CONTENIDO EXCLUSIVO.
Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Rosa tiene 46 años y nunca abrió un grifo en su casa para llenar un vaso con agua. Nació y creció en su hogar en Jiquilillo, sector Los Zorros, en la zona costera del municipio de El Viejo, departamento de Chinandega. En más de cuatro décadas el agua potable nunca fue un servicio del que ella gozara.
“¿En toda tu vida vos nunca has tenido agua en tubería?» «No, nunca hemos tenido, aquí estamos resignados”, responde sin dramatismo a la pregunta de LA PRENSA.
Lea también: Alcaldía de Juigalpa anuncia suspensión temporal del servicio de agua potable durante casi todo el viernes
En su casa viven tres personas y cada 15 días esperan una cisterna de la Empresa de Acueductos y Alcantarillados (Enacal). Cuando llega, Rosa llena un tanque equivalente a tres barriles, esa reserva le debe durar hasta veinte días.
La escena se repite en centenares de hogares de Padre Ramos y otras comunidades costeras de El Viejo. En pleno 2026 estas zonas siguen dependiendo de las llamadas pipas para acceder al agua, sin que hasta ahora exista un proyecto que les garantice suministro de forma segura y permanente.

Agua salada y comida que no cuece
El problema no es solo la frecuencia, también la calidad del agua que llega, comenta Rosa, quien oculta su nombre real para “evitar problemas que usted ya sabe”, dice en voz baja, refiriéndose a que si se queja, el régimen puede llegar por ella.
El agua de la cisterna es para ingerir y preparar los alimentos, mientras el agua de su pozo la utiliza para bañarse, lavar la ropa y los trastes. Ella asegura que esa agua no es apta para consumo por la cercanía con el mar. Entonces no sirve para beber y dificulta las tareas domésticas. “El agua aquí es bien salada, no sirve. La ropa no agarra mucho jabón… tenemos que buscar un jabón que haga bastante espuma”, explicó a LA PRENSA.
También comparte que ante la escasez de agua potable intentan resolver con el agua del pozo, pero los frijoles no suavizan, los bananos verdes se oscurecen y la ropa queda áspera.
Mientras que el agua que traen las pipas, sospechan que llega contaminada y provoca enfermedades estomacales. “Ha salido bastante gente con esa enfermedad en el estómago, con ese virus del pyluri, los médicos donde hemos ido nos han dicho que es el agua». Rosa se refiere a la bacteria Helicobacter pylori, que se adquiere a través del consumo de agua contaminada.
Esa bacteria puede sobrevivir en fuentes de agua potable y residuales, siendo una fuente de contagio el agua no tratada o agua de pozo.
En la zona comprar agua embotellada no es opción porque la mayoría de las famililas viven de la pesca, actividad que depende de la temporada. En verano, cuando baja la captura, también disminuyen los ingresos.
La comunitaria recuerda que hace cinco meses les hablaron de la instalación de tubería desde Chinandega. La ilusión fue breve “nosotros alegres… porque decían que iban a meter el agua potable. Pero no se dio eso que decían”.
De dos veces por semana a cada 15 días
En 2017, las autoridades informaban que 2,650 habitantes, más de 350 familias, de Jiquilillo, Los Zorros y comunidades aledañas recibían agua potable, casa a casa, dos veces por semana. Tres pipas realizaban 12 viajes diarios, entregando más de 50,000 galones semanales.
Un reporte oficial de ese año citaba a un funcionario de la Alcaldía de El Viejo que decía: “Aquí estamos cumpliendo con las orientaciones de nuestro presidente y vicepresidenta de Nicaragua, llevando el agua potable a estas familias”.
Casi diez años después existe la misma escasez, solo que las pipas ya no llegan dos veces por semana, ahora lo hacen cada 15 días.
Los últimos datos públicos sobre la problemática datan de 2018. La comuna informaba que 17,000 personas, en 23 comunidades rurales de El Viejo, consideradas en situación altamente crítica por la ausencia del servicio de agua, eran abastecidas por cisternas. Pero desde entonces esos datos dejaron de actualizarse.
Marcia y sus pichinguitas
Durante nuestro recorrido por la zona encontramos a Marcia. De sus 78 años de edad, la mitad de ellos los ha vivido en Jiquilillo y su historia no es diferente a la de Rosa.
“Aquí bebo agua porque la vienen a dejar cada 14 o 15 días. Lleno dos barriles y dos pichinguitas… pero cuando recibo visitas no me ajusta el agua”, comenta.
Esta mujer de la tercera edad no pudo comprar un tanque de almacenamiento. Recuerda que hace meses los ofertaron en su zona a 2,500 o 3,000 córdobas, pero ese monto está fuera de su alcance.
A la falta de agua se suma la pobreza. El mar sala el agua y también ha erosionado su vivienda. “La casa me la ha venido botando el mar… ya solo tengo algunas hojitas de nicalit donde estoy”, lamenta.

Problema mundial con repercusión nacional
El Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano 2022-2026 de Nicaragua señala que en América Latina y el Caribe el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene representan la necesidad humana más básica para el cuidado de la salud y el bienestar. Y admite, que a nivel mundial 2,200 millones de personas aún carecen de agua potable gestionada de forma segura.
Alerta además que miles de millones de personas no tendrán acceso a estos servicios básicos en 2030, a menos que se cuadrupliquen los avances. Atribuye esta crisis a que la demanda de agua ha superado el crecimiento demográfico y la mitad de la población mundial actualmente sufre una escasez de agua grave.
Según ese mismo Plan Nacional contra la Pobreza, el régimen de Daniel Ortega tenía planes de invertir en el mejoramiento y ampliación del sistema de alcantarillado sanitario de la ciudad de El Viejo, en Chinandega. Sin embargo, esos planes ni siquiera se conocen en las comunidades afectadas que siguen padeciendo la falta de acceso al servicio de agua potable.
De acuerdo con ese plan, la meta era invertir en 2021 unos 118.34 millones de córdobas; en el 2022 al menos 167 millones; en el 2023, duplicar el monto hasta casi 375 millones; mientras en el 2024 se planteaban una inversión de solo 2.54 millones. Tomando en cuenta que la situación no ha cambiado en la zona, se deduce que esas inversiones no se concretaron. Sin embargo, para 2025 y 2026 ni siquiera establecieron proyecciones de inversión, sin importarles que la falta de agua sigue afectando a miles de habitantes de comunidades del municipio de El Viejo.

Hablan de la crisis de 2007 e ignoran la actual
Según dicho plan, Daniel Ortega retornó al poder en 2007 cuando existía un elevado déficit en el suministro del agua potable.
«Fue irónico que un país con tanta agua, esta faltara en tantos lugares. La situación era caótica. Más de 3 millones de nicaragüenses no sabían lo que era el agua potable y se abastecían de fuentes contaminadas, de charcas y ríos. El 70 por ciento de la población rural carecía del vital líquido. Los problemas en el suministro de agua estaban vinculados a la falta de inversión y a la falta de energía eléctrica», se lee en el documento.
Casi veinte años después del regreso de Ortega al poder, los medios propagandistas, entre ellos El 19 Digital pintan un panorama muy distinto al que enfrentan cada día Rosa, Marcia y miles de habitantes de comunidades del El Viejo y otros municipios del país.
En una publicación de 2024 se lee que Nicaragua actualmente cuenta con un 95.5 por ciento de cobertura en el servicio de agua potable, a través de la instalación de nuevos sistemas de distribución. “Antes que el Comandante Daniel Ortega llegara al poder hubo gobiernos neoliberales y durante esa etapa el abastecimiento de agua potable en Nicaragua alcanzaba el 65 por ciento de cobertura, limitada, inestable y deficiente”, aseguró en una publicación Alina Lagos, la actual vicepresidenta ejecutiva de Enacal.
Alcaldía esconde cifras actuales
Mientras las autoridades evitan brindar cifras actuales de la problemática o brinda datos maquillados, en Jiquilillo, Padre Ramos y Los Zorros solo conocen la escasez. Rosa dice que cuando viaja a lugares donde el agua sale al abrir una llave, siente alegría y tristeza al mismo tiempo «…digo yo qué feliz es vivir así uno, con agüita buena”.
En 2026, cuando Daniel Ortega cumplió 19 años en el poder, centenares de familias que habitan en las comunidades costeras de El Viejo siguen esperando un proyecto que no dependa de una pipa cada 15 días, ni de la temporada de pesca ni del clima.
Lea además: Comerciantes desalojados en Terminal Casimiro Sotelo no fueron reubicados ni indemnizados
Antes de despedirse, Rosa hace una petición sencilla a quienes sí tienen agua potable en sus casas, “que no la desperdicien… es duro vivir sin agua buena”.
El sonido del mar golpeando la orilla acompaña sus palabras, la sal queda en la piel mientras el agua potable todavía no sale de la llave, que constantemente le recuerda la importancia de ese líquido que para miles de nicaragüenses sigue siendo un privilegio del que ya perdieron la esperanza de poder disfrutar.
CONTENIDO EXCLUSIVO.