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Los nicaragüenses desterrados por la dictadura Murillo-Ortega no pierden su nacionalidad nicaragüense solo porque la dictadura así lo dice o porque se han visto obligados a adquirir otras nacionalizados.
Más bien, los nicaragüenses deben de unirse para luchar por el restablecimiento de una república democrática en Nicaragua. Y esta lucha debe de aglutinar a aquellos patriotas demócratas con reconocidos méritos que están dispuestos a dedicarse a este noble proyecto.
Sus tareas prioritarias consistirían en cabildear ante los gobiernos democráticos del mundo para que ayuden a derrocar a la dictadura con herramientas como la eliminación de ayuda a Nicaragua por los bancos internacionales como el Banco Mundial, el FMI y el BID. También deberían de reducir su influjo financiero a Nicaragua salvo para aquello que beneficia directamente a los ciudadanos de Nicaragua como, por ejemplo, las remesas.
Otro objetivo de sus gestiones debería de ser la divulgación de lo que realmente está ocurriendo en Nicaragua a través de contactos con “influyentes” en los países donde viven. Esto se logrará a través de contactos directos de ellos con medios como importantes periódicos, radioemisoras y por televisión.
Es crucial que los demócratas en el exilio se unan, organicen y actúen. Liberar a Nicaragua debería de ser su ¡PRIMERA PRIORIDAD!
El mecanismo para coordinar e impulsar estas actividades podría ser la creación de un “gobierno en el exilio”, integrado por patriotas serios, de prestigio y comprometidos a trabajar a tiempo completo y de manera armoniosa por el establecimiento de una democracia en Nicaragua.
El autor fue canciller de la República, embajador de Nicaragua en los EE. UU. y director del Banco Mundial.