Artisanal miners actively extracting gold at the Santa Fe farm, in the La Esperanza 1 community, within the buffer zone of the Indio Maíz Reserve, Nicaragua. *LA PRENSA / ANGIE PÉREZ*

Artisanal miners actively extracting gold at the Santa Fe farm, in the La Esperanza 1 community, within the buffer zone of the Indio Maíz Reserve, Nicaragua. *LA PRENSA / ANGIE PÉREZ*

Minería e invasiones destruyen reservas en Nicaragua

Las áreas protegidas de Nicaragua, creadas para preservar la vida natural, hoy están bajo presión por explotadores sin escrúpulos apoyados por el Estado que debe protegerlas.

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Los registros oficiales indican que el país posee 74 áreas protegidas, de las cuales cuatro son reservas de biosfera. En conjunto, abarcan aproximadamente 7,462,410 hectáreas, es decir, más del 50 % del territorio nacional. Estas áreas están, en teoría, respaldadas por un marco legal que busca garantizar su conservación, el manejo sostenible y la restauración de la flora, la fauna silvestre y otras formas de vida, así como la protección de la biodiversidad. 

Nicaragua es un país privilegiado por la naturaleza, debido a su ubicación geográfica entre dos grandes océanos, lo que le permite albergar cerca del 7 % de la biodiversidad del planeta. Su vecino del sur, Costa Rica, posee alrededor del 6 % de la biodiversidad mundial; sin embargo, a diferencia de Nicaragua, ha sabido preservar su sistema ecológico y aprovecharlo como un atractivo turístico de relevancia internacional. 

Los invasores de tierras, operan con el aval de autoridades del Ejército y la Policía, mientras el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (MARENA) permanece indiferente. Bosawás ha sido una de las primeras reservas de biosfera afectadas por el avance de la frontera agrícola y ganadera; a esta situación se suman Río San Juan y la reserva de Indio Maíz. 

Desde el regreso al poder de la dictadura de los Ortega-Murillo en enero de 2007, la preservación de la biodiversidad no ha sido una prioridad. Por el contrario, se han promovido invasiones de tierras para expandir la frontera agrícola, incluso en zonas núcleo y de amortiguamiento de áreas protegidas como Bosawas. Estas tierras han pertenecido históricamente a comunidades indígenas asentadas durante siglos en estas selvas tropicales. 

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Estas áreas enfrentan ahora una nueva amenaza: la minería industrial y artesanal, que destruye el hábitat y la biodiversidad. Esta actividad ha sido incentivada por el otorgamiento indiscriminado de concesiones mineras por parte del régimen, comprometiendo la soberanía nacional y acelerando la deforestación. 

La destrucción de los recursos naturales también ha venido acompañada del despojo, la persecución, la criminalización y el asesinato de comunidades indígenas que habitan estas reservas. Con ello, no solo se les arrebata la vida, sino también su forma de subsistencia y su vínculo esencial con el bosque y sus recursos.

Madera recién aserrada de árboles tumbados en el bosque de Bosawas, en la zona núcleo, donde hay invasión de colonos, crímenes contra indígenas y cultivo de marihuana. LA PRENSA / ARCHIVO
Un colono, con machete en mano, posa sobre madera recién aserrada destinada a la construcción de su casa, obtenida de árboles talados en las faldas del cerro Saslaya, en la zona núcleo de Bosawas, la reserva más grande de Centroamérica. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
Árboles tumbados y quemas para cultivo en la comunidad de Wiwinak, en la Región del Caribe Norte, en la zona de amortiguamiento de Bosawas. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
Una campesina camina sobre troncos de árboles caídos en zonas invadidas por colonos, en el cerro Saslaya, en Siuna, zona núcleo de Bosawas. Esta Reserva de Biosfera agoniza lentamente por el despale indiscriminado, la invasión de colonos, la minería artesanal y el avance agrícola y ganadero, provocando la pérdida de más del 10 por ciento de sus bosques en 2024. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
El río Coco fue nombrado por la Unesco como Geoparque Mundial en julio de 2020, convirtiéndose en el único de Centroamérica con esta categoría. Sin embargo, el despale de su cuenca, la extracción de agua para actividades agropecuarias y la contaminación amenazan con destruirlo. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
Árboles de pino talados cerca del río Tapacalí, donde nace el río Coco. En esta zona del país la extracción de madera no tiene control y opera como un cartel. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
En verano, la población enfrenta problemas de abastecimiento de agua debido a la disminución de los caudales de ríos, pozos y manantiales. Al final, el daño lo sufren el río y las mujeres. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
La crisis de las fuentes hídricas no se limita a la naciente del río Coco, sino que se extiende por todo el departamento de Nueva Segovia, especialmente en la cordillera de Dipilto y Jalapa, que es una de las cuatro reservas de biosfera del país. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
La dictadura Ortega Murillo ha empeñado la soberanía de Nicaragua, entregando en concesión a 15 empresas mineras chinas el 8.5 % del territorio nacional. LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
En 2022 se reformó la Ley Especial sobre Exploración y Explotación de Minas para evadir las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a la Empresa Nicaragüense de Minas (Eniminas). Desde entonces, se han otorgado concesiones mineras a empresas de origen chino dentro de áreas de reservas.LA PRENSA / ÓSCAR NAVARRETE
Mineros artesanales se internan en la selva protegida para la explotación de oro en la Reserva Biológica Indio Maíz. LA PRENSA / ANGIE PÉREZ
La voracidad de la minería artesanal ha traspasado fronteras. “Güiriseros” de Nicaragua cruzan la frontera sur en Costa Rica para extraer oro en Crucitas, una práctica que se realiza desde 2017. LA PRENSA / ANGIE PÉREZ
Un incendio fue provocado por colonos de la comunidad Siempre Viva, a tres kilómetros del municipio de San Juan de Nicaragua. Este desastre ecológico en la Reserva Biológica Indio Maíz fue el preámbulo de los estallidos de 2018. LA PRENSA / ARCHIVO
Indio Maíz está seriamente amenazado por la minería y la ganadería ilegal, la invasión de colonos y el tráfico de tierras, lo que pone en riesgo la biodiversidad de la Reserva. LA PRENSA / FUNDACIÓN DEL RÍO
Las comunidades indígenas asentadas en la Reserva Biológica Indio Maíz, Rama y Kriol cuidan y preservan el bosque y sus especies. Es su medio de supervivencia. LA PRENSA / FUNDACIÓN DEL RÍO
La dictadura Ortega Murillo está empeñada en agotar los recursos naturales de Nicaragua. Fomenta la invasión de colonos, la tala del bosque, el tráfico de tierras, la ganadería ilegal y asestando la estocada final con nuevas concesiones mineras. LA PRENSA / FUNDACIÓN DEL RÍO
La Prensa Domingo minería Nicaragua archivo

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