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En Cuba existe ahora un doble apagón, por un lado, se trata de un apagón energético, tan total que convierte a Cuba desde el espacio, en el lugar menos iluminado del planeta, tan pocas luces se han de ver en Cuba desde la Estación Internacional Espacial, como en la selva Amazónica o en el Sahara, lugares que tienen la más baja densidad demográfica del planeta.
Pero a la par de este apagón energético, existe otro más profundo y total que es el apagón del sistema comunista que ya no funciona y ha envejecido tanto que se ha quedado rezagado frente a otros sistemas comunistas como el de China y Vietnam. Estos países comprendieron a tiempo que para sobrevivir en el mundo moderno tenían que insertarse en la economía de mercado, aún cuando preservaran los aspectos políticos del sistema comunista que les permitiera seguir ejerciendo el poder indefinidamente.
Es así que han logrado modernizar sus economías y competir exitosamente en el mercado mundial, en cambio Cuba ha sucumbido a un apagón total: tecnológico, social y económico que amenaza ahora su sistema político dictatorial. Sin lugar a dudas esta debe ser la aspiración de la nomenclatura castrista: el modelo de China y Vietnam.
La Habana es hoy una ciudad en ruinas y no por una guerra, como suele suceder, sino porque quedó fundida en el pasado y bien podría ser el escenario de una nueva versión de la película: Lo que el viento se llevó.
En estas circunstancias del doble apagón, entra en el juego la administración norteamericana con el estratega secretario de Estado Marco Rubio, que solo tuvo que bajar el último interruptor de energía de Venezuela para que el apagón sea total, una parte es culpa del sistema con 67 años padeciendo el cáncer terminal del socialismo del siglo XXI y la última parte inducido por la Administración del presidente Trump que desconectó al paciente que era mantenido artificialmente por la Venezuela de Chávez y Maduro.
Ante la disyuntiva de cambiar para sobrevivir, o terminar siendo derrocados por su pueblo empobrecido, se impone el pragmatismo de los Castro. Es así que negocian con los Estados Unidos buscando cómo cambiar algunos aspectos para salvar la economía, sin arriesgar el poder y hasta le han pedido al exitoso exilio cubano de Miami que regrese a su terruño a invertir.
Según informaciones del New York Times la administración Trump estaría presionando para sacar del juego al presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel supuestamente de la “línea dura” —quien ya debe estar buscando asilo en Nicaragua— lo que permitiría hacer cambios estructurales en materia económica sin imponer quién debería de sucederle en la conducción.
En mi opinión, se trata de un esquema parecido al de Maduro, que con solo su remoción del poder dio paso a una serie de cambios dramáticos en materia política y económica en tan solo dos meses, aunque el chavismo continúa en el poder.
Se imponen dos realidades que llevan a la negociación: el pragmatismo de los Castro que buscan cómo sobrevivir para seguir en el poder, salvando de paso a la economía, y el pragmatismo de la Administración Trump que, sin incurrir en el costo político y militar de la intervención en Venezuela para extraer a Maduro, se le ha presentado la oportunidad de apagar la última bujía para iniciar un proceso de cambio en Cuba.
Si esta será una transición hacia la democracia, lo dudo mucho, al menos no de golpe, como ha ocurrido en Venezuela, pero sí lo será en la dirección correcta de la historia y en beneficio del sufrido pueblo cubano, que saldrá al fin del doble apagón.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.