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El recién pasado domingo 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer.
Si hay un ser vivo que merece ser homenajeado no solo un día, sino que todos los días del mundo, ese es la mujer. Pues salvo escasas excepciones, la mujer en sus diferentes etapas como hijas, esposas, madres y abuelas, son el ser más noble del universo.
En 1975, Naciones Unidas formalizó la fecha como Día Internacional de la Mujer. El llamado 8M «se refiere a las mujeres como artífices de la historia por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre».
Distintos historiadores coinciden en que una antesala directa de este Día Internacional de la Mujer fue la marcha de mujeres que se llevó a cabo en 1908 en Nueva York, donde unas 15,000 de ellas se manifestaron para pedir menos horas de trabajo, mejores salarios y derecho a votar.
Hoy a las mujeres en el mundo, en la gran mayoría de los países se les reconocen sus derechos como iguales a los hombres, pero su lucha todavía está lejos de alcanzar todos sus objetivos, por ejemplo, los países árabes específicamente Irán, Pakistán entre otros. En esos países las iniquidades que se cometen contra las mujeres son inenarrables. Ojalá y pronto se reconozca el valor de ellas y cese todo tipo de discriminación.
Pero en realidad la intención de este artículo es rendir un homenaje a la mujer en general en sus diferentes etapas de sus vidas. Personalmente tengo la suerte de estar rodeado de mujeres, especial mención a mi esposa que me ha acompañado en todas las peripecias de mi vida, mis tres hijas que desde que nacieron han sido mi tesoro más preciado. Les comento una anécdota, una de ellas es callada, de una personalidad muy reflexiva. Siendo una niña en el colegio, la entrevistó un psicólogo que luego de auscultarla me dijo: “Lo felicito, para su hija usted es su héroe, lo admira y junto con su madre son el centro de su universo”. Por demás esta decirles que salí de esa entrevista inflado como sapo.
Después, con el tiempo dos de mis hijas se convirtieron en madres y he sido testigo del amor y cuido que prodigan a sus hijos que son mis nietos (Klaus y Mia Guadalupe) esa ampliación de mi cuadro familiar convirtió a mi esposa en abuela y a mí en abuelo. Les comento que todo lo que se dice del amor de los abuelos a los nietos se queda corto, como se ama a esas personitas. Para mí personalmente tienen una connotación especial, pues considero que ellos (mis nietos) son la representación de lo que llamamos vida eterna, pues en ellos están mis genes los de mis padres y seguirán estando en sus respectivas descendencias.
Pero volviendo al tema, la mujer de ninguna manera es el sexo débil, por el contrario, son mucho más fuertes que nosotros los hombres. Por ejemplo, a mí un simple catarro me bota, ya no se diga una calentura o cualquier enfermedad. En cambio, ellas aun enfermas se ocupan de los quehaceres de la casa, de atendernos a nosotros y sus hijos y raramente se quejan. El que ha tenido la suerte de estar rodeado de mujeres puede decírselos.
Ahora, antes de finalizar permítanme compartirles le suerte que tuve de ser creado por una mujer que Dios convirtió en mi ángel, mi madre. Me protegió, me cuido y todos los días de su vida pidió a Dios por mi felicidad y bienestar, desgraciadamente el Creador la llamó a su morada hace cuatro años, pero la añoro todos los días de mi vida, pues la razón de su vida fuimos mi hermano y yo.
Termino deseándole a todas las mujeres que tienen la dicha de ser el único ser humano de crear vida, lo mejor en su día y a nosotros los hombres nos toca darle gracias a Dios por las mujeres que tenemos en nuestras familias, protegerlas y brindarles todo el cariño posible. Mil veces benditas sean todas las mujeres del mundo.
El autor es comentarista político.