementa entonces el gasto público, mientras que las pérdidas de las empresas debilitan sus balances y aumentan los riesgos crediticios para bancos y aseguradoras.

Por lo tanto, gestionar los riesgos climáticos requiere más que planes de respuesta ante emergencias. Exige una inversión sostenida en adaptación al cambio climático y una mayor preparación financiera. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que Asia Oriental y el Pacífico necesitan aproximadamente 141 mil millones de dólares anuales para financiar la adaptación, más que cualquier otra región en desarrollo. Sin embargo, en muchas economías, los gastos fiscales relacionados con desastres aún tienden a producirse solo después de que estos ocurren.

El cambio tecnológico también está transformando la demanda mundial de electricidad. La rápida expansión de la IA y la infraestructura digital (centros de datos) está impulsando un aumento considerable del consumo eléctrico. Según la Agencia Internacional de Energía, la demanda de electricidad en el sudeste asiático creció más del 7 por ciento en 2024 y se prevé que se duplique para 2050, registrando una de las tasas de crecimiento más rápidas del mundo. Al mismo tiempo, la región se está consolidando como un destino atractivo para la inversión en centros de datos, con Singapur, Malasia e Indonesia como importantes centros regionales para servicios en la nube e infraestructura de IA.

A medida que se expande la infraestructura digital, se prevé que la demanda de electricidad siga aumentando. Los sistemas eléctricos deberán incrementar su capacidad sin dejar de cumplir con los objetivos climáticos. Si bien la capacidad de energía renovable ha crecido, si la generación no puede aumentar con la suficiente rapidez para satisfacer la creciente demanda, los gobiernos podrían verse presionados a depender más de los combustibles fósiles para garantizar un suministro eléctrico fiable.

Finalmente, las tensiones geopolíticas añaden otra capa de incertidumbre. Los conflictos y las fricciones comerciales amenazan con perturbar las cadenas de suministro energético mundiales, modificar las decisiones de inversión y aumentar la volatilidad de los precios de los combustibles. Estos riesgos son especialmente relevantes para las economías de la ASEAN+3, muchas de las cuales dependen en gran medida de combustibles importados, incluido el gas natural licuado.

Cuando los precios mundiales de la energía suben bruscamente o se vuelven más volátiles, los efectos indirectos suelen manifestarse en una mayor inflación, mayores presiones fiscales y desequilibrios externos más amplios. En conjunto, los acontecimientos recientes están aumentando la presión sobre los sistemas energéticos en la ASEAN+3, lo que subraya la importancia de mejorar la resiliencia energética para salvaguardar la estabilidad macroeconómica de la región.

¿Qué se puede hacer? Para empezar, invertir más en infraestructura resiliente al clima puede reducir la vulnerabilidad de los sistemas energéticos ante desastres naturales y ayudar a limitar las perturbaciones económicas cuando se producen crisis. En segundo lugar, ampliar la capacidad de generación de electricidad, fortalecer las redes de transmisión y acelerar el despliegue de fuentes de energía no fósiles se ha vuelto esencial para satisfacer la creciente demanda de energía y apoyar los objetivos climáticos. Iniciativas regionales como la Red Eléctrica de la ASEAN pueden fortalecer el comercio transfronterizo de electricidad, diversificar las fuentes de energía y mejorar la resiliencia de los sistemas energéticos regionales.

En tercer lugar, los países de la ASEAN+3 pueden fortalecer su resiliencia mediante mecanismos financieros. Mejorar la preparación a través de nuevos instrumentos financieros y de seguros, así como de soluciones para el mercado de capitales, puede ayudar a los gobiernos a gestionar los costos fiscales de las crisis climáticas y respaldar la inversión en infraestructura resiliente. En el marco del Proceso Financiero de la ASEAN+3 (una plataforma importante para la cooperación financiera regional), se están llevando a cabo debates sobre una iniciativa de financiación del riesgo de desastres, cuyo objetivo es fortalecer la gestión del riesgo fiscal y ampliar los instrumentos financieros para la respuesta ante desastres.

En la Oficina de Investigación Macroeconómica de la ASEAN+3 (AMRO), nuestro análisis y vigilancia regional ponen de relieve cada vez más cómo los riesgos climáticos, la volatilidad del mercado energético y el aumento de la demanda de electricidad pueden interactuar para generar vulnerabilidades macroeconómicas. Nuestros informes anuales de consulta incorporan ahora hojas de evaluación ambiental para determinar cómo los riesgos climáticos pueden afectar las condiciones macroeconómicas y la sostenibilidad fiscal.

Fortalecer la resiliencia energética no es solo una prioridad de política energética, sino un imperativo macroeconómico. Las economías de la ASEAN+3 se encuentran en la intersección del riesgo climático, el cambio tecnológico y la incertidumbre geopolítica. Al invertir en sistemas energéticos resilientes y sostenibles y fortalecer la cooperación regional, podemos afrontar mejor estos desafíos, al tiempo que impulsamos un crecimiento económico estable e inclusivo. La reciente ola de inestabilidad global no ha hecho sino aumentar la urgencia de esta tarea.

El autor es director y CEO de la Oficina de Investigación Macroeconómica ASEAN+3 (AMRO).

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

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