La feroz y criminal persecución religiosa del siglo 21

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El Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) ha advertido una vez más a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo que debe poner fin a la persecución religiosa en Nicaragua. En este sentido, la más reciente advertencia la hizo el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozac, el pasado viernes 6 de marzo, después de reunirse con el obispo Silvio Báez y los sacerdotes Edwin Román y Juan de Dios García, los tres exiliados por causa de la represión del régimen nicaragüense.

“Seguiremos exigiendo con firmeza a Murillo y Ortega que restablezcan las libertades fundamentales, incluyendo la libertad de religión o de creencias y la democracia en Nicaragua”, puntualizó el alto funcionario de la Administración Trump que dice tener la mira puesta en las dictaduras de Cuba y Nicaragua, y está desmotando gradualmente la de Venezuela después de haberla descabezado el 3 de enero pasado.

La persecución religiosa ha sido parte fundamental de la estrategia represiva de la dictadura de Nicaragua, desde el año 2018 cuando ocurrió el fallido alzamiento cívico por la libertad y la democracia. Durante estos años, la abogada e investigadora nicaragüense, Martha Patricia Molina, ha venido documentando minuciosamente la persecución de la dictadura contra la Iglesia católica y diversas denominaciones evangélicas, así como a la Iglesia morava de la Costa Caribe nicaragüense.

Todo lo malo que ha hecho y sigue haciendo la dictadura contra la Iglesia católica y la cristiandad nicaragüense en general, es documentado en el informe titulado Nicaragua: ¿Una Iglesia perseguida?, que cada cierto tiempo es actualizado por la doctora Molina para lo que pueda servir ahora en la búsqueda de justicia, y para que quede registrado en la historia.

Pero la dictadura de Nicaragua no es única ni original en el ámbito de maldad que significa la persecución religiosa. En este campo compite con muchos otros regímenes autoritarios de diversas partes del mundo.

A ese respecto, el arzobispo Etore Balestrero, quien es el Observador Permanente del Vaticano ante las Naciones Unidas, aseguró la semana pasada que los cristianos son la comunidad religiosa más perseguida del mundo. «Casi 400 millones de cristianos, o sea uno de cada siete, son víctimas de persecución o violencia… En 2025, casi 5,000 creyentes fueron asesinados a causa de su fe. En esencia, trece al día», denunció el representante de la Santa Sede en un foro denominado Apoyando a los cristianos perseguidos: Defendiendo la fe y los valores cristianos.

Tal como EE. UU. le exige a la dictadura de Nicaragua, el diplomático de la Iglesia católica indicó en el evento mencionado que «un Estado debe respetar la libertad de religión o creencias y abstenerse de interferir en la capacidad de individuos o grupos de profesar su fe en privado o en público mediante el culto, la práctica y la enseñanza… Un Estado debe promover la libertad de religión o creencias, ante todo porque es un derecho humano fundamental”.

El mensaje del representante de la Santa Sede ante la ONU va dirigido especialmente a los líderes de Estados como el de Nicaragua, que en vez de garantizar la libertad religiosa como es su deber, hacen de la persecución contra las iglesias y los creyentes una política estatal y una práctica sistemática.

El arzobispo Balestrero lamentó que en todos los países millones de fieles “son víctimas de violencia física, sometimiento, detención ilegal, expropiación de bienes, esclavitud, exilio forzado e incluso asesinato debido a sus creencias religiosas”. Y dijo que “según el informe sobre crímenes de odio de la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), solo en el año 2024 se registraron más de 760 crímenes de odio contra cristianos en Europa”.

La lacra de las persecuciones religiosas, como la llama el arzobispo Balestrero, es tan antigua que ni siquiera existen registros históricos de cuándo inició. En el caso de los cristianos, ellos comenzaron a ser perseguidos desde que Jesús de Nazareth vivía y predicaba la nueva doctrina, antes de que naciera formalmente la religión cristiana.

Y los cristianos siguen siendo perseguidos hasta ahora, como ocurre en Nicaragua, donde la dictadura disfraza su odio a la Iglesia católica y otras denominaciones cristianas con una palabrería de falsa religiosidad, mientras profana las instituciones y símbolos sagrados de los verdaderos creyentes.

Pero todo parece indicar que el tiempo de las dictaduras en América Latina y el Caribe, y por lo tanto de las persecuciones religiosas, se está terminando. Y esperamos que en Nicaragua acabe lo más pronto posible.

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