La próxima revolución cubana podría ser pacífica

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Desde que las fuerzas de Fidel Castro derrocaron al régimen de Fulgencio Batista en 1959, Cuba ha sido un paradigma revolucionario para la izquierda latinoamericana y el talón de Aquiles de Estados Unidos en la región. Si bien la tan anunciada caída del régimen no se ha materializado, esto podría cambiar ahora que el presidente estadounidense Donald Trump ha tomado el control de la industria de combustibles fósiles de Venezuela, lo que le ha permitido a su administración establecer un bloqueo petrolero efectivo contra Cuba.

Aunque Trump recientemente flexibilizó restricciones a las ventas privadas de petróleo a Cuba, su campaña de presión ha hundido al país en una crisis, resultando en condiciones humanitarias extremas y aumentando significativamente el riesgo de migración incontrolada por barco a Estados Unidos y México.

Florida, el estado estadounidense más cercano a Cuba, probablemente podría gestionar un éxodo de mayor escala que el del éxodo del Mariel en 1980, cuando unos 125,000 cubanos llegaron a Miami después de que Castro levantara brevemente la prohibición de emigrar. Sin embargo, esto podría causar controversia política, especialmente dada la agenda antiinmigrante de Trump. La península de Yucatán, en México, otro importante destino para los migrantes cubanos, carece de los recursos necesarios para recibir y atender a quienes huyen de la isla, como se ha hecho evidente en los últimos años.

Para aliviar el sufrimiento de los cubanos y prevenir una nueva crisis migratoria, se requieren medidas urgentes e innovadoras. En lugar de amenazar con una «toma de poder amistosa», el gobierno estadounidense debería posicionarse como un posible socio comercial. Esto requeriría levantar el embargo comercial, algo que el expresidente estadounidense Barack Obama intentó hacer, aunque las divisiones partidistas frustraron el esfuerzo.

El momento es propicio para este enfoque. Con una revisión conjunta obligatoria del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) programada para finales de este año, sus miembros deberían considerar invitar a Cuba a unirse. El turismo es la principal fuente de ingresos de la isla, y más de la mitad de sus visitantes anuales provienen de estos tres países. Además, los líderes cubanos han manifestado su interés por la inversión. Estos factores, sumados al riesgo de desintegración social, podrían ser suficientes para obligar a Cuba a iniciar una transición hacia una economía de mercado con un marco legal predecible.

Este cambio no es inaudito. Consideremos, por ejemplo, la exitosa integración de los países poscomunistas en la Unión Europea. La perspectiva de la adhesión a la UE creó enormes incentivos para el cambio interno. La liberalización del mercado, por supuesto, provocó conmociones, pero la mayoría de estos países se encuentran ahora en una situación mucho mejor tras haber tomado la medicina de las reformas, y Polonia se ha consolidado como una de las economías de mejor desempeño de la UE en los últimos años. La expansión fue beneficiosa no solo para el mercado europeo, sino también para la seguridad regional.

En comparación con Europa, América del Norte comparte afinidades culturales más fuertes, incluidos tres idiomas principales (inglés, español y francés) y, a pesar de las guerras libradas en el siglo XIX, un sentido común de pertenencia a un nuevo mundo que se había liberado de las ataduras del colonialismo.

Además, la implementación en 1994 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fortaleció la cohesión y mejoró la calidad de vida en los tres países. Trump, quien intentó rescindir el TLCAN en su primer mandato antes de darse cuenta de que hacerlo sería un suicidio político, lo reemplazó en 2020 con el T-MEC, que endureció las normas de origen para el comercio de mercancías.

Como resultado, México se convirtió en el principal socio comercial de Estados Unidos, seguido de cerca por Canadá, y los tres países están aún más integrados hoy que antes de la llegada de Trump al poder, lo que los coloca en una posición más sólida para competir con China. Esto se mantiene a pesar de la retórica beligerante de Trump contra los vecinos de Estados Unidos y la imposición de elevados aranceles de importación en su segundo mandato. De hecho, México y Canadá han obtenido resultados relativamente favorables tras la introducción de aranceles, ya que los productos que cumplen con el T-MEC están exentos.

La administración Trump enfrenta actualmente varios desafíos. Los precios se mantienen altos antes de las elecciones intermedias, y la guerra entre Estados Unidos e Israel en Irán amenaza con exacerbar las preocupaciones del electorado sobre la asequibilidad. La incorporación de Cuba al T-MEC crearía un mercado más amplio, mejoraría el acceso a minerales críticos, que ya son extraídos en Cuba por empresas canadienses, y aseguraría la transición de Cuba a una economía de mercado sin recurrir a la fuerza.

Así como las estridentes opiniones anticomunistas del presidente estadounidense Richard Nixon le dieron respaldo político para abrir relaciones con la República Popular China, las credenciales de ultraderecha de Trump lo posicionan como una opción ideal para arriesgar una reconciliación con Cuba. Como hijo de inmigrantes cubanos y partidario de la línea dura, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, también se encuentra en una posición privilegiada para lograr este resultado.

Pero Trump y Rubio deben elegir la vía más efectiva y menos dolorosa: la integración regional. Los cubanos ya han soportado suficiente sufrimiento, incluyendo el dolor del exilio y la separación familiar. Puede parecer improbable, pero una nueva revolución cubana pacífica es posible.

La autora es diplomática mexicana de carrera, es ex embajadora de México en Cuba (2002-2005) y autora de Historia mínima de las relaciones exteriores de México (El Colegio de México, 2012) y La política exterior del porfiriato (1876-1911) (El Colegio de México, 2010).

Derechos de autor: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí