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Este miércoles 18 de marzo, el gobierno democrático de Costa Rica rompió relaciones con la dictadura comunista de Cuba y expulsó del país al personal diplomático cubano. Lo cual no ha sido precisamente una sorpresa, pues desde el 5 de febrero pasado el gobierno costarricense había retirado el personal diplomático de la sede de su embajada en La Habana.
Es obvio que esta decisión del gobierno costarricense forma parte de la estrategia de Estados Unidos (EE. UU.) y sus aliados latinoamericanos de asediar a la dictadura cubana y apretarle el cuello para obligarla a hacer cambios que abran el camino a una transición democrática, forzada pero pacífica.
Según personas que suelen estar bien informadas, esa estrategia se conversó en la Cumbre Escudo de las Américas realizada en Miami el pasado 7 de marzo, en la que el presidente Donald Trump se reunió con los presidentes de los países que son sus aliados regionales más cercanos. Allí se habló de limpiar de dictaduras y penetración extracontinental maligna el hemisferio occidental, para garantizar la seguridad nacional de EE. UU. y la estabilidad de todo el continente.
El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, cuyo mandato termina el 8 de mayo próximo, justificó la decisión de romper las relaciones con Cuba advirtiendo que «hay que limpiar al hemisferio de comunistas (…), nosotros no le vamos a dar legitimidad al régimen que oprime y tortura a casi diez millones de cubanos hoy». Por su parte, la presidenta electa, Laura Fernández, quien pertenece al mismo partido político de Chaves, validó la ruptura con Cuba asegurando que «es una decisión que hemos tomado priorizando la dignidad humana del pueblo cubano. Costa Rica es un país ejemplo mundial, somos amantes de la libertad y de la democracia».
Ambos líderes costarricenses dejaron claro que la ruptura de relaciones de Costa Rica con Cuba es un giro hacia una política exterior de cero tolerancia a regímenes autoritarios que carecen de legitimidad y violan los derechos humanos. Ante lo cual algunos nicaragüenses exiliados y refugiados en ese país hermano y vecino del sur se han preguntado: ¿Y con la dictadura de Nicaragua cuándo van a romper?
Sin embargo, aunque en Nicaragua hay también una dictadura odiosa como la de Cuba los casos no son iguales para el Gobierno de Costa Rica.
La relación de Costa Rica con Cuba ha sido más bien política y de muy poca o ninguna importancia económica. El expresidente Oscar Arias, quien restableció la relación bilateral entre ambos países en 2009, dice que lo hizo con la intención de utilizarla para presionar por una apertura democrática en Cuba. Pero eso nunca se logró, reconoce, y ahora que “la dictadura cubana tiene sus días contados” asegura que no hay ninguna razón para que Costa Rica la siga reconociendo.
Ciertamente, la relación con Cuba ha sido mínima en términos económicos y comerciales, y Costa Rica no pierde prácticamente nada con romperla. El año pasado, por ejemplo, según la Promotora de Comercio Exterior las exportaciones costarricenses a Cuba fueron apenas de 48.6 millones de dólares, principalmente en antisueros. En tanto que las importaciones fueron de escasos 203,800 dólares, en su mayoría por la compra de cigarros (puros), ron y aguardiente de caña.
En cambio, con Nicaragua las relaciones económicas de Costa Rica son vitales. Además de ser países vecinos fronterizos forman parte de un proceso de integración económica y son socios en el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con EE. UU. y República Dominicana (DR-Cafta). De manera que las mismas autoridades costarricenses que han roto con la dictadura de Cuba, con la de Nicaragua más bien buscan cómo fortalecer la colaboración en asuntos de interés común.
Se dice que en política cualquier cosa es posible, sin embargo, no es razonable prever que solo por razones políticas Costa Rica pudiera romper las relaciones con Nicaragua. Lo cual no impide que, como lo han dicho y reiterado todos los expresidentes de Costa Rica, este país democrático debería ser más beligerante contra la dictadura de Nicaragua en los organismos y foros internacionales.