Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
María Corina Machado ha avalado el proceso de cambios que está ocurriendo en Venezuela desde el 3 de enero de este año, a partir de que una fuerza militar especial de Estados Unidos (EE. UU.) derrocó al dictador Nicolás Maduro, lo tomó preso y lo trasladó a Nueva York donde está siendo juzgado por una Corte Federal estadounidense.
Machado ya había respaldado de hecho este proceso en sus conversaciones con el presidente de EE. UU., Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio. Pero ahora lo ha hecho de manera expresa, en declaraciones a la agencia francesa de prensa, AFP, publicadas por LA PRENSA este miércoles 25 de marzo.
Machado reconoce en esa entrevista que el régimen chavista “se mantiene”, pero está “herido” y “se desmonta según instrucciones de (el presidente) Trump”.
Por su gran complejidad, el proceso político y económico que está en curso en Venezuela es causa de intensas controversias entre los políticos venezolanos y observadores extranjeros, que en su mayoría no lo ven como una clara transición a la democracia.
Al respecto, el director propietario del periódico venezolano El Nacional (que se edita en el exilio y en línea, igual que LA PRENSA de Nicaragua), Miguel Henrique Otero, sostiene en un artículo de opinión que no puede haber verdadera transición democrática mientras no se restablezca un ejercicio pleno e irrestricto del periodismo informativo y de opinión; si no se restituye la libertad de expresión para la totalidad de los ciudadanos y las organizaciones; y si no se derogan, sin excepciones, las leyes de persecución y coerción legal.
Otros destacados personajes democráticos venezolanos opinan igualmente que la transición no es posible mientras las estructuras e instituciones del régimen sigan intactas y que solo se cambie a las personas al frente de ellas.
Sin embargo, el estratega político y electoral venezolano, Juan José Rendón —a quien el diario español ABC ha calificado como uno de los diez principales expertos en política y campañas electorales del mundo—, advierte que “la transición no es un evento, es un proceso, es un rompecabezas que se arma sobre la marcha”. Y a partir de ese criterio básico sostiene que desde el 3 de enero Venezuela “ha pasado de la resistencia al acomodamiento, un estado intermedio donde las autoridades de hecho y las aspiraciones de derecho deben convivir para evitar el abismo de un Estado fallido”.
Por su parte, María Corina Machado opina en las declaraciones que comentamos que “el régimen está herido. Irremediablemente. Y se está desmontando. De hecho, siguiendo instrucciones del presidente Trump, están desmantelando sus propias estructuras represivas y de corrupción. Un paso importantísimo para avanzar hacia la transición. Pero esta transición ya está en marcha”.
La controversia sobre el proceso que está ocurriendo en Venezuela se debe sobre todo a que no se asemeja a las transiciones democráticas conocidas. Como por ejemplo las de Grecia, Portugal y España, en Europa, o las de Chile, Argentina, Uruguay y Nicaragua, en América Latina.
Las transiciones conocidas hasta ahora han tenido en común el desmontaje más o menos rápido de las estructuras del viejo régimen, el desplazamiento de sus líderes y operadores principales, el reconocimiento de las libertades y los derechos y garantías democráticas, y la convocatoria más o menos pronto a elecciones libres y plurales.
Pero la de Venezuela viene a ser como un nuevo modelo de transición, completamente desconocido. Lo que explica que cause más dudas que certezas y confianza.
Como advierte el experto venezolano Rendón, la transición no es solo un evento. Ni se realiza, agregamos nosotros, conforme a una receta, como si fuese una elaboración culinaria que sin falta debe contener tales o cuales ingredientes y cumplir determinados requisitos de preparación y cocción.
En todo caso, lo evidente es que en Venezuela está en marcha un proceso de cambio, una forma original de transición de la dictadura a la democracia. La que no necesariamente se podrá repetir en otros países, pero en todo caso enriquece la experiencia internacional y debe ser estudiada y aprovechada por los que quieren impulsar cambios transicionales en los países que todavía están dominados por dictaduras. Como Nicaragua y Cuba.