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Los nuevos aranceles aduaneros del presidente estadounidense del 10 por ciento ya entraron en vigor, después de que un fallo de la Corte Suprema anulara sus gravámenes anteriores.
Como siempre, toda intervención estatal en el mercado es desordenadora desde el momento en que impide que el mercado se desarrolle en libertad, naturalmente, espontáneamente. Como si los burócratas lograran superar a la naturaleza, o cómo si el cerebro de uno o varios burócratas fueran capaces de prevalecer a los millones de pensantes que componen al mercado.
Entretanto, el gobierno estadounidense negocia desde 2025 nuevos tratados comerciales con países como Corea del Sur e India. En cualquier caso, los acuerdos comerciales estatales incluyen chicanas como fortalecer las leyes de copyright e, indirectamente, un endurecimiento de la “guerra contra las drogas” liderada por Washington que, obviamente, le conviene a gran costo para el resto.
Steve Hanke asegura que el gobierno japonés se mantiene fiel al tratado comercial con EE. UU., mientras que el primer ministro de la India sabiamente no ha firmado un acuerdo con el Tío Sam, al menos de momento. Y el resultado es que el PIB indio sube más que el japonés.
Los países deben dejar el miedo a la libertad —aunque a los gobiernos y políticos no les convenga dados sus negociados— y liberar unilateralmente su comercio exterior, porque los aranceles perjudican a los ciudadanos del país que los aplica, son literalmente un impuesto. Por cierto, desde que Trump asumió la Presidencia en enero de 2025, se perdieron 1,029,000 empleos no agrícolas.
Además, es crucial la libertad de cambio de divisas ya que actúa como barrera ante la destrucción de la producción local. Es decir, garantiza que se produzca lo suficiente —las suficientes divisas— como para poder importar, así se equilibra y no se destruye la industria nacional.
Por caso, si las divisas externas están “abaratadas” por la intervención estatal, se importa en exceso destruyendo el trabajo en el país, lo que traerá una caída del PIB per cápita y, así, la gente tendrá hoy productos más baratos a costa de un menor poder adquisitivo en el futuro.
Si lo que se busca es aumentar la competitividad, lo que debe hacerse es bajar la presión estatal, desregular y disminuir impuestos (directos, indirectos, inflación y tasas de interés manipuladas).
En fin, un caso particular es el de Argentina que está implementando un tratado de “libre comercio” excepcional con Trump. La verdadera intención no es realmente una profunda liberación sino un atarse aún más a EE. UU.
A ver, el fortalecimiento del Estado argentino por parte de Milei es insostenible en el tiempo, y lo está demostrando, ya que se hace a costa del sector privado que se achica y, por tanto, no puede depender de él, necesita ser salvado por otro Estado, el más poderoso, y por ello depende de Trump y no se interesa una liberación unilateral del mercado.
Por cierto, estos salvatajes de otros gobiernos tienen patas cortas porque sirven para salvar a un Estado pesado, cada vez más quebrado, destruyendo al sector privado, ergo, siendo cada vez más dependientes de otros gobiernos que, al llegar a cierto límite, dejan de colaborar.
El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
@alextagliavini
www.alejandrotagliavini.com