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Cuando Rodrigo Chaves, presidente de Costa Rica, usó el término “prensa canalla” para referirse a los hombres y mujeres de prensa, algo moría en el país vecino. Como empezó a agonizar el periodismo independiente en Nicaragua cuando empezaron a llamar a LA PRENSA y El Nuevo Diario, los panfletos de Carretera Norte.
Y es que cuando la libertad de expresión agoniza no da grandes señales, aguanta, sufre y resiste, pero esto no debería ser así. Daniel Ortega y Rosario Murillo pasaron años intentando denigrar al periodismo independiente, señalando a los medios de comunicación por no estar de acuerdo con lo que ellos actuaban. Chaves lleva menos tiempo, estos comentarios de prensa canalla surgieron entre 2021 y 2022.
Recuerdo que en una universidad de Costa Rica me invitaron a hablar de los informes de agresiones a la libertad de prensa en Nicaragua que se realizaban desde la Asociación de Periodistas y Comunicadores Independientes (PCIN), comentando un informe que se hizo con periodistas ticos y me preguntaron los estudiantes ¿cuáles eran las señales de alerta y cómo reconocerlas? Con cara de funeral les dije: Las señales ya las tienen, esto ya está pasando, pero la pregunta es qué podrán hacer. Les recordé las declaraciones de su presidente y que si estábamos en la presentación de un informe sobre agresiones al periodismo costarricense la agonía ya había empezado.
Tras las elecciones costarricenses y con el triunfo de Laura Fernández la agonía continúa. A unos días de ser electa fue detenida una chica de 26 años por supuestas amenazas. Según revisé en redes el comentario fue “que no venga a Cartago” y es que en esa provincia la decisión fue otra.
Esta semana miré declaraciones de Fernández diciendo que ella no había puesto denuncia, que se había actuado por “oficio”. Me sorprendió la sal que tiene esta muchacha que en medio de comentarios y yotubers que advirtieron por qué no escoger la “continuidad” la seleccionaran para dar una lección o dejar clara la posibilidad de ser detenidos si estás en contra del gobierno.
Son señales claras de una agonía que inicia y que sigue patrones que ya se viven en otros países de Centroamérica con el liderazgo del mal ejemplo de Nicaragua, donde han advertido ya no quedan medios independientes.
La pregunta es la misma, cuando la libertad de expresión está en agonía: ¿Qué hacemos para revivirla, para no dejarla morir? Esperemos que Costa Rica que aún goza de institucionalidad no avance hacia una libertad de expresión moribunda y hacia la decadencia de la democracia.
Según he visto de esos arriesgados creadores de contenido en medio de la agonía, la continuidad presidencial propone suspender garantías individuales. “Cuando suspendan garantías individuales y su barrio quede en toque de queda y el gobierno no lo deje salir de su casa, no diga que usted no sabía”, afirma una creadora de contenido que ya ha sido amenazada por no simpatizar con la continuidad.
Creo que la agonía silenciosa de la libertad de expresión en muchos países es que es un derecho político y la política no les interesa a todos.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.