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El petróleo como fuente de riqueza en Nicaragua ha sido un sueño recurrente que, desde 1902, ha cruzado dictaduras, guerras, revoluciones, gobiernos democráticos y juicios internacionales.
Y ni una sola gota útil ha aparecido jamás. De haber aparecido —dice un veterano exfuncionario público— quizás hoy estaríamos celebrando o lamentando la misma suerte de la Venezuela actual.
“Hombré, a lo mejor ya estarían los muchachos de Trump por Managua”, dice a modo de broma, para luego, asustado por la magnitud del comentario, pide “manejar eso con cuidado”.
Han pasado 124 años, decenas de pozos imaginados, millones de dólares calculados, y la pregunta persiste: ¿Hay petróleo en Nicaragua o solo se trata de una leyenda burocrática?
El país, que hoy importa cada gota de hidrocarburo que consume ha invertido energías, discursos y recursos públicos en esa búsqueda infinita.
Desde la perspectiva de este exfuncionario del sector energético en los años del presidente Enrique Bolaños, quien pide anonimato por motivos de seguridad, todo ha sido en vano y pérdidas.
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Quimera negra
No es el único que piensa que el sueño del petróleo ha sido una quimera.
El economista e historiador Enrique Sáenz también piensa que esa aspiración ha formado parte de promesas, esperanzas y mentiras de campañas electorales, como lo ha sido el tema de un canal interoceánico y otras obras faraónicas que no han pasado del papel.
“Efectivamente, esta ha sido una aspiración por décadas sin que haya producido nada concreto”, dijo.
Sáenz recuerda que, en la búsqueda de ese sueño, el país se ha enfrascado incluso en litigios internacionales por amplios territorios en ultramar, como el pleito con Colombia que inició en 1930 y recién concluyó finalmente ante La Haya en 2022.
“El conflicto con Colombia por la plataforma continental fue alimentado, precisamente, por la expectativa de la existencia de yacimientos de petróleo”, dice Sáenz, quien no duda que, de haberse encontrado los yacimientos bajo la actual dictadura sandinista, los Ortega Murillo ya habrían otorgado la explotación a China, Rusia e Irán.
“Con la voracidad de la mafia en el poder no tengo dudas de que si hubieran tenido indicios fundados de la existencia de yacimientos explotables hace rato que se hubieran abalanzado extendiendo amplias concesiones a empresas rusas, iraníes y chinas, países con amplia experiencia petrolera”, dice.
“Si no lo hicieron tras casi 20 años aferrados al poder, es porque seguramente no vieron perspectivas de negocio”, razona Sáenz.
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Exploraciones pioneras
El ingeniero “Jacinto”, exfuncionario del Ministerio de Energías y Minas y exasesor de inversiones energéticas en sectores privados hasta 2010, dice que durante muchos años leyó toda la literatura histórica y científica sobre el tema “y nunca hubo señales claras de petróleo”.
Dice que la fiebre del petróleo llegó a Nicaragua en 1930, una época en que la palabra “exploración” era más una aventura al estilo del lejano oeste, pero en las costas del Pacífico.
Todo comenzó, dice Jacinto, en la franja del Pacífico, cerca de Masachapa y San Rafael del Sur, con empresas extranjeras como Exxon y Standard Oil que buscaban repetir la suerte de México o Venezuela, perforando pozos sin demasiados datos sísmicos y confiando en el olfato de geólogos forasteros.
La lógica parecía natural: si en México habían encontrado petróleo bajo suelos volcánicos, ¿por qué no en Nicaragua donde abundan los volcanes?
El país carecía de un mapa geológico serio, de tecnología y de personal capacitado y los primeros pozos se hicieron con vieja tecnología y guiados por comentarios sueltos que aparecían en los periódicos, sobre vecinos de una finca que denunciaban que un lodo negro y maloliente que brotaba de un pozo les mataba a sus vacas.
“Nadie, ni en el Estado ni en las compañías, tenía idea de la complejidad de las cuencas sedimentarias locales”, dice Jacinto.
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Más atrás en la historia
En realidad, la búsqueda de petróleo se registró por primera vez en 1902 y no en 1930 como lo recuerda el exfuncionario público.
Así lo consignó un reportaje investigativo de LA PRENSA en agosto de 1976, cuando la dictadura de la familia Somoza anunció festiva la firma de nuevos contratos de exploración.
El 20 de noviembre de 1902, el ingeniero alemán Federico K. Morris, principal organizador de trenes del presidente José Santos Zelaya, obtuvo la primera concesión petrolera formal en Nicaragua, con derecho a explorar una región circular de tres millas de radio.
Pese a su entusiasmo y un contrato ampliado a 15 años, Morris renunció al plan apenas a los pocos meses y acabó importando gasolina por Corinto. Sería el primero en fracasar en la búsqueda.
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Don José Antonio Montalván, empresario local, ignoró el desencanto de Morris y gestionó una concesión de 30 años que, tras analizarlo bien, recortó a solo cinco meses. También fracasó, perdiendo dinero en la aventura.
Mientras tanto, la modernidad seguía llegando con vehículos y artefactos que operaban con combustible, alimentando la fiebre petrolera nacional.
A partir de 1908, la importación de gasolina aumentaba y el sueño de hallar petróleo se intensificaba.
Ese año, el gobierno autorizó a Ascencio Flores y Carlos Zubiria a buscarlo en Siquia, Zelaya, por 40 años. Luego, Jorge Heisch obtuvo otra concesión de 90 años, firmada en 1917, seguida por la Central American Exploration, primer intento con capital estadounidense, para explorar Rivas, Chontales, Bluefields y Zelaya durante 40 años.
La década perdida del 20
La década de 1920 se caracterizó por una oleada de solicitudes y generosidad oficial para entregar concesiones.
El Estado empezaba a percibir ingresos por permisos, aunque nadie encontraba hidrocarburos. Entre los beneficiarios destacaron James P. Wilkiams (50 años), James M. Hall (90), Claude Dewhorst (90), Narciso Lacayo (90), Costa Rica Petroleum (40), Robert McKinley (50), Nicar Petroleum Corporation (50), José Pasos Díaz (50), William Paeffle (50), Ernesto Carazo (50), Félix E. Guandique (45), Oriente Oil and Gas Company (50).
Don Pablo Hurtado obtuvo una autorización por 50 años, pero luego de millones perdidos la cedió a la Compañía Petrolera de Nicaragua y muchas más, con plazos astronómicos que expiraron por abandono, quiebras o falta de resultados.
La más singular de todas las concesiones fue la del 18 de junio de 1938, otorgada al “conde” Miguel Jerónimo de Escoto y Muñoz, de quien el general José María Moncada decía que no era “ni conde, ni coto”.
Este contrato le permitía perforar en cualquier parte del país, sin perjuicio alguno. Los límites eran fáciles de recordar y por ello se volvió escándalo: Honduras al norte, Costa Rica al sur, el Atlántico al este y el Pacífico al oeste, incluyendo territorios “cubiertos con agua”.
Es decir, todo el país.

Petróleo no, negocios turbios sí
En 1941 se creó la Comisión del Petróleo que pronto suspendió los términos del contrato del “conde” Escoto, quien nunca logró un pozo productivo, pero sí beneficios económicos subarrendando su concesión y comprando tierras a precios irrisorios en nombre de la independencia energética y progreso de Nicaragua.
Otras concesiones siguieron llegando y fracasando: Carlos Castro Wassmer y José María Castellón, entre otros, extranjeros y locales.
La década de los 50 mantuvo el mismo ritmo: concesiones, planes, exploraciones e inversiones, pero ni un pozo produciendo.
Los proyectos nacían, envejecían y expiraban unos tras otros.
En total, unos 7.6 millones de hectáreas llegaron a estar bajo concesión del Departamento de Hidrocarburos del Ministerio de Economía: 20 en la plataforma marítima del Atlántico, 8 en tierra firme y 12 en el Pacífico, con coberturas que alguna vez incluyeron todo el litoral, salvo Chinandega y Rivas, exploradas en otros tiempos.
En 1971, Shell perforó el pozo “Perla Uno” en Cayo King. Un lánguido grifo de petróleo emergió a cuentagotas, quizás con inversión daría unos seis mil barriles diarios, pero los cálculos consideraron insuficiente la capacidad de extracción para convertir la operación en rentable y el pozo se abandonó.
Las grandes compañías
Hasta 1977, operaron legalmente compañías como: Union Oil, Western Caribbean, Chevron, Montara, Texaco, Frank K. Petroleum, Jack Grigsby, Gayle K. Hamilton, Donald Spencer Jr., Oceanic Exploration, Pacific and Oceanic Resources, Oceanic Western Hemisphere Exploration, Nicarao Petroleum, Pacific Caribbean Petroleum, Nicaragua Resources Limited, Nicaragua Exploration Company, Nicaragua Mineral Inc., Nicaragua Oil Resources Inc., Nicaragua Oil Ltda., además de Oleoductos Nicaragüenses y Marítima Mundial en el Pacífico. Ninguna tuvo éxito.
Más de 31,900 kilómetros de líneas sísmicas 2D cubrieron el Pacífico y el Caribe. En los laboratorios, geólogos como Harold Witcher estudiaban núcleos de roca granítica recuperados en la concesión Nicaraguan Rise.
Hacían análisis geoquímicos y concluían que la geología nacional tenía potencial: había rocas madre del Eoceno con querógeno tipo II y III (la “materia prima” del petróleo), existían trampas estructurales, y la historia sedimentaria parecía prometedora.
Los números entusiasmaron a los tomadores de decisión: estimaciones muy optimistas, nunca probadas en campo, sugerían reservas de hasta 400 millones de barriles en ciertas áreas del Caribe.
Pero la realidad fue menos amable. Todos los pozos resultaron secos o con hidrocarburos en proporciones no comerciales.
La guerra civil de 1979 cortó abruptamente las operaciones. Hasta entonces, decenas de compañías, cientos de miles de hectáreas, y miles de barriles teóricos después, Nicaragua seguía sin un solo pozo de petróleo en producción.
“Nunca hubo una perforación que pasara de los indicios a la producción real. Es como si la naturaleza nos recordara que la frontera entre el ‘potencial geológico’ y el negocio real es abismal”, sentencia el exfuncionario.

¿Petróleo en Managua?
El excandidato a alcalde de Managua y exconcejal liberal por Managua, Alfredo Gutiérrez, también recuerda que en los años 90 y en la década del 2000 se volvió a alborotar el tema cuando se publicó que habían encontrado un líquido parecido al petróleo en Villa El Carmen, municipio de Managua.
De nuevo se activó el optimismo y hasta la Alcaldía de Managua llegaron las solicitudes de permisos, registros de maquinarias y otros gastos fiscales a reportar en las nuevas actividades de exploración.
De nuevo corrieron los expertos a visitar la zona, a promover “el hallazgo”, a calcular los millones de barriles que podrían emanar de un pozo y las ganancias millonarias que dejarían al país.
“Recuerdo que, en efecto, como parte del plan de inversiones extranjeras, en el gobierno de don Enrique Bolaños se formaron comisiones para invitar a compañías exploradoras a invertir en la búsqueda de petróleo, pero nunca se avanzó más allá de los estudios iniciales”, dice.
Sin embargo, sí hubo empresas que se aventuraron a explorar e invirtieron cientos de millones de dólares en estudios durante años, para finalmente cerrar operaciones y concluir que el país no tiene yacimientos de petróleo.

Aquellos sueños de petróleo
En 2003 el gobierno de Bolaños, urgido de resultados, anunció la entrega de seis concesiones para exploración en el Caribe.
El entonces director del Instituto Nicaragüense de Energía, Octavio Salinas, declaró ante la prensa que “había más del 50 por ciento de posibilidades” de encontrar petróleo en cantidades comerciales.
Las compañías concesionarias MKJ Exploraciones Internacionales, Infinity Inc., Industria Oklahoma Nicaragua y Greathouse Trust 2000, pagaron 20,000 dólares por cada contrato y prometieron inversiones por hasta 20 millones cada una.
El Gobierno insistía en que las áreas concedidas no interferían con territorios en disputa con Colombia, pero la embajada colombiana manifestó sus reservas.
De fondo, el litigio por el archipiélago de San Andrés y los cayos del Caribe seguía abierto en la Corte de La Haya.
“La realidad es que nunca hubo sísmica nueva, ni pozos en los primeros años. Los inversores esperaban que el conflicto jurídico se resolviera solo, y mientras tanto sus oficinas en Managua tenían más abogados que geólogos”, relata el exfuncionario.
Bolaños dejó el poder en 2007 y las empresas que hicieron las exploraciones se fueron sin nada en las manos.

Señal en el Pacífico, otra vez
El año 2007, con Daniel Ortega ya en el poder, se reactivó el viejo tema: por primera vez en casi cuatro décadas se perforó un pozo en tierra firme, en San Rafael del Sur.
La empresa estadounidense Norwood, a través de Oklanicsa, reportó hallazgos de gas, condensado y crudo ligero en el pozo San Bartolo, perforado a casi 8,800 pies.
Un año después, el pozo Maderas Negras arrojó muestras con hidrocarburos a 6,400 pies de profundidad.
Los análisis en laboratorios de Houston confirmaron la presencia de petróleo, pero el siguiente paso, en las pruebas de producción, nunca se confirmó la existencia de volúmenes comerciales.
El régimen calificó el hallazgo como “extraordinario”, pero advirtió que solo una campaña extendida de pruebas podría despejar las dudas y apuntaron otorgar a PDVSA, en la Venezuela de Hugo Chávez, la concesión de exploración.
El precio internacional del crudo rebasaba los 130 dólares por barril y el contexto global presionaba al alza la factura petrolera nacional, que ese año superó los 1,000 millones de dólares. Hallar petróleo volvería rico al país, dijeron.
En la Asamblea, algunos diputados ya proyectaban una refinería y destacaban el fin de la pobreza en Nicaragua.
Sin embargo, el espejismo se disipó con rapidez. Nunca se supo qué respondió PDVSA y el régimen guardó silencio sepulcral.
Noble Energy y el Caribe
La llegada de Noble Energy al Caribe en 2013 representó el mayor esfuerzo de exploración técnica en la historia del país.
La compañía, de capital estadounidense, invirtió entre 225 y 265 millones de dólares en sísmica avanzada, procesamiento de datos y la perforación del pozo Paraíso I, a 3,174 metros de profundidad.
Los resultados fueron decepcionantes: se identificaron carbonatos terciarios de alta calidad, muestras de hidrocarburos, pero ninguna acumulación que justificara la explotación comercial.
Noble Energy cerró sus plataformas en 2016, tras más de 300 millones de dólares invertidos.
La compañía liquidó todas sus operaciones, rescindiendo los contratos en el Banco Isabel y Banco Tyra, dos bloques del Caribe Norte y Sur con más de 8,000 km² de extensión que requerían otros 300 millones de dólares de inversión.

Cuentas de la lechera
El Ministerio de Energía y Minas calculó que, de haber sido exitosa la exploración, el país habría producido 500 millones de barriles en 25 años, a razón de 55,000 barriles diarios.
Ello hubiera significado ingresos de 17,500 millones de dólares en un cuarto de siglo, con el potencial de modificar la economía nacional.
“Fue la última vez que una compañía de clase mundial apostó fuerte por Nicaragua. Desde entonces, el interés se fue apagando y se inclinó a otros modelos de negocios como el oro”, reconoce el exfuncionario.
En mayo de 2022 el régimen de Daniel Ortega recibió con despliegue mediático a una delegación iraní encabezada por su ministro de Petróleo, Javab Owji.
La propaganda oficial destacó, de nuevo, la posibilidad del sueño petrolero; se habló de “cooperación estratégica”, “transferencia tecnológica” y “apoyo a la seguridad energética”, pero el fondo era diplomático: no hubo nuevos estudios sísmicos ni campañas de perforación.
El ministro nicaragüense Salvador Mansell enfatizó la importancia de “garantizar acceso estable al petróleo”, destacando que eso ayudaría a suministrar “independencia energética al país”.
Al final los iraníes se fueron y de nuevo el tema volvió a perderse en el olvido, sin que nunca, jamás, se viera una sola gota de petróleo útil en Nicaragua.
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