Fachada del Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino en Managua. Foto: ARCHIVO/LA PRENSA

Fachada del Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino en Managua. Foto: ARCHIVO/LA PRENSA

Vendió su casa para migrar a Estados Unidos, pero le tocó volver “con una mano adelante y otra atrás”

Daniel Sandino se fue con parole humanitario en 2024, luego llegó Donald Trump a la presidencia y tuvo que devolverse. “Aunque sea que me toque empezar de cero, pero lo hago en mi país”, dice

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Daniel Sandino creyó que podría cumplir “el sueño americano”. Migró a Estados Unidos en julio de 2024 creyendo que mejoraría su situación económica. Antes de irse, el nicaragüense, originario de El Viejo, trabajaba como mecánico, tenía casa propia y una moto. Vendió todo para irse, pero nada salió como planeó. Sandino, de 29 años, le tocó regresar a Nicaragua, pero ya no tiene techo propio, vive en la casa de una tía. Regresó al mismo punto de partida, pero con mucho menos de lo que tenía antes de irse.  

“Trabajaba en (Ingenio) Monte Rosa como mecánico, tenía mi moto, una casa herencia de mi mamá que murió hace cinco años de COVID. No vivía mal, pero sentía que podía mejorar mi estilo de vida”, cuenta a LA PRENSA.  

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Contactó a un amigo, quien se había ido a Estados Unidos por medio del parole humanitario y fue quien le ayudó a contactar a alguien que aceptó ser su patrocinador, y así, su viaje se concretó. 

El parole humanitario fue aprobado para los nicaragüenses por el presidente Joe Biden en enero de 2023 y permitía permanecer de forma legal en el país durante dos años. Según los datos oficiales casi 100,000 nicaragüenses viajaron con parole.   

Lo vendió todo para irse 

Para costear los gastos de su viaje, Sandino vendió la casa que su mamá le dejó como herencia, su moto, los muebles de la casa y todo lo que pudo para cubrir lo necesario de su migración. “Vendí todo lo que pude, me hice como de unos 25,000 dólares más o menos, que usted dirá: ‘eso es bastante’, pero allá no es mucho”, cuenta. Sandino viajó en julio de 2024 a Westlake, Los Ángeles, California.  

A la persona que lo pidió, dice, le pagó 10 mil dólares. Y el resto del dinero lo usó para su boleto de avión y para arrancar su vida allá. Luego de estar un mes en Los Ángeles, su amigo le consiguió trabajo como plomero y eléctrico en una empresa de construcciones. “No me iba mal, pero tampoco era millonario”, dice.  

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«Aunque me toque empezar de cero, pero lo hago en mi país” 

El plan comenzó a desmoronarse luego de que Donald Trump asumiera la presidencia y revocara el parole humanitario, dejando a los beneficiarios en un limbo migratorio y sin permisos de trabajo.  

Después comenzaron los operativos migratorios en varias ciudades del país, incluyendo Los Ángeles. Varios de sus compañeros de trabajo, asegura Sandino, fueron detenidos por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). “La cosa se puso fea en Los Ángeles con el tema de Trump y las redadas. Agarraron a un montón de compañeros. Yo decía: ‘puedo irme a mi país, pero no tengo dónde, vendí todo por venirme aquí’ y aquí a uno lo tratan como basura”, relata. 

“No sabía qué hacer, hasta que dije: ‘aunque sea que me toque empezar de cero, pero lo hago en mi país, con gente que me pueda ayudar, no hay falla’”, afirmó. 

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Sandino se compró su boleto para el 12 de enero de 2026. Regresó a El Viejo, Chinandega, de donde es originario. “Vine a como dicen: ‘con una mano adelante y la otra atrás’, pero no tengo miedo de empezar de cero al menos estoy en mi país”, cuenta. 

Ahora, Sandino vive en casa de una tía, comparte cuarto con un primo y con el dinero que traía, unos 2,000 dólares, se ha mantenido estos meses en Nicaragua. Trabaja en un taller de mecánica y espera poder montar su propio negocio. “Aquí estoy, empezando de cero, pero no desamparado, voy a recoger mi dinerito para poner mi propio taller y me voy a ir a alquilar una casa, en nombre de Dios que así lo voy a hacer”, confía.

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 meses

    El o la que le cobró $10k cometió un fraude. Si denuncian a ese «patrocinador(a)», le esperan 8 años en prisión federal, las cuales son las más duras.

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