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Cuando se visita el Castillo de Hillsborough ubicado en el Norte de Irlanda, en el salón rojo del mismo, entre las múltiples obras de arte que cuelgan de sus paredes, existe una que me llamó la atención titulada La cabeza de Cyrus traída a la reina Tomyris.
Es una larga y fascinante historia, mezclada con mitos que llegan, créanlo o no, hasta nuestros días en las batallas que libran los ucranianos contra rusos.
El historiador griego/persa Herodotus (padre de la historia, según Cicero) junto a la filología y la arqueología, se entretejen para darnos datos sobre Tomyris; que también son mencionados en el viejo y nuevo testamento. Herodotus cuenta una de sus muchas historias sobre Tomyris, donde ésta, derrota al sanguinario Cyrus, le corta la cabeza y se bebe toda la sangre derramada por él, después que éste había causado la muerte de Spargapise, hijo de la reina.
Su nombre ha sido tan famoso que ha llegado a la América Central a través de una mariposa donde la taxonomía la ha bautizado Tomyris. Un planeta menor ha recibido también este nombre y en Kazakhstan –el país más grande del centro del Asia– es una heroína que les ha hecho editar monedas en su honor.
El poeta francés Eustache Deschamps incluye a Tomyris en su lista como una de las nueve mujeres más valiosas de la historia junto a Pentesilea —reina de las amazonas griegas quien murió a manos de Aquiles durante la guerra de Troya— y a Semiramis, (Astoret o Astarté, la madre y esposa de Nimrod, también llamada Sammuramat por los asirios). Tres mujeres que son parte de las mitologías asirias, armenias, judías y griegas.
A Semiramis, le atribuyo un cierto paralelismo con nuestra Rafaela Herrera —parte también, de un mito nicaragüense que habría que investigar más a fondo, aunque ya la historia le concedió el título de heroína— pues al morir su esposo, el rey Ninus en una batalla, (similar al padre de nuestra heroína nica) Semiramis no escatima en tomar el mando del ejército y le da el triunfo a su reino; restaura Babilonia —a quien hace famosa por sus jardines colgantes— y construye múltiples palacios, incluso uno en la famosa ciudad bíblica endemoniada de Ecbatana, gobernando exitosamente el Asia menor y gran parte del norte del África.
Hay muchas otras versiones de esta mítica mujer donde algunos la confunden con la Virgen María, insinuando que el culto a María es pagano y de tradición babilónica, lamentables opiniones que son tomadas por muchos hermanos cristianos para renegar de la madre de Dios. El pintor italiano Cesare Saccaggi la representa con el Eros y el Thanatos de su época en un óleo en canvas de 1905.
Estas tres mujeres de las nueve mencionadas por el poeta Deschams, han enriquecido numerosas óperas, obras de teatro, poesía, pinturas, novelas y por sobre todo nos han dejado el legado del valor que a veces injustamente se les niega a nuestras hembras y que muchas de nuestras féminas han tenido en el arte, en el mito y en la historia de las civilizaciones.
En Nicaragua doña Paula del Real, la suegra del gobernador y Rafaela Herrera (como ya lo mencioné) son dos, donde la historia se entremezcla con el mito que enorgullecen al país.
Sin embargo, también en Nicaragua hay muchas otras más que todavía no se han podido desenterrar y que han sido huéspedes del olvido, aunque algunas gritan y cantan para orgullo nuestro en la actualidad: María Loreto Rosalía (Rosita) Ycaza Baca —primera presidente de la Cruz Roja nicaragüense y gran filántropa, fue enterrada con pompa y honores militares por José Madriz—. Mariana Sansón Argüello alma de la pintura, el verso y del folclor, y Violeta Chamorro Barrios, primera mujer presidente de Nicaragua. Hemos tenido y tenemos poetas, escultoras, escritoras, reinas de bellezas y hasta santas.
Para mencionar algunas más que están en el pedestal del corazón nicaragüense tenemos a Rosario Aguilar Fiallos, Mélida Tercero, Edith Dorthe Grøn, Gioconda Belli Pereira, Yelba Berríos, Josefina Haydee Argüello Argüello, Vidaluz Meneses Robleto, Sor María Romero, Katia Cardenal Barquero, María Teresa Sánchez, Ofelia Rojas, Yolanda Blanco, Sheynnis Palacios Cornejo, Sor María Lautoing —monjita francesa que entregó 26 años de su vida sirviendo a los enfermos y más desdichados de León, que aunque no nacida en Nicaragua, fue más que una nicaragüense fructífera de amor y fundadora a la par de unos pocos leoneses, del Hospital escuela San Vicente de León— entre muchas otras que ingratamente se me van de mi mente en este instante y que han sido y son orgullo para el arte, la política, la ciencia y el amor de Nicaragua. Por esas anónimas mujeres de nuestra historia también me quito el sombrero y no dudo que la historia irá reconociéndolas y colocándolas en el pedestal de la gloria como lo son esas madres silenciosas que lloran a sus hijos, esas madres solteras, esas madres abusadas esas madres que lo dan todo por sus hijos y que sufren con el corazón callado.
Ellas son nuestras reinas valerosas que igual a Tomyris, Semirames y la amazona Pentesilea, han dejado y dejarán impregnado nuestros corazones; son las huellas imborrables de Acahualinca, historia y honor para nuestra patria Nicaragua.
El autor es médico.