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El juez encargado del proceso contra el derrocado líder chavista de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, descartó este jueves desestimar los cargos por narcoterrorismo contra el matrimonio, aunque cuestionó la vigencia de las sanciones que impiden a los acusados costear su defensa con fondos venezolanos.
En esta segunda audiencia celebrada en Nueva York tras su captura en Caracas el pasado enero, se vio a un Maduro, de 63 años, visiblemente más delgado y con el cabello más canoso. Entró en la sala, en la planta 26 de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, sonriente y dio los «buenos días» a su equipo legal, algo que también hizo su esposa, de 69 años, pero con un semblante más serio.
Durante el resto de la audiencia ambos permanecieron en silencio y se vio a Maduro tomar notas.
Maduro mostró una ligera cojera, al igual que hace dos meses, y vestía el uniforme reglamentario de recluso: pantalones y una camiseta de manga de color caqui sobre otra de camiseta de color naranja.
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Juez cuestiona argumentos de la Fiscalía
La defensa del político suramericano argumentó que el Gobierno de EE.UU. está vulnerando la Sexta Enmienda de la Constitución.
Según los abogados de Maduro, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) revocó las licencias que permitirían usar activos del Estado venezolano para sufragar sus honorarios, lo que dejaría a los acusados en una situación de indefensión al no poder elegir libremente a sus representantes.
El juez Alvin Hellerstein, de 92 años, anotó en varias ocasiones que este es un «caso único» y se mostró crítico con la postura de la Fiscalía, que sostiene que el Ejecutivo debe mantener la facultad de usar las sanciones como herramienta de política exterior.
«El acusado está aquí. Flores está aquí. Ya no representan ninguna amenaza para la seguridad nacional», afirmó el magistrado, subrayando que la situación política ha cambiado, debido a que Washington mantiene ahora contactos con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez.
Desestimar sería «demasiado serio»
A pesar de estas declaraciones, Hellerstein fue tajante al rechazar la desestimación de la causa -como pide la defensa- calificándola como una medida «demasiado seria».
El juez prometió emitir una decisión oficial sobre si ordenará a la Administración de Donald Trump permitir el acceso a los fondos para la defensa, pero aclaró que el proceso judicial seguirá su curso independientemente del método de pago.
También se habló en la audiencia sobre la petición de la Fiscalía de prohibir a los acusados compartir material probatorio con coacusados prófugos, entre ellos el aún ministro del interior de Venezuela, Diosdado Cabello, y el hijo del mandatario, Nicolás Maduro Guerra.
Uno de los abogados de Maduro y Flores, Barry Pollack, dijo al magistrado que sus clientes no pueden pagar su defensa por sí mismos y afirmó que «tienen todo el derecho a usar» fondos del Gobierno de Venezuela, de acuerdo con CNN.

La edad y la salud de juez
Los expertos estiman que el juicio formal no comenzará hasta dentro de uno o dos años, momento en el que el juez tendría 94 años.
Según The New York Times, el magistrado fue visto quedándose dormido durante un juicio el año pasado, lo que ha despertado dudas sobre su capacidad para conducir un proceso que se prevé largo y de extrema complejidad técnica.
Hoy Hellerstein tenía la voz quebrada, se vio forzado a parar en alguna ocasión para tomar agua, tuvo lapsus y tanto la defensa como la Fiscalía le pidieron que se repitiese por no poder oír o entender lo que decía.
Este jueves, los abogados, además, expresaron preocupación por la salud de Flores, quien se encuentra pendiente de un ecocardiograma. En su primera comparecencia en enero, la defensa ya había reportado lesiones en las costillas de la ex primera dama.
Maduro está aislado; lee la Biblia
Recluido en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, una prisión federal conocida por sus condiciones extremas, Maduro está presuntamente aislado en una celda sin internet ni periódicos.
Según una fuente cercana al gobierno venezolano, Maduro lee la Biblia y algunos de sus compañeros en la prisión le llaman «presidente».
Solo se le permite hablar por teléfono con su familia y con sus abogados por un máximo de 15 minutos, agregó la misma fuente.
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«Están muy bien, fuertes, muy bien, con mucho ánimo, con mucha fuerza», aseguró el lunes Nicolás Maduro Guerra, hijo del depuesto mandatario.
Maduro y Flores fueron sacados a la fuerza por comandos estadounidenses en las primeras horas del 3 de enero, con apoyo de ataques aéreos contra la capital venezolana y un importante despliegue naval.
En el operativo murieron al menos 83 personas y más de 112 resultaron heridas, de acuerdo con funcionarios venezolanos. Ningún efectivo estadounidense murió.
Tono desafiante
En su primera audiencia ante una corte, Maduro adoptó un tono desafiante y se identificó como presidente de Venezuela.
Bajo presión estadounidense, Delcy Rodríguez lucha por dirigir un país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero con una economía en ruinas.
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La mandataria interina impulsó una ley de amnistía para liberar a prisioneros políticos. También reformó la ley de hidrocarburos, en línea con las exigencias de Estados Unidos para acceder a la vasta riqueza de gas y petróleo venezolanos.
Este mes, Estados Unidos restableció lazos diplomáticos con Venezuela, en una señal de deshielo luego de siete años de ruptura.
Protestas fuera de la corte
Desde primera hora de la mañana se concentran a las afueras del tribunal dos grupos de manifestantes, uno a favor y otro en contra de Maduro, protagonizando enfrentamientos y momentos de tensión.
La Policía de Nueva York ha dividido las protestas para evitar nuevos choques.
El grupo chavista, compuesto mayoritariamente por estadounidenses, denuncia que el arresto de Maduro y Flores fue «ilegal» y exige su liberación, mientras que el otro, formado exclusivamente por venezolanos, pide que se haga justicia.
Entre los manifestantes se encontraban también tres personas de la organización ultraderechista española Hazte Oír, que portaban carteles con la cara de Maduro; el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el expresidente del Gobierno José Luís Rodríguez Zapatero, bajo el título «Criminales».