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El domingo pasado el nuevo embajador de España en Nicaragua, Sergio Farré Salvá, con apenas 23 días de la presentación de sus cartas credenciales y su segundo a cargo Miguel Mahiques Núñez, así como entre 5 y 9 cooperantes españoles, fueron expulsados del país bajo la justificación que estaban involucrados en “actividades incompatibles con su estatus”, más concretamente, en una “actitud sospechosa de injerencia”.
¿Qué clase de acciones de parte del nuevo embajador Farré podrían haber provocado semejante acción de parte de los codictadores Murillo-Ortega? Según fuentes diplomáticas citadas por el Diario LA PRENSA, no hubo ninguna acción concreta sino una reunión que mantuvieron los cooperantes españoles con el embajador en una reunión a puerta cerrada en la sede de la Embajada de España en Managua en donde no se hablaron temas de política interna.
La conversación del embajador con los cooperantes de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) devino en un fulminante operativo de detención y expulsión de los cooperantes fuera de proporción, porque ni siquiera tuvo lugar en un espacio público, sino en el ámbito diplomático, en territorio español.
Si fuera cierto que esta es la razón única del porqué de la expulsión del embajador español y su segundo, así como de los cooperantes españoles, la implicación es que hay un sofisticado sistema de espionaje de la sede, por lo que habría que suponer, que todas que las conversaciones son grabadas.
Como se conoció en los medios, el Gobierno de España tomo estrictas medidas recíprocas expulsando al embajador de Nicaragua en Madrid Maurizio Gelli y al agregado militar, que según informa el medio digital “Despacho 505” las autoridades españolas le venían dando seguimiento ante la sospecha de que se dedicaba a informar sobre las actividades de exiliados opositores nicaragüenses residentes en España.
Pero, ¿qué habrá enfurecido tanto a la dictadora para que tomase una acción tan desproporcionada por una conversación privada del embajador con su personal y cooperantes?
Según una fuente diplomática consultada por el Diario LA PRENSA a condición del anonimato, “la decisión del régimen apunta a razones más profundas y ajenas al ámbito de la cooperación, esto va más allá. Hay una represalia directa por algo que está más arriba. Hay algún tipo de negociación por parte del gobierno. Yo no sé si tiene que ver con los hijos, si tiene que ver con alguien, o con alguna salida que se estaba negociando y que España en determinado momento, se negó a aceptar, y por lo tanto hubo una represalia inmediata”.
Una cosa me queda absolutamente clara, y es que no se toman decisiones tan drásticas entre dos Estados por unas conversaciones que tienen lugar privadamente dentro del ámbito de una embajada, que en este caso es formalmente territorio español y mucho menos catalogar dichas conversaciones como “sospecha de injerencia”.
Es decir: el estado policial que existe en Nicaragua desde el 2018 rebasa sus fronteras y castiga severamente a diplomáticos, ya no digamos por sus acciones, sino por sus supuestas intenciones, adivinadas por las escuchas de los sistemas de espionaje rusos. Por cierto, la embajada de Rusia dista a pocos metros de la embajada de España en Las Colinas, Managua.
Me cuesta creer que esta sea la verdadera razón del desencuentro diplomático porque si fuera así, ya no quedarían diplomáticos en Nicaragua.
Los verdaderos motivos por semejante reacción contra España, ya característica de un régimen represivo que no para en sus abusos contra sus ciudadanos, se conocerán muy pronto porque no existe nada oculto bajo el sol y tarde o temprano, la verdad saldrá a luz.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984