La importancia de las emociones políticas en la construcción de nuevas narrativas en la sociedad nicaragüense

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En abril del 2018 surgió una nueva narrativa que evidenciaba una población con una posición social esperanzada con el cambio, las demandas que caracterizaron el levantamiento social de entonces se enfocaban en cambios estructurales en el sistema político del país, resumidas en las exigencias de libertad, democracia y justicia o aquello que a veces nombramos “el espíritu de abril”. Tiempo después debido a la represión y la fragmentación de la oposición, así como otra serie de factores (exilio, situación económica, desgaste emocional), esta narrativa se fue diluyendo. Convirtiéndose en una percepción profundamente pesimista sobre el futuro del país.

Según el estudio de Fundación Sin Límites Pulso Nacional perspectivas de la ciudadanía nicaragüense, publicado en febrero de 2025, el 52 por ciento de la población encuestada sostenía una visión negativa sobre el rumbo del país, destacando las juventudes y las mujeres con una mirada aún más pesimista. La organización Hagamos Democracia, hizo una consulta más reciente en su estudio Informe percepción de la realidad política, social y económica de Nicaragua publicado en diciembre de 2025, donde el 99 por ciento de las personas de la muestra dijeron tener una percepción negativa sobre el futuro.

Ante esto me resulta indispensable pensar en oportunidades, sobre todo en por qué (aparte de razones evidentes), no hemos logrado sostener narrativas esperanzadoras y qué podemos hacer al respecto. Las narrativas se construyen de emociones y las narrativas políticas, se construyen de emociones políticas.

Según Martha Nussbaum en su libro Las emociones políticas. Por qué el amor es importante para la justicia, los principios políticos ya sean buenos o malos, necesitan de las emociones para su estabilidad en el tiempo, por ello, la autora señala que ningún pueblo que es democrático y que aspira a la justicia se sostiene solo con el derecho y principios racionales; sino que es clave “la cultivación política de las emociones públicas como la compasión, el amor cívico, la igualdad”.

Muchas veces me pregunto qué habría pasado si en lugar de intentar estructurar el espíritu de abril en pequeños grupos o agendas, lo hubiéramos cultivado de manera tal que se convirtiera en una aspiración popular de largo plazo, una emoción política compartida; pero como los hubiera no existen, prefiero pensar en que aún tenemos oportunidad de darle lugar a esa fuerza interna que se mueve para que haya un cambio profundo en Nicaragua.

Siguiendo la línea de las emociones políticas, Nussbaum menciona que en toda sociedad es necesario controlar ciertas fuerzas, entre esas “el frágil yo”. Lo que nosotros o autores como Emilio Álvarez Montalván, definiría como personalismos, caudillismos, ego. Una característica muy presente entre actores políticos y sociales de nuestro entorno. Empezando por identificar las razones por las cuales se nos hace difícil construir nuevas narrativas, esta es una. Es necesario notarla, nombrarla y cambiarla. Solo podemos devolver la esperanza a una sociedad profundamente rota por la polarización y la represión si cambiamos rasgos de nuestra cultura política que no nos permiten sembrar y cultivar emociones como la empatía y el bien común.

Para la población es difícil creer en proyectos políticos que se alejan del consenso, he aquí otro aspecto que ha influido en narrativas desesperanzadoras, ver surgir cada semana un nuevo actor o grupo político de oposición no solamente confunde a la ciudadanía; sino que también hace cuestionar sobre los intereses políticos de largo plazo de dichos actores. Sobre esto Nussbaum habla de repensar caminos donde las emociones puedan servir como soporte a los “fundamentos básicos de la cultura política de una sociedad imperfecta; pero aspiracional”. Además, cita a Rawls quien propone un concepto que llama mucho la atención, “consensos entrecruzados” porque no se puede esperar que todos coincidamos en todo; pero sí que podamos respaldar acuerdos mínimos que permitan actuar, no estoy hablando del simple hecho de promover la famosa unidad en la acción, sino de realizar discusiones de fondo que permitan crear verdaderos consensos, que deriven en alianzas políticas reales. Me refiero a ir más allá del limitado acuerdo de no destilar odio unos contra otros, eso está bien; pero es un acuerdo básico en comparación a los consensos a los que podemos llegar si hacemos espacio para reconocernos y tener las conversaciones pendientes. Quizá algunos actores ya no tengan espacio para intentarlo porque sus emociones políticas ya están muy arraigadas; pero desde otros sectores no deberíamos rendirnos.

Es necesario promover los diálogos, los debates, la crítica constructiva. Desarrollar emociones políticas para sostener el espíritu de abril no va de hacer de un pensamiento una idea hegemónica, sino más bien de sostener con total apertura lo que la diversidad de ese sentimiento representó en 2018. Nussbaum sostiene que “la cultivación enérgica de las emociones puede coexistir con la protección de un espacio para la crítica abierta, aunque esa no sea siempre una convivencia fácil”.

No creo que debamos conformarnos con organizar actividades cada vez que hay una fecha conmemorativa, porque como dice la misma autora a la que hecho referencia en este artículo: “Una sociedad que se mantenga unida solamente sobre la base de la adhesión a un compromiso coyuntural, considerado útil desde el punto de vista instrumental, no tiene muchas probabilidades de permanecer estable por mucho tiempo”.

Por otro lado, y esta no es una crítica o desplante hacia la oposición que con mucha dificultad se sostiene y hace frente al exilio, la represión transnacional, la situación económica, entre otras, es necesario reconocerles eso, esto también forma parte de construir una nueva perspectiva o por lo menos rompe con la lógica de criticar esfuerzos sin hacer nada concreto al respecto. Desde mi punto de vista si creemos que la oposición tiene oportunidades de mejora, además de opinar hay que involucrarse, porque desde la trinchera de las opiniones solo se construyen castillos en el aire. Esta es una mirada crítica sobre la forma en que hemos construido narrativas. En esto no solo participan los actores políticos de oposición, también juegan un importante papel los medios de comunicación, la sociedad civil, las juventudes, creadores de contenido, entre otros.

Este artículo de opinión busca que nos cuestionemos sobre narrativas y emociones políticas. Entendiendo que las emociones políticas son capaces de ayudarnos a construir un proyecto político común, crear identidad y colectivizar los esfuerzos para una transformación social.

La autora es directora ejecutiva de Fundación Sin Límites.

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