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Una de las lecciones que he aprendido siendo consultora y que me encantaría que todos los empleadores conozcan e implementen es la que se resume en el reclamo ¿Por qué hacerlo fácil… si difícil también se puede? Y es que en todos los procesos, desde los trabajos que son muy mecánicos, hasta aquellos que requieren mayor estrategia es importante pensar la forma de simplificar las cosas.
Esta es una necesidad pública que se muestra incluso en eslogan que se han creado como “sobreviví a una reunión que pudo ser un mail”. ¿Cuántas veces los han llamado o sido convocados a reuniones donde se les “informa” y que pudo ser comunicado por correo electrónico?
¿No les ha pasado que de pronto piensan en la forma de hacer más sencillo algo y son orientados a hacerlo complicado, que incluso piensan razones por las que de esa forma lleva más tiempo, recursos y paciencia? Bueno, es en esos momentos que se dice “por qué hacerlo fácil, si difícil también se puede”.
Lo que pasó un poco cuando fuimos obligados a manejar la virtualidad. Recuerdo que cuando llegó la pandemia muchos decían que había una reducción de trabajo porque no se podían hacer cosas presenciales y a mí me tocó sacar energías de la reserva, porque hacía consultorías para mostrar cómo trabajar en línea y mejorar procesos desde la virtualidad.
Todo esto surge porque alguien decide hacerlo difícil, pareciera que ser “jefe” es sinónimo de complicar las cosas. Y aclaro lo de ser jefe porque hay líderes que impulsan la carrera junto a sus equipos. Lo clave es saber cuándo en una reunión de equipo se pasa de discutir opciones a decir “sí señor”, eso damas y caballeros es una red flag, una bandera roja, una señal de alerta de que el equipo está cansado de emitir sus opiniones y no ser escuchado o que, aunque ven opciones más simples, procesos más sencillos, deciden hacer las cosas como dice el que manda en el lugar.
¿Es posible explicar las cosas con peritas y manzanas? Es importante llevar procesos a algo más visual. Por eso hay planos para una casa y cuando alguien quiere explicar lo importante de lo más básico de esa fuerza que sostiene, se habla de cimientos. Se debe pensar en la forma más sencilla de explicar nuestra opción, de cómo eso podría ser más sencillo.
Así que cuando tomen decisiones analicen si es la forma más efectiva de hacer las cosas y no olviden que la decisión más importante es el equipo con el que trabajan y si confían en esa decisión confíen en cada uno de ellos. Si reconocieron un talento no lo opaquen; no es lo mismo pulir un talento que opacarlo con la postura de “porque yo digo, porque yo mando” o porque “así se va a hacer”.
Intenten reuniones ejecutivas donde se lleguen a discutir puntos y tomar decisiones. Y si tienen dudas de si lo están haciendo bien pregunten o simplemente aprendan a ver las señales, los rostros, los gestos, la postura de su equipo y si escuchan un “sí señor”, como dice un niño al que admiro, “ya valieron verdura”.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.