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Los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo han visto desnudadas, en los últimos dos meses, las debilidades existentes en las alianzas que su régimen sostiene con los rusos y con los chinos. Potencias que no se solidarizaron y menos aún intervinieron, en la captura en Venezuela de Nicolás Maduro ni en el derrocamiento y muerte en Irán del ayatolá Alí Jameneí.
Tampoco se prevé una acción de los rusos o los chinos en Cuba, a pesar de que el pasado viernes el presidente estadounidense Donald Trump habló de «una toma de control amistosa» en la isla.
La relación de los Ortega Murillo con los iraníes los hacían llamarse “revoluciones gemelas”, ya que los ayatolá llegaron al poder en febrero de 1979 tras derrocar a la dictadura del sah Reza Pahlavi; y ellos en julio de ese mismo año tras sacar del poder al dictador Anastasio Somoza Debayle. Con el chavismo de Venezuela consolidaron la alianza a partir de 2007; y con Cuba desde los orígenes del sandinismo.
Que Donald Trump aún no haya actuado en relación a la Nicaragua de Ortega y Murillo no significa que «no estén en el radar» del republicano, indica a LA PRENSA un analista político que está en el exilio, y habla bajo condición de anonimato. Añade que, es cuestión de tiempo que los Ortega Murillo empiecen a «ser sometidos a presiones muy fuertes» para «comprometerlos a variar su actitud».
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Un Ortega sin salida
Según el analista, Ortega y Murillo han actuando en consonancia con los discursos tanto de Maduro como de Jameneí; y ahora, la caída de ambos, y la ausencia de apoyo de los rusos y los chinos, «pone en un contexto muy difícil» a los Ortega Murillo, por lo que les augura «un futuro totalmente negro», advierte el analista.
«Su posición (de Ortega y Murillo) de enfrentamiento con Estados Unidos está quedando como remanente de resistencia en el hemisferio y es un tema a resolver rápidamente, considerando los precedentes de Venezuela, Irán y cómo se está resolviendo Cuba», expone el analista.
Otro analista, que tiene tiempo de ser opositor a Daniel Ortega, considera que el dictador está «profundamente preocupado» por la nueva coyuntura, ahora sin Maduro y sin Jameneí, del que hasta hace poco, según notas de medios oficialistas, el 11 de febrero los Ortega Murillo e Irán se celebraban como «revoluciones hermanas», puesto que tanto la iraní como la sandinista asaltaron el poder en 1979.
«Ortega está profundamente preocupado, está haciendo análisis estratégicos y ve que no tiene salida. Puede intentar retomar conversaciones con Estados Unidos, con temas como la migración, el tráfico de drogas, pero en el nuevo contexto esos temas ya no tiene incidencia para mejorar la relación con Trump», manifiesta este segundo analista que también pide no mencionar su nombre.

Los Ortega Murillo están entregando el país a los chinos
A Ortega le pierde, añade, que ha entregado la economía de Nicaragua a China, haciendo un estimado de que le ha otorgado el 10 por ciento del territorio de Nicaragua en concesiones mineras a sus aliados chinos. Además de ofrecerles Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) y de pactar con ellos créditos para la construcción de puertos y aeropuertos.
Por otra parte, los dólares que Nicaragua obtiene comerciando con Estados Unidos, luego los ocupa para comprarle a China, algo que va contra los intereses comerciales de Estados Unidos, especialmente porque China es una potencia adversaria de los estadounidenses.
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Adicionalmente, si Ortega intentara iniciar una negociación con Estados Unidos, ahora tiene un nuevo problema, porque el Departamento de Estado de los Estados Unidos ya calificó a Rosario Murillo como «ilegítima» y eso descarta a la sucesora de Ortega como «interlocutora» en cualquier plática con los norteamericanos.
Aprovechar «cualquier línea de comunicación»
Ante el nuevo escenario, el dirigente opositor Juan Sebastián Chamorro también considera que Ortega está ahora «más expuesto» ante los Estados Unidos, debido a que las caídas de sus antiguos aliados ocurrieron de manera «trágica», especialmente la de Jameneí, pero también la de Maduro.
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Chamorro considera que por la muerte de Jameneí el sábado 28 de febrero, fue otro día en el que no pudieron dormir bien, después de que el sábado 3 de enero los estadounidenses capturaron a Maduro en Caracas.

«Este fue otro fin de semana en el que Ortega y Murillo no pegaron ojo, viendo que Trump dice que va a hacer y lo hace y se está caracterizando como una administración de acción. Estaban en negociaciones (con Irán) y pasó lo que pasó. Con Maduro también hubo negociaciones», señaló Chamorro.
El dirigente político y exreo político desterrado considera que Ortega y Murillo deben de leer entre líneas qué es lo que más les conviene hacer y, si todavía existe la posibilidad de abrir una línea de comunicación con Estados Unidos, ya que de existir esa oportunidad, deberían aprovecharla. Ya que de no hacerlo, se les puede hacer muy tarde y las consecuencias serán tan terribles para ellos, como lo fueron para sus aliados.