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Un clamor continental desde el norte hasta el sur de las Américas viene recorriendo nuestras naciones, demandando con carácter de urgencia, que se ponga de inmediato en libertad a todos los presos políticos.
No es por casualidad, que donde más intensidad tiene el reclamo es en aquellos países en que impera desde hace amargos largos años el Socialismo del Siglo XXI o sea en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Tampoco es casualidad, que donde prevalece el sistema democrático, como en la mayoría de los países de Europa Occidental, Estados Unidos de Norteamérica y parte de América Latina y el Caribe, no hay presos políticos.
La razón es muy sencilla. Los unos dicen seguir la corriente de pensamiento inspirada por Karl Marx en su famoso Manifiesto Comunista de 1848, que propugna como forma de gobierno por el establecimiento de la dictadura del proletariado y los otros, que se dicen demócratas, que se inspiran en Rousseau, Montesquieu, Locke y otros filósofos europeos que consideran fundamentales las libertades, la justicia igualitaria y el respeto por los derechos humanos.
Me he permitido hacer este somero esbozo sobre las ideologías para que mis lectores se percaten de una vez por todas de dónde venimos y hacia donde vamos. Ingente tarea fue para nuestros antepasados otear en el horizonte el destino de nuestras naciones, y la mejor prueba lo constituye el hecho de que mientras el general José de San Martin, héroe epónimo de la Argentina, propugnaba por una monarquía para que nos gobernaran, el general Simón Bolívar era partidario del sistema democrático como el menos malo en consonancia con la idiosincrasia latinoamericana.
Hay que decirlo y hasta proclamarlo a los cuatro vientos, que una de las mayores tragedias que hoy día afrontamos en el continente americano, lo es sin duda alguna, la presencia en Cuba, Venezuela y Nicaragua de miles de presos políticos. Están presos, en casi la totalidad de los casos, por no pensar igual que los mandamases de turno. Lo más grave es que no solo se les mantiene en completo aislamiento, separados de los suyos, sino que también se les tortura, siendo esto considerado como delito de lesa humanidad.
En una de sus últimas comparecencias, la vicepresidenta electa venezolana, María Corina Machado, informó que aún quedan en las ergástulas chavistas 777 presos políticos. Tres de ellos con más de 20 años de estar en prisión. ¡Habrase visto! Un ciudadano miembro de la Comisión de Derechos Humanos de Cuba me manifestó que hay alrededor de mil presos políticos en su país y de Nicaragua no se sabe exactamente cuántos son porque allí lo que funciona es la puerta giratoria, por la que sacan a unos y meten a otros en un número igual o mayor. Los últimos 61 que secuestraron se cree que aún están en prisión. El motivo: porque expresaron su alegría cuando les contaron que las tropas de los Estados Unidos (EE. UU.) que rodean Venezuela, habían capturado al déspota Nicolas Maduro Moro y que ya lo tenían bien guardado, junto con su esposa, en una cárcel de Nueva York (EE. UU.).
Es totalmente inaceptable que en la actualidad, de acuerdo con los informes de las comisiones de derechos humanos (ONU, OEA, UE) se sigan secuestrando y torturando a los ciudadanos(as), únicamente porque estos se oponen rotundamente a los crímenes horrendos de las tiranías en Cuba, Venezuela y Nicaragua. ¡Basta ya!
A los hermanos nicaragüenses, que sueñan con vivir en democracia, justicia y libertad, quiero decirles, que nunca antes como hoy —bajo la Administración Trump y Rubio en los EE. UU.— hay fundadas esperanzas en que más temprano que tarde, esos sueños se conviertan en realidad. El régimen usurpador de los Ortega-Murillo, por sus propias aberraciones y contradicciones se encuentra tambaleante y próximo a zozobrar. Sabemos, de fuente cierta, que al igual que Venezuela y Cuba, Nicaragua también va a contar con la solidaridad internacional para alcanzar nuestra liberación. Por lo que no hay que desmayar sino todo lo contrario: prepararnos para que cuando llegue la hora estemos listos para prestar nuestro concurso, a las más justa de todas las causas que puedan esgrimirse en defensa de nuestra nacionalidad ¡Nicaragua volverá a ser Republica!
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).