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A raíz de la operación militar de los Estados Unidos, que devino en la captura y extracción del dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, han abundado los memes que proyectan los deseos de muchos exiliados nicaragüenses de que algo así les podría pasar a los codictadores de Nicaragua, Rosario Murillo y Daniel Ortega.
Dicho escenario sin duda ha alimentado la paranoia de los codictadores, que han reaccionado a la captura de su compinche con mesura; primero con inexplicable silencio y luego, con inusitada cautela. Un dato significante es que, contrario a otros tiempos, ni siquiera han mencionado en sus comunicados y declaraciones el nombre del presidente Donald Trump, quien dio la orden.
Han aprendido de Maduro, quien se burlaba y retaba continuamente a Trump como un chavalito bujón de barrio diciendo que “lo esperaba en Miraflores”, Trump le tomó la palabra y lo mandó a traer al Fuerte Tiuna la madrugada del 3 de enero.
Ahora los dictadores de Nicaragua se cuidan de no andar provocando a Trump y ni siquiera salen a actos públicos en inauguraciones o marchas de protesta porque ciertamente temen que los manden a “extraer”. ¿Será un temor fundado?
Yo creo —desilusionando a muchos nicaragüenses— que si no provocan directamente y ofensivamente a Trump, pueden dormir tranquilos en El Carmen, por estas cinco razones:
Nicaragua no tiene las reservas comprobadas de petróleo más grandes del mundo y su importancia estratégica para los Estados Unidos es mínima, máxime cuando el sueño del Gran Canal Interoceánico ha quedado precisamente en eso: un gran sueño.
Los codictadores nicaragüenses no están siendo procesados en los Estados Unidos por narcotráfico ni son señalados, digamos, como los cabecillas del Cartel de El Carmen, por mencionar un nombre. Ni siquiera hay una recompensa por su captura.
La Administración Trump está muy ocupada ahora con el frente que acaba de abrir en Groenlandia y con sus aliados de la OTAN que han apoyado a Dinamarca; ya hasta Venezuela ha pasado a un segundo plano, ya no digamos su democratización.
Montar una operación de extracción así, de esa envergadura, no es como “soplar y hacer botellas”: le tomó tres meses de planificación e infinidad de recursos a los Estados Unidos realizar la “Operación Resolución Absoluta” que devino en la captura de Maduro y Flores y su increíble traslado del Fuerte Tiuna a una fría prisión de Nueva York, donde actualmente son procesados.
Maduro cruzó la línea roja y ofendió a Trump. Murillo y Ortega aprendieron la lección y quizás, como dicen los rumores, en un reciente sueño se le apareció Hugo Chávez a Ortega y le dio sabios consejos para su sobrevivencia en las encrespadas aguas de la política internacional. La más pertinente: “Arreglarse con el de arriba para que no les pase lo de Nicolás”.
Todo lo anterior, no implica que los codictadores puedan dormir tranquilos, porque en este mundo tan convulso y alborotado ya nada nos sorprende: el solo hecho de que algo así le ocurrió a su protector, es suficiente para que tengan pesadillas recurrentes cada noche y a como ha informado 100% Noticias, hayan incluso desconcentrado y desalojado a sus hijos de El Carmen.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue Co director de LA PRENSA de 1981 a 1984.