Salomón de la Selva y su obra literaria

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“El cultivo del espíritu es lo que nos hace verdaderamente humanos”. (León de Nicaragua, Jorge Eduardo Arellano).

“La bala que me hiera / será bala con alma / y el alma de esa bala / será como sería / la canción de una rosa / si las rosas cantaran / o el olor de un topacio / si las piedras olieran / o la piel de una música / si nos fuera posible / tocar a las canciones / desnudas con las manos”. (El soldado desconocido, jornada tercera, Melée, de Salomón de la Selva).

La bala es humanizada, donde el autor hace uso del recurso literario prosopopeya para dotarla de sentimientos y de alma y de las sinestesias para darle colorido olor y musicalidad a los objetos. Su forma verbal y musical es de raíz modernista.

Pero no todo es modernista en la obra de Salomón de la Selva: su forma verbal es también híbrida como lo veremos en: Oda a Safo del mismo poemario de El soldado desconocido, donde el poeta mezcla la cotidianidad con los clásicos:

“Allá en mi Nicaragua / la negra sirvienta / se entretenía espulgando a su hija”.

Su comportamiento en esta estrofa es completamente realista sintiendo añoranzas por esa Nicaragua que le late en su corazón. Luego continuará:

“Oh, Safo ¿será cierto / que Faón no te quiso / porque tenías caspa …?(…).

“Oh, Safo, si tenías caspa, piojos. Faón será mi amigo / y el Hipólito de Eurípides”.

Haciendo alusión a la misma vez a las mitologías griegas, cuando Safo de Lesbos, o Mitilene, poeta griega, (considerada por Platón como la décima musa) fue rechazada por Faón (personaje mítico famoso por su belleza) de quien Afrodita estaba también prendada). Safo al sentirse rechazada por el amor a Faón se suicida tirándose al mar desde una roca de la isla griega Leucade situada en el mar Jónico. En la misma estrofa aparecerá también la presencia de Eurípides poeta griego de la antigüedad, quien pintó cuadros trágicos sobre las consecuencias funestas de la guerra.

Surgiendo a lo largo de este poemario de: El soldado desconocido, cambios bruscos, de extrañas figuras, donde el poeta abandona los recursos clásicos de la poesía, utilizando el verso libre para darle flexibilidad, libertad métrica, analizando a sus personajes psicológicamente con un fluir de conciencia que brota a cuál río desencadenado.

Para analizar a Salomón con justicia hay que girar en torno suyo, ya que su figura literaria es poliédrica. Si Rubén Darío es el primer poeta americano que lidera el movimiento conocido como modernismo, donde renueva las formas, temas y tonos musicales en la poesía española, Salomón de la Selva siendo un fervoroso dariano, continúa esta trasformación de la literatura.

Según palabras de Julio Valle Castillo, De la Selva es un poeta post modernista y vanguardista a su vez que no rompió contra el modernismo hispano, como lo hicieron sus coterráneos vanguardistas, de la tercera década del siglo XX, sino que lo modernizó, lo haló de su desembocadura y lo llevó más allá. Jamás, De la Selva burló a Rubén Darío, su cabeza visible, ni se mofó del resto de los modernistas. Salomón fue siempre dariano, su traductor, (tradujo entre otros, el poema Pax de Rubén Darío durante su estancia en Nueva York entre 1914-1915), su exégeta, y su admirador. Como lo dijera el mismo Valle Castillo Salomón hizo una propuesta poética americana moderna, vanguardista en su tiempo, dentro del desarrollo de la poesía hispanoamericana y de la anglosajona.

Frente al estallido de la Gran Guerra (1914-1918) toda las literaturas y el arte se fragmentaron y el artista adquirió conciencia de ser moderno. Aparecieron cambios y formas nuevas de extrañas figuras imaginarias llamadas vanguardia. Es en este momento donde surgió: El soldado desconocido publicado por primera vez en México en el año 1922. Poemario que está ubicado dentro de una literatura bélica que se centró en la Gran Guerra Mundial, donde el poeta personalmente experimentó la tragedia de la guerra universalizándola.

En Los hijos del Limo, de Octavio Paz; edición 1974: Editorial Seix Barral, S. A., Provenza, 219 Barcelona, dice que hacia 1880 surge en Hispanoamérica el movimiento literario que llamamos modernismo. Aclarando que “el modernismo hispanoamericano es, hasta cierto punto, un equivalente del Parnaso y del simbolismo francés, de modo que no tiene nada que ver con lo que en la lengua inglesa se llama modernismo.

Este modernismo (new american poetry) de los críticos norteamericanos e ingleses “no es sino lo que en Francia y países hispanos se llama vanguardia”. Sin estos dos conceptos no podríamos comprender la poesía de Salomón de la Selva.

De la Selva es pues, una fusión entre la poesía americana inglesa (the new american poetry, llamada por Octavio Paz “modernism”) y la vanguardia del modernismo hispánico.

El soldado desconocido es una obra humanista en honor al soldado de carne y hueso, al humano, y no, al fetiche a quien se le ha erigido un catafalco soberbio, sino al que no tiene nombre, ni familia, al verdadero, al héroe de la guerra; agregando De la Selva hacia el final del prólogo insertado: “Explico que tuve la buena suerte de servir, voluntario, bajo la bandera del rey Don Jorge V, enseña que fue de la madre de mi padre”.

La poesía de De la Selva está dividida en dos etapas fundamentales: La vanguardista que comenzó desde 1915 hasta 1930, donde se ubica: El soldado desconocido, y la formalista donde retorna al clasicismo grecolatino entre 1940 a 1959. Este retorno no implica un retroceso estético, sino una búsqueda de permanencia frente a la crisis moderna.

En esta segunda etapa se encuentran: Dionisiada, (1942); Evocación de Horacio, (1948-49); Ilustre familia, (1954) dedicada al presidente electo de México entre (1946-1952), Miguel Alemán Valdés; Evocación de Píndaro, (1957); Lira Greca (1957-1958).

Entre las dos etapas el poeta las llenaría con recortes periodísticos, análisis literarios, traducciones, poemas dispersos, y novelas.

De la Selva crea un puente de unión entre el modernismo hispanoamericano y el modernismo anglosajón. En El soldado desconocido, la tradición y la vanguardia no son opuestas, sino que complementarias.

Salomón de la Selva, poeta bilingüe, es uno de los fundadores de la poesía de vanguardia, en particular de la poesía moderna americana en general, como lo establece Julio Valle Castillo en su Antología Mayor y “el más grande humanista de Centroamericano”, según Jorge Eduardo Arellano.

“Píndaro es Rubén Darío y Rubén Darío y Píndaro son Salomón de la Selva”, afirma además en su Antología mayor, Valle Castillo.

Salomón en su obra Evocación de Píndaro, 1957, saluda la proeza atlética de la victoria del corredor guatemalteco Mateo Flores (Doroteo Guamuch Flores) en la Carrera del Maratón: Segundos Juegos deportivos Panamericanos, celebrados en México en 1955 y para conmemorar el cincuentenario de la publicación de Cantos de vida y esperanzas de Rubén Darío publicado en 1905. Lo leemos en sus versos:

“(…) persuadido / de que en su tiempo Píndaro te hubiera honrado / bajo su evocación, Mateo Flores, quiero celebrar tu victoria con el honor de Cantos de vida y esperanzas, (…) dada la circunstancia de cumplirse este año / el primer medio siglo de los mejores versos / del cisne americano”. (Canto primero, VI).

En el Primer Canto, de Evocación de Píndaro: Recordación y Defensa del Cisne, (fragmentos), además agregaría:

“(…) mientras que Píndaro / de sangre y corazón y de voz nobles (¡como a Rubén Darío, que lo iguala —dorios los dos robustos, apolíneos! — Luego continúa:

“¡Solo Darío, Darío únicamente, / remueve las latinas glorias ecuménicas / nunca la espada: solo el es augusto! Luego continúa:

“(…) En cuanto a Píndaro, / el fuego es evidente, y la lumbre que irradia, / y el calor que difunde, yo recalcar quisiera / como Darío con fina certidumbre, / aquella vez que interrogó a la abeja)”.

En un paréntesis agrego que cuentan los historiadores que Píndaro siendo niño un enjambre se formó en su boca proveniente de un panal de dulcísima miel, como presagio de su futura preeminencia sobre los poetas líricos de todos los siglos y países.

De la Selva, además cree en la amistad en la misma que caracteriza al poeta lírico de Venosa, Quinto Horacio Flaco, quien fuera siempre fiel a su mecenas, el emperador Augusto. De la Selva como buen seguidor de este poeta lírico, de la lengua latina; creador de Odas, Epodos y Epístolas, de las cuales se desprenden las locuciones: carpe diem, aurea mediocritas, y beatus ille, dedica en su honor: Evocación a Horacio, de donde se desprenden estos poemas:

“¡Déjame libre a Horacio! Deja a Horacio / que comparta conmigo, en otra esfera, / supeditado no, al imperio de Roma. / Los príncipes mandáis un limitado tiempo. / los poetas, en cambio mandan siempre”.

De la Selva fue un modernista fiel a Rubén Darío y a su vez un vanguardista que modernizó sin destruir. Un humanista que dignificó al soldado real, al de carne y hueso, al humano y no al fetiche. La obra de Salomón de la Selva en lo general es cosmopolita, neopopulista, vivencial, cristiano, fue un clásico y moderno amante de literaturas indígenas, egipcias griegas y orientales.

Salomón con su espíritu fervoroso y gran versador, fue antiguo, muy moderno, y vanguardista. Creando un puente de unión entre la literatura hispanoamericana y la anglosajona. Yendo de las culturas cervantinas, a las shakesperiana y con su verso ágil, y universal supo cantar a León, su ciudad natal y a su Nicaragua, pero, sobre todo, con visión humanista y con su poemario: El soldado desconocido, a la humanidad entera.

La autora es Máster en literatura española.

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