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LA PRENSA ha publicado este jueves 5 de marzo una información titulada “Discreta reacción de la dictadura a la muerte de Jameneí evidencia preocupación”. Se refiere a la llamativa prudencia del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ante la eliminación del ahora exlíder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, quien murió durante el primer bombardeo sobre Teherán de las fuerzas de Israel y Estados Unidos, el sábado pasado.
Para algunos analistas democráticos y representantes de los diversos grupos políticos en los que se divide la oposición nicaragüense, la prudencia de la dictadura en este caso no es una calculada táctica política. Consideran que los codictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo tienen miedo de que Estados Unidos (EE. UU.) pudiera actuar contra ellos, como lo ha hecho contra las dictaduras de Venezuela, Cuba e Irán, aunque en alguna forma distinta que por ahora no es posible conocer.
Como es sabido, el dicho popular de “hacerse el muerto para que no lo maten” se refiere a la habilidad o capacidad de ciertos animales para inmovilizarse totalmente, a fin de simular que ya han perdido la vida y así escapar de un ataque que los pueda matar.
Tanatosis, le llaman los expertos a ese fenómeno defensivo natural (del griego tanatos, muerte, y osis, proceso), cuando por un temor instintivo a que lo maten “el animal experimenta una paralización muscular durante la cual no responde a estímulos externos”.
Pero en el caso de los codictadores nicaragüenses, la verdad, no es posible saber si en realidad tienen miedo por lo que ha ocurrido en Venezuela y está ocurriendo en Cuba y en Irán. O si es una calculada táctica de ser prudentes en el lenguaje y comportamiento para mientras pasa el huracán trumpista.
Lo que sí se sabe, y muy bien, es que el miedo es un componente muy importante de la política en Nicaragua. Esto es porque para sostenerse en el poder la dictadura infunde mucho miedo a la población mediante la política del terrorismo de Estado. De esa manera evita que la gente vuelva a alzarse espontáneamente contra ella, como lo hizo en abril de 2018. Y además impide cualquier forma de oposición, crítica y expresión pública de inconformidad y deseo de cambio.
El uso del miedo como herramienta del poder es tan antiguo como la misma política y el Estado. Pero lo que siempre se ha conocido es el miedo de los gobernados a los gobernantes autoritarios y represivos, no al revés, o sea miedo de quienes detentan el poder. Los opositores siempre hablan de que los dictadores viven con miedo, pero esto es muy difícil demostrarlo.
El pensador italiano Nicolás Maquiavelo (1469-1527), de quien se dice que fue el fundador de la ciencia política, dio al miedo la categoría de concepto político e instrumento del poder. En su muy conocida obra El príncipe, Maquiavelo aseguró que en el ejercicio del poder “es más seguro ser temido que amado, si no se pueden lograr ambas cosas, ya que el amor es volátil, pero el temor al castigo nunca desaparece”.
Más tarde, siguiendo la línea de pensamiento de Maquiavelo el filósofo político inglés Thomas Hobbes (1588-1679) dijo que la sociedad existe porque hay miedo, pues si las personas no lo tuvieran no obedecieran a la ley y el poder. De manera que, según Hobbes, el miedo es el elemento constitutivo de la vida de la gente en sociedad y su función es determinante para la organización política y del Estado.
Sin embargo, el advenimiento de la libertad y la democracia demostró que se puede vivir, gobernar y ser gobernados sin miedo. Que más bien, el miedo envilece la convivencia social y política. Por eso la democracia, a pesar de todos sus defectos, es el mejor sistema de vida y gobierno que puede haber.
En la democracia, que se funda en la libertad, los derechos y la responsabilidad consciente de las personas, las autoridades, incluyendo las armadas, son y están para proteger a las personas, no para amenazarlas, intimidarlas y mucho menos reprimirlas.
Por eso es que, a pesar del miedo —incluso el terror— que impone la dictadura de Nicaragua a la población para poder sostenerse en el poder, hay y siempre habrá muchas personas que de una u otra manera luchan porque haya en este país libertad y democracia.
Y la gente debe tener no solo la esperanza, sino también la certeza, de que tarde o temprano en Nicaragua se podrá volver a vivir en libertad y con democracia.