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La expresión latina pecunia non olet, cuyo significado en español es «el dinero no huele», se refiere a que la importancia del codiciado recurso monetario es ajena a su origen y procedencia, aunque esta sea desagradable e incluso inmoral.
Se conoce que la expresión latina mencionada es original de Vespasiano, emperador romano en el siglo I de nuestra época, quien la dijo cuando le reprocharon que estaba sacando provecho económico de los hediondos urinarios públicos de Roma.
Pero cualquiera que hubiera sido su origen, la antigua expresión latina refleja justamente el hecho de que hay personas que, con tal de hacer negocios y entre más fáciles y lucrativos mejor, no les importa pasar encima de las normas convencionales de la ética personal, gremial y pública.
Este comentario es a propósito de la información publicada por LA PRENSA el jueves 19 de marzo corriente, acerca de la visita a Nicaragua del multimillonario empresario y político británico Nicholas (Nick) Candy, quien tiene inversiones en la minería del oro nicaragüense.
Candy, quien además de magnate empresarial es dirigente de un partido político de ultraderecha del Reino Unido, se mostró en público junto con Laureano Ortega Murillo y otros destacados operadores de la dictadura de Nicaragua, mostrando una gran cordialidad y mucho entendimiento mutuo. Según la información de LA PRENSA, la cordial visita de negocios del rico empresario y político británico ha ocurrido a pesar de que «el Reino Unido ha sancionado a Rosario Murillo y otros funcionarios por socavar la democracia y el Estado de derecho, reprimir a la sociedad civil, a la oposición democrática, y por violaciones de los derechos humanos».
Pero es que, como se dice habitualmente, una cosa son los negocios y otra es la política. O sea que, en el caso que nos ocupa, esa clase de decisiones políticas del Gobierno del Reino Unido no obligan a sus empresarios a acatarlas. Y menos si el magnate empresarial es también dirigente de un partido político de ultraderecha, que no es precisamente devoto del respeto a los derechos humanos y menos en un país pequeño y atrasado como Nicaragua, del que solo le interesa su riqueza mineral aurífera para explotarla y aumentar sus ganancias de inversionista extranjero.
Se dice que existe una ética empresarial que atañe a todos los empresarios privados. Supuestamente se trata de un conjunto de principios y valores, como integridad, justicia, respeto a los demás y transparencia en los negocios. La cual tiene el propósito de equilibrar el beneficio económico con el bien común, o sea el interés de lucro con la responsabilidad humana individual, social y ambiental.
Se considera que la ética empresarial es provechosa para los mismos empresarios, ya que les genera confianza pública, mejora su reputación empresarial y garantiza la rentabilidad y sostenibilidad de sus empresas o negocios a largo plazo.
Incluso, los teóricos de la ética empresarial advierten que los empresarios que no la practican, inevitablemente sufren consecuencias negativas como pérdida de credibilidad y reputación en el mercado, conflictos administrativos y sanciones legales, dificultades para atraer inversiones y captar recursos humanos mejor preparados y talentosos, problemas internos y baja rentabilidad, etc.
Si tal cosa es cierta o no, sin duda que muchos empresarios privados aplican la ética empresarial en sus negocios. Pero del mismo modo hay otros que operan según la regla de que el dinero, como sea que se obtenga, no tiene mal olor. Sobre todo en un país como Nicaragua, donde existe un sistema capitalista corrupto, controlado por una cúpula amoral que premia a los amigos y castiga a quienes no lo son.
Un país donde empresarios extranjeros como el susodicho británico se sienten a sus anchas y lo demuestran exhibiéndose con los amos del poder.