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Terminé de ver la serie Juego de Tronos y la reflexión pendiente es sobre las mujeres, los que susurran y el poder. En esta serie el protagonismo de las mujeres lo divido en dos principales. Las que quieren y buscan el poder a toda costa, y las que están jugando a poner y quitar personas en el trono. Cualquier parecido con la vida real es pura coincidencia.
Hablemos de la que “nació para reinar”, cuando tienes un ideal y te pintas como la mejor gobernante y todo tu argumento se basa en que naciste para ocupar un trono por ser la última de una familia, ¿qué tal si te sale un pariente que tiene más derecho?, ¿estás dispuesta a entregar el trono o muestras realmente quién eres y que la fuerza de tu argumento no es más que una excusa para la búsqueda del poder?
Están las que susurraron a los guerreros, a los reyes, para dejar a quien ellas querían en el poder, y una que al final terminó sentándose en el trono. Me deja pensando que no siempre quien no quiere el poder es mejor gobernante.
Hablemos de los casos de la vida real. Nicaragua ha sido gobernada por una mujer, Violeta Barrios de Chamorro, pero muchos decían que quien gobernaba realmente no era ella. Tenía su mano derecha. En Juego de Tronos el rey tiene una “mano”, no veo por qué en la vida real no podía funcionar de esa manera.
Está Rosario Murillo, quien como las brujas rojas de la serie, susurró quién era el poderoso, aunque en la serie las brujas no quieren sentarse en el trono de hierro, solo colocar al gobernante “elegido”. Además de ser el susurro, ella es copresidenta. Creo que nadie lo explicó mejor que un tuit de Estados Unidos donde llama a esto un invento para tener poder.
También la copresidenta lucha por la “continuidad”, parece que explicar la influencia de las mujeres en el poder es más fácil con la primera dama, copresidenta, coordinadora de comunicación y muchos otros cargos, que con tres personajes de una serie.
Pero hablemos de la continuidad y crucemos fronteras. En Costa Rica, Laura Fernández acaba de ganar la Presidencia siendo continuidad de Rodrigo Chaves, y todo mundo dice que Chaves seguirá mandando, susurrándole a la rubia por dónde va la cosa.
Defiendo el poder de las mujeres, pero filosofemos un poco sobre los intereses que las llevan a querer el poder, a mantenerse en él o apoyar a ese “elegido” que quieren que lo ostente.
Terminé la serie muy impresionada por este juego de poderes, por las mujeres que lo buscan, que lo conquistan o que hacen una diferencia para que otro lo asuma. Pero sobre todo porque en medio de ese caos de intereses están los personajes que logran salir adelante, sacar sus vidas y ser felices sin el deseo de sentarse en un trono. Esos que a su manera hacen una diferencia, pero no quieren el reconocimiento, que quieren ser “nadie” para luego poder ser ese héroe al que no le susurran que tiene que tener poder, simplemente lo tiene.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.