El secretario general de la OEA, João Baena Soares (c), lee los Acuerdos de Sapoá tras ser suscritos por las partes involucradas. A la izquierda de la imagen, la delegación sandinista en el poder, donde aparecen los hermanos Ortega, Lenín Cerna, Víctor Hugo Tinoco, Rafael Solís, Paul S. Reichler y Manuel Espinoza. A la derecha se observa al cardenal Miguel Obando y la delegación de los Contras, donde destacan Alfredo César, Adolfo Calero, Arístides Sánchez, Jaime Morales Carazo y el jefe contra Arturo Salazar Barberena, alias Omar. LA PRENSA / ARCHIVO
Sapoá 1988: los acuerdos de paz bajo fuego
Los Acuerdos de Sapoá prometieron la paz en medio de la guerra, pero solo fueron una tregua. El silencio de los fusiles llegó dos años después, con el cambio electoral.
En marzo de 1988 la Comisión Nacional de Reconciliación (CNR), presidida por el cardenal Miguel Obando y Bravo y por Sergio Ramírez pidió al directorio de la Contra sentarse a negociar la paz en Nicaragua.
Las fechas propuestas por la CNR eran los días 9, 10 y 11 de marzo. Lo que la población civil ignoraba era que se estaba ejecutando la mayor ofensiva militar que el Ejército Sandinista realizaba en ese momento para golpear a los contras y obligarlos a sentarse a negociar la paz en Sapoá.
“Tenemos que aumentar nuestra capacidad combativa en todo el territorio nacional y precisamente el día de hoy, como una respuesta a la falta de disposición para el diálogo y su disposición para la guerra de las fuerzas mercenarias, le queremos decir a los mercenarios que se preparen, porque nuestras tropas, nuestros combatientes, están ya en zafarrancho de combate, nuevamente en una jornada heroica en honor de la mujer nicaragüense”.
El discurso de Daniel Ortega durante la celebración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de 1988 reflejaba algo típico del dictador: llamar a la paz mientras negociaba con plomo.
Las negociaciones fueron de estiras y encoges, tensas y mediáticas. A lo largo de tres días, del 21 al 23 de marzo, se logró un consenso que concluyó con un acuerdo avalado por dos testigos de calidad: el cardenal nicaragüense Miguel Obando y Bravo y el brasileño, entonces secretario general de la OEA, João Baena Soares.
Estas negociaciones se sustentaban en los Acuerdos de Esquipulas II, que contemplaban, entre otros puntos, un cese al fuego definitivo, amnistía, democratización, libertad de prensa, elecciones libres y transparentes, y el levantamiento del estado de emergencia.
A pesar de los Acuerdos de Sapoá, se lograron algunos avances, pero no se puso punto final a la guerra. Simplemente se preparó el camino hacia la paz, pero no fue la solución definitiva. El conflicto continuó con menor intensidad; Nicaragua seguía sumergida en la pobreza y el desabastecimiento, y la tan anhelada paz llegó hasta el triunfo electoral de la primera mujer presidenta en la historia de Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro, el 25 de febrero de 1990.
Soldados del Batallón de Lucha Irregular (BLI) Rufo Marín combaten con los contras en territorio hondureño, el viernes 11 de marzo de 1988, durante el operativo militar Danto 88. Luego de esta acción militar, los contras llegaron a la mesa de negociación. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETEImagen de la Comisión Nacional de Reconciliación (CNR), presidida por el cardenal Miguel Obando y Bravo (d), con Sergio Ramírez (c) como vicepresidente y René Núñez (i) como suplente, durante una conferencia de prensa a inicios de marzo de 1988, en la que hablaron sobre la necesidad de ir al diálogo entre los Contras y el régimen sandinista. Al momento de esa conferencia, el Ejército Sandinista desarrollaba un operativo militar con todo su poderío en la zona fronteriza con Honduras. LA PRENSA / FOTOGRAFÍA RESTAURADA CON IADaniel Ortega, presidente de Nicaragua, y su hermano Humberto Ortega, jefe del Ejército Sandinista, ministro de Defensa y jefe de la delegación del gobierno, junto a delegados, después de colocar una ofrenda floral en el monumento al Soldado de la Patria y partir hacia las negociaciones en Sapoá, el lunes 21 de marzo de 1988. LA PRENSA / FOTOGRAFÍA RESTAURADA CON IALas dos delegaciones, sentadas cara a cara durante las negociaciones en Sapoá. Del lado oficial, Humberto Ortega, Joaquín Cuadra, Javier Carrión, Ricardo Wheelock, Lenín Cerna, Miguel D’Escoto Brockmann, Víctor Hugo Tinoco, Rafael Solís, Paul S. Reichler y Manuel Espinoza. Por los contras, la delegación estaba integrada por Adolfo Calero, Alfredo César, Jaime Morales Carazo, Fernando Agüero, Arístides Sánchez, Azucena Ferrey, Bosco Matamoros, Roberto Urroz y los jefes militares Walter Saúl Calderón “Comandante Toño”, Diógenes Membreño Hernández “Comandante Fernando” y Arturo Salazar Barberena “Comandante Omar”. LA PRENSA / CINDY CARPLas mesas de negociación duraron tres días, del 21 al 24 de marzo. Ambas partes se comprometieron a suspender durante 60 días las operaciones militares a partir del 1 de abril de 1988 y, en ese tiempo, a llevar a cabo el proceso de negociación integral para el cese definitivo del fuego. Asimismo, acordaron reunirse en Managua, al más alto nivel, el 6 de abril, para continuar las negociaciones. LA PRENSA / ARCHIVOAlfredo Calero, jefe de la delegación de la Contra, saluda a los periodistas durante un receso de las negociaciones. A la izquierda de la imagen se observa a Diógenes Membreño Hernández “Comandante Fernando” y Alfredo César. A la derecha: Roberto Urroz y Arturo Salazar Barberena “Comandante Omar”. LA PRENSA / CINDY CARPDe izquierda a derecha: Humberto Ortega, jefe de la delegación oficial; Víctor Hugo Tinoco, vicecanciller; Paul S. Reichler, asesor del régimen, y Lenín Cerna, jefe de la Seguridad del Estado, durante una conferencia de prensa en la que ofrecieron adelantos de las negociaciones. LA PRENSA / FOTOGRAFÍA RESTAURADA CON IADe izquierda a derecha: el directorio político de la Contra: Bosco Matamoros, Jaime Morales Carazo, Arístides Sánchez, Alfredo César y Adolfo Calero. Los comandantes de la Contra tuvieron serios problemas para coordinarse con los miembros del directorio político, lo que terminó en una ruptura después de los Acuerdos de Sapoá. LA PRENSA / CINDY CARPLa delegación oficial con parte de sus integrantes, de izquierda a derecha: teniente coronel Ricardo Wheelock, jefe de inteligencia y contrainteligencia militar; Manuel Espinoza, vocero de la delegación; teniente coronel Javier Carrión, segundo jefe del Estado Mayor del EPS; mayor general Joaquín Cuadra Lacayo, jefe del Estado Mayor del EPS, y Víctor Hugo Tinoco, vicecanciller de Nicaragua. LA PRENSA / ARCHIVOLos garantes de los acuerdos durante un receso de las negociaciones en Sapoá, Rivas, en marzo de 1988: el secretario general de la OEA, João Baena Soares (i), y el cardenal Miguel Obando y Bravo (d). LA PRENSA / CINDY CARPPortada del diario Barricada del jueves 24 de marzo de 1988, donde se anuncian los acuerdos firmados en Sapoá entre el régimen sandinista y la Contra. LA PRENSA / ARCHIVOArístides Sánchez, del directorio político de la Contra, firma el documento de los “acuerdos de paz”, mientras es observado por ambas delegaciones. LA PRENSA / ARCHIVOEl general Humberto Ortega, jefe de la delegación oficial, suscribe los Acuerdos de Sapoá ante la presencia de los garantes y observadores João Baena Soares (i), secretario general de la OEA, y el cardenal Miguel Obando y Bravo (d). Observan las delegaciones sandinista y de la Contra. LA PRENSA / MANOOCHER DEGATHIDaniel Ortega estrecha la mano al cardenal Miguel Obando y Bravo luego de la “firma de la paz” entre las delegaciones sandinista y contra. LA PRENSA / CINDY CARPSoldados de la Contra sostienen en sus manos la portada del Diario LA PRENSA del 26 de febrero, donde se anuncia el triunfo avasallador de Violeta Barrios de Chamorro como nueva presidenta electa de Nicaragua. Con este triunfo electoral se puso punto final a la guerra y llegó la anhelada paz al país. LA PRENSA / PETER NORTHALL
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