Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Aunque la canasta básica experimentó el año pasado un incremento 561 córdobas respecto al 2024, las autoridades del Banco Central de Nicaragua informaron que la dictadura consiguió controlar la inflación, cuya tasa se ubicó como la más baja de los últimos cinco años, mientras economías mundiales, como Estados Unidos, siguen batallando con este flagelo económico.
Aunque la economía está altamente dolarizada y suele ser impactada por los efectos inflacionarios internacionales, el régimen de Daniel Ortega asegura que lo peor de la crisis de precios en el mercado nacional ya pasó y muestra de ello es que el indicador cerró en 2.70 por ciento, su nivel más bajo en la última década.
En el 2021, en el año pospandémico y cuando el mercado internacional empezó a enviar señales de una inminente crisis de precios, la inflación en Nicaragua se ubicó en 7.21 por ciento; mientras que al año siguiente ya en plena espiral esta concluyó en el mercado local en 11.59 por ciento.
A tráves de duras medidas contractivas en el gasto público y fiscal, en el 2023, el régimen anuncia una desaceleración significativa de la inflación, cerrrando en 5.60 por ciento; y en el 2024 esta cayó a 2.84 por ciento, según muestran las cifras oficiales.
Lea además: Reforma fiscal ha provocado fuertes alzas en los precios al consumidor
«La baja inflación es resultado de una política monetaria de estabilización cambiaria que mantiene el deslizamiento de la moneda en cero por ciento, una política de subsidios del Gobierno que ha estabilizado los precios de los combustibles y del transporte público, y de una inflación importada baja como parte de la desaceleración de la inflación internacional», dice el BCN, controlado por el operador económico de la dictadura, Ovidio Reyes.
Una política de subsidio en los combustibles que en la realidad no existe. De hecho, los reportes regionales reflejan que Nicaragua tiene los precios de los combustibles más caros de Centroamérica. Y muestra de ello es que, según Global Petrol Prices, en América Latina, Nicaragua tenía la cuarta gasolina más cara del hemisferio (5.04 dólares por galón).
Uruguay está a la cabeza con el carburante más caro (7.56 dólares por galón); seguido de México (5.40 dólares) y luego Chile (5.15 dólares), tres economías fuertes y ricas comparada con la de Nicaragua, con poder adquisitivo bajo y salarios precios. Delante de Nicaragua solo se ubica Cuba (4.90 dólares) y más bajo Costa Rica (4.87 dólares).
Pero pese a ello, la dictadura acumula más de tres años con los combustibles congelados, los cuales fueron fijados cuando el precio del petróleo estaba en más de 100 dólares, lo que ha ocasionado que los nicaragüenses no hayan podido hasta ahora gozar del alivio que este ha generado a los mercados mundiales y por tanto esto ha impactado el costo de la canasta básica.
El precio de la canasta básica de 53 productos, diseñada para un familia promedio de seis miembros, cerró el 2025 en 20,821.68 córdobas, que al cambio actual equivalen a 568.52 dólares, 561.87 córdobas más comparación con el precio que registró en diciembre de 2024. La mayor alza la sufrió el segmento de alimentos, es decir, los productos cuya compra es indispensable y que por tanto suele impactar la inflación.
«Para 2026, el BCN espera que esta tendencia de baja inflación se mantenga, en un contexto de continuidad de políticas monetaria y fiscal coherentes y perspectivas positivas para el crecimiento económico y aumento de la oferta de bienes que incidirá positivamente sobre las expectativas de los agentes económicos», predijo el máximo emisor bancario en su reporte inflacionario de cierre de año.
Dicha perspectiva, no obstante, no convence del todo a los economistas, especialmente en un contexto donde se espera que este año se sienta con mayor fuerza el impacto de la política arancelaria de la administración de Donald Trump a la economía nicaragüense y el resto del mundo.
Economista advierte riesgos
«La tasa de inflación interanual del IPCG en 2025 continuó desacelerando desde 2.84 por ciento en diciembre de 2024 hasta 2.70 por ciento en diciembre de 2025, pero en 2026 se espera que los aranceles eleven los precios, aunque los exportadores que venden sus productos a Estados Unidos aún no han observado una desaceleración de la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en sus mercados locales», dice el economista Néstor Avendaño, en análisis publicado en su sitio personal.
No obstante, Avendaño, que basa su análisis en cifras oficiales, dice que tal ha sido la baja en la inflación que la misma está por debajo de su tasa natural, es decir en su rango previo a la crisis de precios. «Pero una tasa más lenta de aumento general de precios al consumidor no significa una disminución de precios. A los consumidores no sólo les interesa saber si la tasa de inflación sube o baja, les importa también conocer si la tasa de inflación se encuentra por encima o por debajo del rango inflacionario “natural” de la economía nicaragüense, que ahora parece estar desacelerando de [4.0 por ciento, 4.5 por ciento] a [3.0 por ciento, 4.0 por ciento]», explicó.
A criterio de Avendaño, «los efectos inflacionarios de los aranceles aún no se han manifestado en Nicaragua, ya que es probable que las empresas sigan vendiendo el inventario acumulado o hayan incurrido en pérdidas al establecer los precios al consumidor en niveles más bajos. Lo que ha ocurrido ha sido un proceso lento y muy gradual, porque esperábamos que los aranceles provocaran un aumento repentino de la inflación casi inmediato en dos o tres meses».
Y agrega: «Además, el efecto económico de los aranceles no ha sido “instantáneo” porque su implementación no ha sido igual, con muchas interrupciones y pausas, y no ha repercutido en las cadenas de suministro».
¿A qué se debería esa transmisión inflacionaria en Nicaragua y el resto del mundo? El economista lo explica así: «El encarecimiento de los precios de los insumos y de productos terminados de Estados Unidos aumentaría la tasa de inflación en los países del resto del mundo que realizan importaciones de bienes y servicios desde Estados Unidos. Por estos aumentos de inflación, el nivel de la producción de bienes y servicios tendería a disminuir en la economía global».
Otros factores de riesgos para inflación este año, según Avendaño, son: «la fragmentación del comercio mundial y las medidas arancelarias que alteren (i) la demanda externa, o sea, las exportaciones, (ii) la volatilidad de las remesas por cambios en la política migratoria de Estados Unidos, (iii) la posibilidad de reversión en la moderación de precios alimentarios y (iv) el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales. Estos riesgos externos operarían en un contexto de vulnerabilidades internas que haría necesario mantener una vigilancia estrecha de las reservas internacionales, de la evolución de los flujos de remesas y de las condiciones de liquidez en el mercado local».