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En medio de los cambios políticos que se han producido en Venezuela en lo que va de 2026, el analista, jurista y exdiplomático Guillermo Belt, de 93 años, en entrevista con LA PRENSA, sostiene que la crisis de Cuba no seguirá ese mismo camino y que cualquier salida estará determinada por las particularidades del sistema cubano, el peso del aparato militar y los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región. En ese contexto, advierte que una vez contenida la situación en la isla, Nicaragua aparece como el siguiente escenario de cambios.
En el caso nicaragüense, Belt considera que el escenario es distinto al cubano y que podría resolverse con mayor rapidez, en la medida en que el país no enfrente una situación de colapso inmediato, aunque sí se encamina hacia cambios. “Una vez que (EE. UU.) tenga el asunto de Cuba bajo control, le tocará a Nicaragua”, apunta el jurista internacional de origen cubano, exiliado en Estados Unidos desde 1960.

¿Qué pasará con Nicaragua?
Con seguridad, afirma: “Estoy convencido de que este año Nicaragua no termina exactamente como está, ahí tiene que haber cambios”, aunque advierte que serán en otra forma y a otro ritmo.
“Ya comenzaron las conversaciones de parte de Nicaragua, estoy seguro”, sostiene, en un contexto en el que menciona posibles condiciones iniciales que marcarían el rumbo de una eventual negociación, como que Estados Unidos podría pedir que, para empezar a conversar, “aparten a Rosario Murillo”, una solicitud que, de ser hecha, funcionaría como prueba de voluntad política de la dictadura orteguista.
“No olvidemos que han dicho oficialmente (Estados Unidos) que no la reconocen, que es ilegal el cargo que ocupa; lo han dicho con todas sus letras. Eso no se dice por gusto, ni se dice al azar”, enfatiza.
Rusia y China en el entramado geopolítico de Nicaragua
Para Belt, el factor geopolítico adquiere un peso central en los posibles cambios en Nicaragua, particularmente por la presencia de Rusia y China en el país, que aparece como uno de los principales puntos de tensión con Estados Unidos.
En ese sentido, menciona que también podría plantearse un escenario en el que Estados Unidos condicione cualquier arreglo con Nicaragua, a la salida de la presencia rusa.
“Mire, yo le diría dos cosas. Yo creo que los rusos no están en condiciones de pararse firme a Estados Unidos. Si le dicen a Nicaragua: ‘Para arreglar este problema me sacan a los rusos de aquí o no hay arreglo’, los sacan. Y si los sacan, los rusos no pueden hacer nada”, señala, al considerar que Moscú no tiene capacidad de sostener una confrontación en este contexto.
Sobre China, indica que su papel responde a intereses distintos y advierte que su presencia no se limita a lo económico. “Los chinos, otra historia”, ya que el problema surge cuando “empiezan a hacer los puertos, cuando empiezan a hacer los aeropuertos, cuando empiezan a hacer bases que tienen uso doble”, y agrega que “el aeropuerto civil de hoy es el militar de mañana”.
Según el analista, para Estados Unidos ese tipo de presencia no es tolerable dentro de su entorno inmediato, por lo que anticipa que cualquier escenario de negociación pasará necesariamente por reducir o eliminar esas influencias, ya que “eso no lo va a permitir”.
Caso Venezuela no se replicará igual en Cuba
“Yo veo muy difícil que en Cuba se replique lo mismo que en Venezuela”, afirma Belt, quien advierte que lo que ocurre en ese país suramericano responde a condiciones específicas que no se reproducen en la isla. Además, considera que “lo que se está haciendo en Venezuela por Estados Unidos es novedoso”.

Belt, doctor en Derecho y exfuncionario internacional de la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), identifica en el modelo venezolano un elemento central: la existencia de una figura con poder político, control institucional y capacidad de gestión internacional, como lo es Delcy Rodríguez.
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“Es una persona totalmente comprometida con la dictadura desde la época de Hugo Chávez. Ni siquiera de época reciente, desde Hugo Chávez para acá”, señala, y añade que su rol ha sido determinante en distintos ámbitos del poder, siendo “la persona más importante, diría yo, en las transacciones internacionales, particularmente en relación con el petróleo”, afirma.
Esa combinación de factores, insiste, no tiene similitud en Cuba. “Primero, no hay, creo yo, una persona equivalente a ella en Cuba que yo pueda detectar”, y subraya el peso de los recursos como elemento diferenciador. “Una persona con la experiencia internacional que esta mujer (Delcy) tuvo, precisamente porque manejaba los inmensos recursos petroleros de Venezuela”, resalta el analista, quien se ha destacado por su trayectoria diplomática en la región.

Para Belt, ese manejo (sobre Venezuela) le permitió a Delcy Rodríguez construir redes de poder y “unas relaciones, por supuesto, espectaculares, no solo de tipo político, sino de tipo empresarial”.
Reconfiguración del tejido de la dictadura castrista
“Ahora, en Cuba esa figura yo no la veo”, dice, y analiza que dentro del entorno del poder ha surgido un actor que ha comenzado a ganar visibilidad. Es el sobrino nieto de Fidel y de Raúl Castro, que ni siquiera lleva como primer apellido el Castro. Se trata de Óscar Pérez-Olivas Fraga.
Está alejado de la familia inmediata, pero, a pesar de esa distancia nominal, se trata de “un hombre muy importante porque es el ministro encargado del comercio exterior”, resalta.
Pero, por otra parte, para Belt, la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro (conocido como «Raulito» o «el Cangrejo») en eventuales contactos con Estados Unidos no resulta sorprendente, pues su relevancia se basa en la confianza directa de su abuelo, Raúl Castro. “Entre civiles, no hay ninguna persona que tenga más confianza”, afirma. Incluso, asegura que esa confianza supera la depositada en otras figuras con mayor trayectoria formal: “Tiene más confianza en el nieto, que en su único hijo varón”.
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El analista también apunta que esa cercanía lo convierte en un canal directo dentro del sistema de poder, especialmente como interlocutor hacia Estados Unidos. “Lo veo como un conducto privilegiado (…). No va a maniobrar con la información y lo que el abuelo le diga lo transmite tal cual. Es totalmente fiel al abuelo”, insiste.
Más allá de los nombres, Belt insiste en que el elemento decisivo en Cuba no es una figura individual, sino la estructura de control. En ese sentido, señala que cualquier escenario pasa necesariamente por las Fuerzas Armadas, pues considera que el objetivo no será una transformación profunda del sistema político, sino evitar un escenario de colapso.
“Los dos grandes temores de Estados Unidos con respecto a Cuba son que si ocurre un colapso total, lo que se va a producir es un éxodo”. Y “Estados Unidos no se puede permitir el lujo de ver el estrecho de la Florida lleno de embarcaciones precarias de todo tipo y la gente tirándose al agua prácticamente”.
“Los dos grandes temores de Estados Unidos”
A ese factor se suma el riesgo de “un levantamiento con una represión brutal y tener el espectáculo de que están matando gente como las van a matar por miles en la calle”. En ese contexto, resume la lógica de actuación de Washington. “Mantengamos el funcionamiento mínimo de aquello para que no se produzca la estampida”, refiere.
Explica que esa lógica implica apoyarse en actores con capacidad de control, como el ejército, que “puede mantener el orden público”, al ser la única estructura con alcance nacional suficiente para sostener el funcionamiento del país en un escenario de crisis.
Respecto a figuras como Miguel Díaz-Canel, el analista considera que carecen de peso real dentro del sistema y que “es un empleado administrativo, ni pincha ni corta. No decide nada”. Por eso, sostiene que en un eventual proceso de reconfiguración se buscaría a alguien con control efectivo: “O un general o un civil que los generales quieran poner”, refiere Belt.
Estados Unidos tiene la llave de una posible recuperación
Por otro lado, el analista plantea que en Cuba lo que podría manejar Estados Unidos es el turismo, que hasta antes de la pandemia de covid fue una fuente importante de divisas. Explica que, tras el impacto de la crisis sanitaria, cuando se enfermaron muchos turistas, particularmente italianos y también algunos rusos, la actividad cayó y no se ha recuperado.
Considera que EE. UU. tiene la llave de una posible recuperación y que si logra reactivar esta industria, podría incidir también en otros sectores que aún funcionan en el país, aunque de forma limitada, ya que el resto de la economía está prácticamente arruinada.
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Menciona, por ejemplo, la explotación de cobalto, actualmente en manos de empresas canadienses en acuerdo con el gobierno cubano. A su juicio, Estados Unidos podría manejar esos recursos de manera que permitan sostener el funcionamiento del Estado, en un esquema que podría tener similitudes con el caso de Venezuela, aunque con diferencias claras, ya que Cuba no cuenta con ingresos comparables a los del petróleo.
El papel del exilio cubano
Sobre el papel del exilio cubano, Belt reconoce la aparición de nuevas voces, pero no ve en ellas un actor determinante en el corto plazo. “Hay alguna gente joven que se está destacando y eso promete un poco”. Sin embargo, afirma que no existe una participación decisiva en lo que vaya a ocurrir.
Considera que Estados Unidos sí escucha a sectores del exilio cubano, aunque no de forma directa ni articulada. Lamenta que la fragmentación interna limita su influencia. “Andamos siempre con multitud de grupos y multitud de ambiciones”, analiza.
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Belt prevé que hacia finales de este año, América Latina podría avanzar hacia un escenario con menos regímenes autoritarios como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua, sostiene que los cambios, aunque no serán inmediatos ni en los términos esperados, terminarán reconfigurando el panorama político en la región.
Insiste que Nicaragua no quedará al margen de esa dinámica, pero cualquier movimiento estará marcado por presiones externas, equilibrios de poder y el peso de la disputa geopolítica en torno al país.
Un poco de su vida: Cuba y la huella familiar
Guillermo A. Belt Martínez nació en marzo de 1933, en el barrio “La Coronela” de La Habana. Su vivienda estaba al lado de la casa de sus abuelos maternos. Ha sido abogado, diplomático, politólogo e historiador, según una síntesis de su biografía, publicada en la Academia Norteamericana de la Lengua Española.
Es hijo del también abogado Guillermo Belt Ramírez y de la señora Elisa Martínez Viademonte. “Mis padres son cubanos como las palmas”, escribió sobre ellos en su libro “Tiempo para todo bajo el Sol”.
Creció con sus hermanos José Agustín, Noel, Marilys y Juan. En 1945 fue un año de cambios para ellos. Tenía 12 años. Nombraron a su padre embajador en Estados Unidos. En esos años aprendió inglés, pero en casa la familia solía hablar en español.
Retornó a Cuba en 1949. Se bachilleró y luego estudió Derecho en la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva. Fue el primer expediente. A principios de la década de 1960, se instaló finalmente en Miami, un año después del ascenso de Fidel Castro al poder.



Su discurso de ingreso a la Academia Norteamericana se tituló El humor: Bálsamo en las heridas del exilio, en el cual disertó en aquel 2022 sobre las creaciones cubanas realizadas en esa situación.
“Un panorama del talento de artistas, que con su sentido del humor alivian el dolor de las heridas causadas por manos amigas y enemigas, inconscientemente o no, en el cuerpo maltratado del exilio”, escribió entonces.