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LA PRENSA cerrará 100 años de existencia el próximo lunes 2 de marzo y doña Anita Chamorro de Holmann cumplirá 99 años de vida el siguiente 15 de junio.
Sus padres, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y Margarita Cardenal, adquirieron en 1930 LA PRENSA, cuando ella tenía 3 años, es por eso que Chamorro de Holmann creció viendo a LA PRENSA como a una “hermanita mayor”.
“Nací con LA PRENSA, espero que esta viva más que yo”, dijo, por ejemplo, en julio de 2017.
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Chamorro de Holmann está ahora alejada de toda actividad, pero, hasta 2021, cuando el edificio del Diario fue confiscado por la actual dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ella vivía pendiente de los asuntos del periódico. Todavía antes de la pandemia del 2020, llegaba a trabajar en su oficina en LA PRENSA.
Es la única que sobrevive de los primeros Chamorro dueños de LA PRENSA, pues su hermano Jaime Chamorro Cardenal falleció en julio de 2021, pocos días antes de que los Ortega Murillo confiscaran el periódico y encarcelaran a Juan Lorenzo Holmann, hijo de doña Anita y gerente de este Diario.
Fueron esos días muy tristes para doña Anita. “Me ha dolido mucho (el encarcelamiento de su hijo), sobre todo el engaño de haberlo llevado y después de haber enseñado los recibos y los papeles. Es el engaño lo que me ha dolido. También la situación en la que está él, incomunicado, solo agua le permiten”, dijo en esa ocasión.

Chamorro de Holmann lleva décadas sufriendo los ataques del poder contra su familia y contra el periódico que ella y sus hermanos heredaron de sus padres. En 1944, la familia se tuvo que ir al exilio, a Nueva York, porque Anastasio Somoza García censuró al periódico porque era contrario a sus pretensiones reeleccionistas.
En 1956, LA PRENSA y su director, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, sufrieron las embestidas de los dos hijos varones de Somoza García tras el asesinato de este último.
En 1979, LA PRENSA fue bombardeada por los aviones de la Guardia de Anastasio Somoza Debayle, como una cruel venganza contra el Diario, semanas antes de dejar el poder.
Chamorro de Holmann ha visto a LA PRENSA sostenerse también ante los desastres naturales, como en los terremotos de 1931 y 1972, cuando sus edificios quedaron destruidos.
En enero de 1978, su hermano Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue asesinado producto de la defensa que hacía LA PRENSA de la población, que era atacada y violentados sus derechos humanos por la Guardia de Somoza.
Debido a todo ello, y a pesar de que LA PRENSA funciona ahora desde el exilio, tras sufrir el encarcelamiento de su gerente general y dos de sus conductores, para Chamorro de Holmann es un triunfo inmenso que este Diario arribe a los 100 años de existencia.
Aunque Chamorro de Holmann tiene ya 99 años, se mantiene muy consciente de todo lo que los Ortega Murillo están haciendo contra LA PRENSA y su personal.
¿Qué le diría a esos periodistas de LA PRENSA que están en el exilio?
De esta institución (LA PRENSA), quedan solo ustedes. Han escrito la verdad. Se han ganado el premio de la verdad, de la justicia. Nosotros, los dueños de LA PRENSA les daríamos un premio a todos por decir la verdad y mantenerse firmes en esa verdad que nos ha costado la vida a unos y a otros la libertad. Estos periodistas sacrificaron su propio bienestar y les agradecemos ese sacrificio para mantener LA PRENSA con vida, para que se siga diciendo la verdad.
¿Por qué cree usted que los Ortega Murillo le tienen tanto odio a la familia Chamorro y a LA PRENSA?
Porque en todos estos años, LA PRENSA ha dicho la verdad al construir la historia.
¿Cómo se siente al saber que el periódico que fundaron sus padres ahora llega a los 100 años?
Los pasos que ha seguido LA PRENSA han sido los que han mantenido esa verdad, esa justicia.
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¿Ha sido difícil llegar a los 100 años?
Creo que ha sido muy difícil. Cien años que han sido un sacrificio de toda mi familia y de otros que entre todos somos como familia, como los periodistas y todos los que han colaborado con LA PRENSA. Esta familia es la que ha mantenido a LA PRENSA y la verdad que publica.
¿Qué decía su mamá, doña Margarita Cardenal, sobre los valores que debían mantenerse en LA PRENSA?
Eran la verdad, la justicia y, en medio de todo, estaba enarbolada la justicia cristiana.
¿Hasta cuándo cree que va a durar LA PRENSA? ¿Llegará a los 150 años?
(Ríe) Sí.

¿Cómo cree que están los que cerraron LA PRENSA ahora que cumplirá 100 años?
Todos estos que cerraron LA PRENSA han sido los que la han motivado para que LA PRENSA se mantenga diciendo la verdad. Esa es la fortaleza de LA PRENSA. La atacaron y la cerraron y ahora tiene más fortaleza. Todos estos golpes que ha recibido LA PRENSA han sido más bien su fortaleza. Hemos resurgido y hemos seguido adelante.
¿Cómo se sentiría su hermano Pedro Joaquín, su mamá Margarita Cardenal y su papá si supieran que LA PRENSA cumple 100 años?
Nos dirían que sigamos adelante con el mismo proyecto de siempre, de sostener a LA PRENSA con los mismos valores de siempre. Creo que este aniversario se celebrará con la misma responsabilidad con que ha actuado y actuará siempre LA PRENSA, para seguir con el mismo espíritu que ha tenido siempre, desde que fue cerrada por primera vez (en los tiempos de Somoza García), y no solo por las manos de los poderosos, sino también por la naturaleza. Después del terremoto (de 1972) seguimos dando la misma cara.

Plano personal
Le dicen Anita, pero su nombre completo es Ana María Chamorro Cardenal. Nació en Managua el 15 de junio de 1927 y fue bautizada al día siguiente, día de Corpus Cristi.
Contrajo matrimonio con Carlos Holmann Thompson, el 13 de diciembre de 1947. Estuvieron casados cuarenta años, cinco meses, diez días y ocho horas, “hasta que la muerte nos separó”, escribió ella en su autobiografía que aparece dentro de su libro La herradura de mi suerte.
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En algunos momentos fue parte del equipo de socios que estuvo al frente de LA PRENSA, cuando su familia sufrió persecución y debieron salir del país. En el periódico también se convirtió en escritora de artículos de opinión, históricos, sobre temas religiosos, poesía y cuentos. También aglutinó una selección de sus mejores escritos en su libro, al que llamó La herradura de mi suerte.
Es profundamente religiosa y devota de la Virgen María.
En los primeros años de vida, se crio por la calle El Triunfo, aunque a veces pasaba tiempo también en Granada y en San Juan del Sur, Rivas.
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