¿Está Cuba en “la hora de los hornos”?

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José Martí, el apóstol y adalid de la libertad de Cuba, escribió en 1891: “Es la hora de los hornos, en que no se ha de ver más que la luz”.

Martí escribió esa hermosa y esperanzadora frase en una carta que envió a su amigo y compañero de lucha, el periodista, escritor y poeta, José Dolores Poyo. Quería indicar con ella “la necesidad de unidad y acción decisiva” ante la lucha por la libertad y la independencia cubana, que era inminente.

Fidel Castro se apropió maliciosamente de la frase de Martí, lo mismo que de su nombre simbólico y ejemplar, para justificar a la dictadura comunista, mancillando la memoria del apóstol cubano que amaba la libertad por encima de todo y odiaba cualquier forma de dictadura y opresión.

Ahora, después de 67 años de tiranía comunista, ¿se podría decir que Cuba está en “la hora de los hornos” en el significado martiano de la frase, o sea, en vísperas de conseguir por fin la libertad?

La posibilidad siempre ha existido y ha permanecido en la conciencia de la gente cubana que ama la libertad y quiere la democracia. Pero al parecer este anhelo supremo nunca estuvo tan cerca de convertirse en realidad, como ahora, después de que Estados Unidos (EE. UU.) derrocó al dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, y lo tomó prisionero junto con su esposa y cómplice Cilia Flores para juzgarlos por graves delitos cometidos contra la nación estadounidense.

Cuando ocurrió el derrocamiento y la captura de Maduro, el presidente Donald Trump aseguró que pronto también caería la dictadura de Cuba, pero no por una acción externa sino por su propio peso. O sea, por el fracaso total del sistema comunista y la pérdida del vital apoyo venezolano que dejaría de recibir.

El martes de esta semana, Trump reiteró que la dictadura cubana “está a punto de caer”, porque ya no recibe el petróleo de Venezuela que le permitía medio mantener en funcionamiento al país. Al día siguiente, al comparecer ante el Senado para informar sobre las acciones militares realizadas en Venezuela, el secretario de Estado Marco Rubio expresó que le gustaría ver “un cambio de régimen en Cuba”, pero que EE. UU. no necesariamente se involucraría en una acción directa para cambiarlo, como lo hizo en Venezuela.

Al día siguiente el presidente Trump firmó una orden ejecutiva declarando “emergencia nacional” para “hacer frente a la amenaza extraordinaria e inusual” del régimen de Cuba a Estados Unidos. Acusa al gobierno cubano de haber albergado capacidades militares y de inteligencia de potencias adversarias (China, Rusia e Irán), además de brindar refugio a grupos extremistas y terroristas. En consecuencia, ordenó castigar con más aranceles a los países que le proporcionen petróleo a Cuba. O sea que Trump mantiene la expectativa de hacer caer a la dictadura cubana ahogándola económicamente.

Personas que se dicen cercanas al Departamento de Estado, aseguran que el propósito de EE. UU. es obligar al régimen cubano a abrirse él mismo a una reforma democrática. Y en caso de que se siga negando a devolver la libertad al pueblo cubano, recurrir a medidas más drásticas para forzar el cambio.

Al respecto, el filósofo, sociólogo, politólogo y académico venezolano, Trino Márquez, publicó este viernes un artículo en el periódico El Nacional, de Venezuela, en el que asegura que “el tiempo del despotismo está llegando a sus días finales. El secretario Marco Rubio, de ascendencia cubana, se ha propuesto acabar con el oprobio de la tiranía. Para lograrlo, parece contar con ese poderoso e impredecible aliado que es Donald Trump. A la nomenclatura cubana le conviene entender que esos hombres muchas veces concretan las amenazas. Esa élite o cambia, adaptándose a la realidad de las naciones democráticas, o la cambian”.

La recalcitrante dirigencia de la dictadura de Cuba, a lo largo de sus más de 67 años de existencia, ha sobrevivido a varias crisis existenciales. Sobrevivió inclusive a la desaparición de la Unión Soviética, que la subsidiaba en todo para que pudiera resistir. Habrá que ver si es capaz de subsistir ahora, o si el pueblo cubano podrá por fin ver la luz de los hornos de la libertad de la que en forma tan sugestiva habló José Martí.

Ojalá que sí. La dictadura de Nicaragua quedaría sola y sería menos difícil lograr el cambio democrático.

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