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La guerra entre Estados Unidos y sus socios regionales contra Irán es poco probable que salpique directamente a Latinoamérica a corto plazo.
Teherán ha advertido, no obstante, que podría considerar las embajadas israelíes como un objetivo legítimo si se golpea a su sede diplomática en el Líbano. No son descartables, entonces, posibles ataques terroristas, en los que la región sí que tiene experiencia, desde los atentados en Argentina en la década de los 90 al recientemente evitado en México.
Entre las comunidades chiíes de Latinoamérica, además, ha extendido sus tentáculos el grupo libanés Hezbolá, vinculado al régimen iraní, aunque muy debilitado. Pero más allá de este posible peligro, no se atisban consecuencias políticas en la región.
Los gobiernos latinoamericanos, salvo el de Argentina desde un principio o el de Paraguay hoy, que mostraron su respaldo inequívoco a las acciones militares estadounidenses, han abogado mayoritariamente por el diálogo y la negociación, después del ataque que mató al líder iraní, el ayatolá Alí Jamenei, y a la cúpula del país el 28 de febrero de 2026.
Pero hay excepciones. «Creo que el presidente Trump se ha equivocado hoy», dijo entonces, por ejemplo, en su cuenta de X el presidente colombiano, Gustavo Petro.
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Venezuela emitió un comunicado condenando el ataque. Lo hizo lamentando «profundamente» que «se haya optado por la vía militar», pero evitando nombrar siquiera a Estados Unidos o Israel. Y, además, la nota, publicada por el canciller Yván Gil en Instagram, fue borrada se mismo día. Eso no impidió que algunos simpatizantes del chavismo se manifestaran frente a la Embajada de Irán en Caracas contra el «martirio» de Jamenei.
Posibles consecuencias
«Desde un punto de vista retórico, podemos esperar declaraciones (sin mucho compromiso detrás) de algunos países menos alineados con Washington», augura Ángel Saz Carranza, director de EsadeGeo. Lo que sí que son previsibles son efectos económicos. Y no todos negativos. «Creo que la principal consecuencia puede ser positiva a corto plazo para aquellos (muchos) países latinoamericanos productores de petróleo, que ya ha subido un 20 por ciento», añade por correo electrónico desde Estados Unidos.
Venezuela, de hecho, a quien Estados Unidos ha venido impulsando como sustituto de las exportaciones de cruzo ruso e iraní, podría ser el primero en beneficiarse a corto plazo comercialmente de la caída de su aliado. No tan optimista se muestra, sin embargo, Felipe Debasa, director del Máster Unión Europea y China en la Universidad Rey Juan Carlos, para quien el alza del combustible podría llevar a una recesión.
«Hay que ver si Irán guarda algún as en la manga con alguna tecnología bélica que prefiero ni nombrar», afirma Debasa refiriéndose a armas de destrucción masiva. «Las próximas horas serán decisivas, o días, porque veremos si esto tiene una rápida solución o, por contra, estamos ante un conflicto en aras de cronificarse», añade, con el temor añadido de que se extienda, con un Irán que ha demostrado ser una potencia en drones con capacidad también para ciberataques.

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En Brasil
En Brasil, la mayor economía de la región, el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, restó dramatismo a los posibles efectos al señalar que el país cuenta con enormes reservas en dólar y no tiene deuda externa, además de ser autosuficiente en relación al petróleo.
En México
En México, la escalada del conflicto se ha traducido en presión sobre el tipo de cambio y caídas en la Bolsa Mexicana de Valores. El principal índice bursátil acumula descensos y el peso se ha depreciado frente al dólar.
Según un análisis de Banamex, el impacto directo del conflicto en el suministro de petróleo sería limitado en el corto plazo, ya que México no depende del crudo iraní ni de rutas clave como el estrecho de Ormuz. No obstante, advierte de que una guerra prolongada podría causar volatilidad financiera y el aumento de los precios internacionales.
En Venezuela
En el caso de Venezuela, que ha reanudado los despachos de crudo a EE.UU. después del acercamiento del Gobierno interino de Delcy Rodríguez con la Administración de Donald Trump, el escenario en Oriente Medio augura mayores ingresos para este país por el alza que empiezan a experimentar los precios del petróleo en los mercados internacionales.
«Cada dólar que sube (el barril de petróleo) es casi un millón de dólares más diariamente. En la medida en que eso se prolongue en el tiempo, por supuesto, va a redundar en mayores ingresos», dijo a EFE la exviceministra venezolana de Energía y Minas Dolores Dobarro.
Venezuela alcanzó el año pasado su mayor nivel de producción en un septenio, con una media de 1.081.000 barriles por día (bpd).
En Centroamérica
En economías más pequeñas y dependientes de los combustibles importados, el impacto potencial podría ser más sensible. La Asociación Hondureña de Distribuidores de Productos Derivados del Petróleo advirtió de que el encarecimiento del crudo podría generar un «impacto económico severo», al elevar los costos al transporte, la electricidad y numerosos bienes y servicios.
En Guatemala el abastecimiento de combustibles está garantizado y por ahora no hay consecuencias económicas directas, aunque se han registrado leves incrementos en los precios de la gasolina.
Conexiones no se verían afectadas
«Las conexiones de América Latina con el resto de continentes prácticamente no se verán afectadas. En términos relativos, es positivo para el continente: de golpe, América Latina gana un plus de certidumbre en el tablero global», sostiene Saz Carranza. Aunque admite el efecto de una guerra prolongada sobre los precios: «Si se alarga el conflicto, el precio del petróleo no hará más que aumentar». «Además, a largo plazo, este conflicto deja en evidencia la vulnerabilidad de las economías de Oriente Próximo, haciendo más atractivas relativamente las latinoamericanas», añade.
«El lado negativo de un conflicto prolongado y un cierre prolongado del estrecho [de Ormuz], puede venir por el lado de un choque inflacionario por el aumento del costo del petróleo y del crecimiento repentino de ingresos a países exportadores de petróleo (y gas)», resume.
Pero, incluso en ese escenario, la región latinoamericana no se vería seriamente afectada. «Si los países de América Latina son capaces de lidiar con la inflación, este evento puede convertirse en una oportunidad», considera.