Habrá que rescatar también a nuestros héroes nacionales

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Cuando el demagogo comandante Fidel Castro pronunció su famoso discurso La historia me absolverá, siendo prisionero por haber intentado dar un golpe de Estado en Cuba al dictador Fulgencio Batista el 26 de julio de 1953, jamás se imaginó que a su querido hermano Raúl y a uno de sus incondicionales del Partido Comunista, conocido como Miguel Díaz-Canel, les correspondería en actitud genuflexa entregar el llamado “poder revolucionario” al “imperialismo yanqui”.

Vale la pena recordar ahora, cuando la funesta tiranía de los Castro se tambalea al borde del precipicio, después de haber causado tantos males durante 67 largos años, no solo al hermano pueblo cubano sino de igual manera a otros pueblos latinoamericanos. Vale la pena, repito, recordar ahora la última frase de aquel discurso, que en su momento provocó tantas esperanzas en aquellos pueblos que como el de Nicaragua —con la nefasta dinastía de los Somoza— sufrían en carne propia los abusos intolerables de la otra abominable satrapía. Castro desde el pináculo de su creciente popularidad exclamó: ¡La historia me absolverá!

Considero que ha llegado la hora de aclarar los nublados, que para el porvenir dejó Castro en su intervención: ¿Podrá absolver la historia a uno que adoptando poses de libertador, traicionó a su pueblo entronizando en el gobierno a una de las tiranías más sangrientas que registran los anales de la historia americana? ¿Podrá absolver la historia a uno que montado sobre las libertades que el pueblo demandaba y que el déspota de Batista conculcaba, llegado al poder y apoyado por el partido comunista fusiló a miles de sus compatriotas y expulsó de su patria a otros millones de conciudadanos, solo por no estar de acuerdo con sus disparatadas ideas? ¿Podrá absolver la historia a uno que mientras él y su familia se daban la gran vida como jeques petroleros, al pueblo llano mediante la tarjeta de racionamiento los lanzaba al hambre, a la miseria y a la desesperación, so pena si protestaban, de ir a parar con sus huesos a las inmundas cárceles donde se encontraban hacinados otros miles de sus compatriotas víctimas de la represión? ¿Podrá absolver la historia a los autores de tales crímenes?

El otro tema que me gustaría someter a la consideración pública es el relacionado con los nombres de nuestros héroes nacionales. Ya sabemos que una de las máximas preferidas por los marxistas leninistas es la que muchos atribuyen a Maquiavelo (1469-1527), de que “el fin justifica los medios”. En la praxis lo han demostrado. Por alcanzar el poder o por conservarlo, han tenido hasta la osadía de afirmar, sin inmutarse, que Jesucristo fue el primer socialista del mundo.

En esta misma línea de pensamiento en América Latina nos encontramos con el absurdo de que los fundadores del Socialismo del Siglo XXI –pronto a desaparecer y todos supuestamente marxistas– levantaron sus organizaciones políticas enarbolando las banderas y los nombres de nuestros héroes nacionales que contrario sensu de los comunistas fueron verdaderos amantes de la democracia y de la libertad. Así surgieron las dictaduras de Cuba (1959), Nicaragua (1979) y Venezuela (1999). La Revolución Martiana de Cuba, ajena y contraria al pensamiento del apóstol José Martí; la Revolución Sandinista de Nicaragua para desgracia del General de Hombres Libres, enemiga declarada de la democracia occidental y la Revolución Bolivariana, totalmente divorciada de las ideas del Libertador Simón Bolívar en Venezuela.

Ahora la pregunta es: ¿Qué culpa tiene José Martí (1853-1895) de que Fidel Castro, aprovechándose del prestigio del héroe, haya bautizado su fracasada Revolución con su nombre? ¿Qué culpa tiene Simón Bolívar el Libertador (1783-1830) de que Hugo Chávez y su pandilla de narcotraficantes hayan adoptado su nombre para promover la Revolución Bolivariana? ¿Qué culpa tiene el general Augusto César Sandino de que los fundadores del nefasto FSLN hayan manchado su nombre cometiendo horrendas atrocidades?

Se acerca con pasos agigantados el día cuando los nicaragüenses, libres ya de las garras de la dictadura Ortega-Murillo y gozando de las bondades de la democracia y de la libertad, podremos rendir el tributo de reconocimiento a nuestros héroes nacionales que como Sandino, lo dieron todo por la patria en su doloroso camino hacia la inmortalidad.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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